Colectivo Burbuja – La OTAN y la Cumbre de Varsovia

Más o menos como segunda parte de este otro programa sobre la visita de Obama, la semana pasada participé en una emisión de Colectivo Burbuja sobre la Cumbre de Varsovia y la OTAN (le han puesto como fecha 14/05/16, pero que no os confunda). Finalmente no participó Nines Maestro, pero mis compañeros de grabación resultaron ser interlocutores de igual valía. Espero que otros disfruten el programa tanto como yo partipando en él.

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Sor Passo y sus hermanas

Me interesa plantear aquí una reflexión sobre Podemos, recuperando prácticamente todo lo que he escrito sobre este fenómeno político, pero no exactamente sobre las elecciones. Sobre los resultados electorales ya he planteado en otro sitio todo lo que, en rigor, me considero capaz de decir al respecto. También me interesa hablar de la cuestión generacional, pero yendo más allá del dato demoscópico, según el cual queda claro que Podemos es una formación “de jóvenes”. Esta reflexión va, de hecho, a la contra de esa evidencia demoscópica.

Advierto, antes de proseguir, que utilizo el nombre Podemos para hablar de una constelación político-organizativa que trasciende ya a la formación liderada por Pablo Iglesias, dado que también afecta a las fuerzas incorporadas a las confluencias y, después de esta campaña, a Izquierda Unida. Me permito la sinécdoque porque, en el fondo, lo que ha sucedido es que todos esos otros proyectos políticos que no son Podemos se han sometido al diagnóstico y a las directrices de Podemos. De hecho, existen incluso fuerzas políticas (sean o no partidos) que han adoptado ese rol subordinado sin formar parte de las candidaturas, o de las organizaciones que las sostienen.

En ese sentido específico es verdad que Podemos es un estado de ánimo: un atontamiento generalizado cuya primera consecuencia ha sido una desmovilización política brutal en todos aquellos ámbitos en los que no se trata de sostener una candidatura electoral sino de construir una ciudadanía activa, consciente, rebelde, solidaria, autónoma… precisamente todo aquello que le hace falta, gane o no las elecciones, a una candidatura electoral que se presenta como adalid de un cambio político profundo en beneficio de la mayoría desposeída y en contra de las élites mafiosas, políticamente autoritarias e incluso intelectualmente incompetentes que nos gobiernan.

Decía, volviendo a donde estaba, que esta reflexión va a la contra de la evidencia demoscópica. Va a la contra porque lo que voy a defender es que Podemos sólo expresa la brecha generacional porque intenta superarla, ya que si no fuera así dicha brecha no se haría explícita (no se hace explícita en el PSOE o en el PP, por ejemplo, y sin embargo están igualmente afectados por ella). Otra cosa es que Podemos esté consiguiendo superarla y de qué forma: de hecho, si desde el punto de vista de la brecha generacional Podemos es un fenómeno político “de jóvenes”, desde el punto de vista de la superación de dicha brecha Podemos es una cosa “de viejos”. Intentaré explicar por qué, pero necesito dar un pequeño rodeo.

Podemos tiene un sustrato teológico-político fascinante por la riqueza de sus matices (en otra ocasión me he referido al aura de santidad que rodea al proyecto). Podemos es una experiencia religiosa y, por tanto, en sentido etimológico estricto, un intento de reconstruir el vínculo entre tres edades del parlamentarismo borbónico (la que fue vencida en la Transición, la que se encontró la Transición hecha y no le pareció mal, y la que se ha visto privada de los beneficios de ese pacto social cuando ha entrado en crisis), quebrado por las derrotas políticas y las profundas transformaciones materiales experimentadas por nuestro país.

