El sistema no es reformable, y Podemos tampoco

Este es el texto de mi intervención en el acto organizado por el Círculo de Podemos de Arganzuela el pasado 2 de Agosto de 2014, y en el que también participó José Errejón. A nuestras dos intervenciones siguió una hora de debate en el que intervinieron unas 20 personas; una gran cantidad de ellas plantearon cuestiones y críticas relacionadas tanto con lo que aquí sigue como con mi anterior artículo sobre Podemos [1]. No pude responder como hubiera querido a esas intervenciones, así que me permito añadir al final unas breves notas en las que intento recoger el guante y aclarar ciertos matices que no siempre expreso tan bien como sería deseable. Algunas notas, que tampoco figuraban en la primera versión, también están escritas en diálogo con esas observaciones.

***

En primer lugar, me gustaría agradeceros enormemente la invitación. Es para mí un placer tener la oportunidad de participar en este debate con vosotros y un honor que se me ofrezca la posibilidad de contribuir a delimitar las coordenadas de la discusión. Dicho eso, he de reconocer de entrada, y porque se me ha sugerido la posibilidad de que haga una intervención propositiva, lo problemático que es estar hoy aquí, participando en uno de esos “grupos de discusión” a los que llamamos círculos. Esa es una contradicción que resolver, y mi idea es hacerlo