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Podemos es, si se me permite un símil sin demasiadas pretensiones, débilmente paleocristiano en sus círculos (los que subsisten) y firmemente católico romano en su máquina de guerra electoral, y ese desequilibrio repercute sobre la forma en que se articula el vínculo generacional. Como ya planteé en otra ocasión, la lectura que se hace de la Transición es un despropósito político, ya que no se presenta como el sofocamiento institucional de movimientos sociales de gran importancia sino como un pacto social justo, virtuoso, mancillado a posteriori por la mala praxis de unas élites políticas que han perdido el Norte. El PSOE juega aquí el papel de traidor, convertido en una suerte de Judas Iscariote, y por tanto se le aplican automáticamente categorías político-teológicas cristianas como la culpa, la expiación de los pecados, o la excomunión. El enganche con la tradición no se produce en un sentido crítico con potencia emancipatoria, sino que se asume irreflexivamente como una carga que hay que portar. Más católico que paleocristiano, más en la reacción que en la revuelta, resulta interesante que Podemos opere al mismo tiempo como un dispositivo de reinstitucionalización en un momento de crisis política y como encarnación de todos los males ante la cual las clases dominantes, nacional-católicas de cabo a rabo, pueden presentar la defensa del actual status quo como el último dique de contención frente al caos absoluto. Resulta interesante porque ambas funciones se refuerzan recíprocamente.

Un efecto colateral, igualmente relevante, de este mal vínculo con el pasado es la incapacidad para valorar críticamente los paralelismos notables entre lo que sucede hoy y lo que ocurrió en los 70. Por ejemplo, los “ayuntamientos del cambio” son muy similares a las alianzas PCE-PSOE constituidas después de las primeras elecciones municipales en 1979. Se repiten ahora, en peores condiciones, errores cometidos entonces, y al mismo tiempo se ignora prácticamente todo sobre aquella experiencia, hasta el punto de que, por ejemplo, en Madrid se ha rescatado con entusiasmo y se ha hecho alcaldesa a Manuela Carmena, siendo precisamente su marido, Eduardo Leira, alguien que jugó un más que dudoso papel en relación con la constitución de la alianza PCE-PSOE en Madrid, y en concreto con la posición institucional ante la Coordinadora de Barrios en Remodelación y el Colectivo de Barrios por la Vivienda. Una parte relevante de esta historia, y espero que se me disculpe el inciso sobre un caso tan particular, está contada por uno de sus protagonistas, Eduardo Hernández, en el capítulo que dedica a esta cuestión en el libro de la editorial Cisma Cuando el pueblo se organiza: experiencias de lucha en la construcción de Poder Popular. Desgraciadamente ese relato no cuenta todos los detalles que uno puede oír cuando tiene la oportunidad de charlar tranquilamente sobre esta experiencia con quienes la vivieron, aunque también es cierto que en una presentación del libro, grabada en vídeo, consta algún dato más. Hay dentro de este largo ciclo de lucha popular un episodio concreto, relacionado con unas viviendas en Orcasitas, que afecta para mal no solamente a Leira sino también a Carmena (al menos eso tengo entendido, aunque tampoco es esencial), y de éste por desgracia no cuento con más referencia que el relato oral de quienes lo vivieron.

En cualquier caso, la prueba más obvia de que Podemos opera discursivamente como un fenómeno político “de viejos” es su énfasis en que estamos (o estábamos) ante una oportunidad histórica, única e irrepetible para tomar el poder. El principio oportunista ha sido la clave articuladora de esas tres edades políticas a las que me refería antes, pero es un principio totalmente contradictorio con la imagen de Podemos como un fenómeno político “de jóvenes”. Esta oportunidad, mejor o peor, no es la única ni la última para los jóvenes, pero sí para los viejos militantes derrotados en la Transición o hastiados por la apisonadora del “Régimen del 78”, que tienen razones de peso para pensar que esta crisis política que atravesamos será la última que vean. Seguirles en esa deriva es doblemente engañoso: por un lado, porque parece que se restablece el vínculo generacional cuando simplemente se pone un parche; por otro, porque lo que parece un gesto generoso con quienes nos ceden el testigo de la lucha en realidad implica dilapidar su legado de la forma más estúpida. A ellos no les va a satisfacer el resultado, pero ese fracaso tampoco les supone nada especialmente grave a quienes están de salida; por otra parte, sin embargo, sí supondrá una pesada carga para quienes todavía tenemos por delante al menos 40 años de vida y resistencia.

La cálida recepción de esta lectura de la coyuntura política por parte de otros partidos (especialmente IU y PCE) demuestra que, en el fondo, todas estas organizaciones están igualmente distraídas en lo electoral y que, de todas ellas, Podemos es la que hoy día cumple mejor esa función, para bien y (sobre todo) para mal. Desde luego que la actual situación de emergencia social favorece y explica en gran medida la buena acogida que ha tenido el oportunismo podemita, pero precisamente por eso es todavía más grave la atención desorbitada que se ha estado prestando a lo electoral: nada, ni siquiera el peso económico de España en comparación con el de Grecia, garantiza que un Gobierno que se presente a sí mismo como “progresista”, “del cambio”, “socialdemócrata”, “transformador” o “patriota” vaya a tener capacidad, si no es en sintonía con una resistencia popular organizada de forma autónoma, para oponer resistencia a los dictados de Bruselas. Con o sin victoria electoral, sólo será posible hacer frente a los recortes si se fraguan tramas sociales autónomas de resistencia y solidaridad.

Dicho de la forma más clara posible, el surgimiento de Podemos es el último flaco favor que el PCE derrotado en la Transición y convertido, a pesar de las resistencias internas, en instrumento de las clases dominantes ha hecho a la causa de la emancipación en España, y ahora le toca asumir su destino y desaparecer. Prácticamente todo Podemos está políticamente formado en (y/o contra) IU y el PCE, y nada hay más peligroso que reproducir inconscientemente aquello frente a lo cual te posicionas. El salto, en términos de evolución de la representación parlamentaria de la “izquierda”, del PCE e IU a Podemos, de la reivindicación huera de los símbolos a la asunción explícita del anticomunismo, no es más que una sana transición de la melancolía a la neurosis, y de hecho una parte importante del discurso de Podemos contra la “vieja izquierda” tiene que ver con la tramitación pública del duelo de la derrota. Ahora bien, melancolía y neurosis son igualmente patológicas, de modo que nada tiene de positivo pasar de una a otra si no es como parte de un proceso autocrítico ininterrumpido. Podemos, sin embargo, está quedándose atrapado en sus neurosis constitutivas, y por eso es especialmente llamativo que, últimamente, a quienes critican la apuesta podemita se les acuse de “identitarios”: el gran problema con su identidad lo tienen ellos, empeñados en ser iguales a sí mismos cuando son clavaditos a sus padres.

Volviendo, ahora sí, a las elecciones, la causa profunda de la pérdida de apoyos es, sin duda, que el único principio orgánico que vinculaba a votantes tan heterogéneos era el de la oportunidad. Un vínculo muy débil que se ha roto en cuanto ha comenzado a tomar cuerpo la impresión de que la oportunidad estaba ya perdida, reforzando con ello que se haya perdido efectivamente. Es lo que tiene fiarlo todo a la ductilidad del sentido.

[*] NOTA: Este texto ha sido originalmente publicado en Disparamag.

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Colectivo Burbuja – Visita de Obama

Hace un par de días participé en uno de los programas de radio que graban los compañeros de Colectivo Burbuja. Nines Maestro y yo comentamos la inminente visita de Barack Obama a España. El enlace a la grabación está aquí.

Dentro de unos días volveremos a repetir fórmula para tratar los contenidos de la cumbre de la OTAN en Varsovia.

Aprovecho, además, esta entrada para añadir el enlace a una grabación anterior, del mes de Abril, sobre la diferencia (o la relación) entre liberalismo y neoliberalismo, que compartí en Twitter pero que no reproduje aquí en el blog.

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La Linterna de Diógenes – Las relaciones sociales de producción capitalistas

A raíz de la pequeña entrevista de radio que me hicieron con ocasión del Taller de Crítica a la Economía en Gamonal (del cual hablé aquí), recientemente he tenido el honor de participar en el programa La Linterna de Diógenes, para hablar de nuevo de cuestiones relacionadas con la crítica de la economía política de Marx. Dejo aquí el enlace, y os animo a seguir las grabaciones de este programa y, concretamente, las que van a ir saliendo sobre cuestiones relacionadas con la economía.

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Notas sobre los resultados electorales

Llevo dándole vueltas, solo y acompañado, a los resultados electorales desde ayer por la noche. Estas son algunas notas, escritas a modo de apuntes, sobre lo que ha sucedido, y recojo contribuciones de algunos de mis interlocutores. Escribo sin ninguna pretensión, porque además no soy especialmente bueno en estas cosas, y estoy abierto a discutir mis apreciaciones con quien quiera plantear objeciones:

1) Unidos Podemos es una coalición que recoge votos de muchos sitios, y por tanto el millón de votantes que se ha perdido no salen de un solo caladero, sino de varios. Una primera intuición, que tendrán que confirmar los estudios post-electorales (vía encuestas o grupos de discusión), es que los votantes de IU que han rechazado la coalición son muy minoritarios. Al contrario, los que se han descolgado son votantes de Podemos, que tiene un electorado menos ideologizado, y por tanto menos fiel; es un electorado que sale y vuelve a la abstención fundamentalmente, y no al PSOE, y que se puede subdividir en dos tipos: uno, votantes de clase media empobrecida y baja, poco ideologizados y que confían poco en la capacidad de las instituciones para resolver sus problemas (es lo que contribuiría a explicar, por ejemplo, la evolución del mapa político por distritos en la ciudad de Madrid –elecciones municipales, y generales 2015 y 2016-); otro, votantes de clase media consolidada que apoyaron a Podemos como forma de voto de castigo pero que no están dispuestos a apoyar el sorpasso ni a aceptar a Pablo Iglesias como Presidente del Gobierno. La mayor parte de ellos han vuelto a la abstención y no han ido al PSOE, vistos los resultados en votos.

2) Unidos Podemos ha perdido votos en todas las circunscripciones en las que se le presuponía cierta fuerza y capacidad incluso para mejorar el resultado. Ha sucedido en Valencia, en Cataluña, en Galicia, y significativamente en Madrid. Que no hayan perdido escaños no significa que no haya habido fugas de votos que, aunque pequeñas, forman parte de ese millón de votates que hay que sumar. Lo que no es metodológicamente serio es saltar de votos a escaños y viceversa: si hay que saber dónde se han perdido votos, Valencia y Cataluña hacen su aportación igual que Galicia y Madrid.

3) Las encuestas. Nos las hemos creído todos y no deberíamos haberlo hecho, porque los mismos estudios demoscópicos que aseguraban a Unidos Podemos el segundo puesto también afirmaban que, de los votantes de Podemos, IU y confluencias, más de un 20% podría quedarse en casa y, lo que es más significativo, más de un 30% no tenía nada claro repetir opción electoral. El caso de Metroscopia, es especialmente relevante, dado el prestigio que se le atribuye y el diario que publica sus sondeos, porque proporcionaba estos datos de movilización aunque éstos no eran en absoluto coherentes con el resultado que Metroscopia ofrecía después de la cocina, asumiendo una participación (68%) algo inferior a la que finalmente se ha dado (69,84%); basta con echar mano de la calculadora:

Podemos + Confluencias + IU obtuvieron por separado en 2015 6.112.438 votos. Ahora tienen 5.049.734 votos. La diferencia, 1.063.304 votos, supone 17.4% del total obtenido en 2015, es decir, significativamente menos que el más de 20% de votantes que, según Metroscopia, podía quedarse en casa, y muchísimo menos que el más de 30% de votantes que podría haber cambiado su voto.

El motivo por el que las encuestas inflaron a Unidos Podemos parece claro: ahuyentar a esos votantes que habían apoyado a Podemos en Diciembre sólo de mentirijilla. El motivo por el que los encargados de campaña de Unidos Podemos asumieron estos resultados también: entre sus méritos está el de tener un análisis electoral finísimo, así que asumo que prefirieron aprovechar unas encuestas tan generosas como palanca discursiva en favor de la remontada que hacer reiteradas llamadas a la prudencia. Sea como fuere, el caso es que a la vista de cómo empezaban en Mayo no les ha ido tan mal.

4) A priori, los errejonistas (a Íñigo Errejón le presupongo una visión más aguda) podrán presentar estos resultados como una prueba a su favor: la suma Podemos + IU ha sido una resta. Pero esta lectura se basa en un trampantojo. Insisto en que, desde mi punto de vista, son votantes cogidos con pinzas, esos que dependen de la apuesta por la transversalidad y el desborde, los que se han descolgado cuando la hipótesis de la transversalidad ha conseguido contar con el apoyo masivo de una izquierda que ha renunciado a todo lo que, según el planteamiento de Errejón, podía fallar. Da la impresión, más bien, de que IU y Podemos habrían perdido, por separado, mucho más de lo que han conseguido amortiguar al concurrir juntos. En ese sentido, pablistas, errejonistas y garzonianos pueden apuntarse un tanto: en un contexto extraordinariamente adverso han mantenido posiciones.

5) Antes de las elecciones de Diciembre empezó a fraguarse una operación mediática para preparar el terreno para las negociaciones electorales. Se apuntaba a la necesidad de ceder, de transigir, de negociar… y se cargaba la artillería para acusar a Podemos de intransigencia. Tuve ocasión de oír a Pablo Bustinduy reconocer, con franqueza e inteligencia, que Podemos se debatía entre la exigencia (añado yo que creada) de transigir y la exigencia (objetiva) de inflexibilidad por parte de sus votantes. Esa presión se va a redoblar, pero Unidos Podemos necesita mantenerse firme en la intransigencia, reivindicada como una cuestión de principios: nada hay que negociar con quien no asume, como mínimo, el fin de las políticas de austeridad.

Desde que Podemos concurrió a las elecciones europeas vengo insistiendo en la necesidad de abandonar los cortoplacismos y en la necesidad de reducir drásticamente la importancia atribuida a lo institucional, que priva de oxígeno la llama de la agitación popular sin la cual no hay transformación profunda posible. Sigo sin confiar excesivamente en la capacidad de quienes guían Podemos para hacerse cargo de esto y obrar en consecuencia, pero tal vez tampoco sea necesario: en última instancia cualquier representante parlamentario es tan intransigente y firme como lo sean los votantes de los cuales dependen su reelección y su sueldo. En eso lo mismo nos da el PSOE (al menos una parte de él) que Unidos Podemos.

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I Taller de Crítica a la Economía en Gamonal

Después de unas cuantas semanas de silencio, dejo esta breve entrada para dejar avisado que este fin de semana participaré, junto con Marcos Reguera y Jacobo Ferrer, en la primera sesión del I Taller de Crítica a la Economía organizado por la editorial Lecturas de Zamarraco (aquí el programa). Para abrir boca antes del taller, me hicieron una pequeña entrevista en Radio Ondaexpansiva, que se puede escuchar aquí.

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Nuevo texto

Añado a la sección de textos, por aquello de socializar un trabajo que puede ser de interés, las notas de mi exposición del texto de Louis Althusser, “Ideología y Aparatos Ideológicos del Estado”. La presentación tiene en cuenta el manuscrito Sobre la reproducción, que ha sido por fin publicado en castellano por Akal.

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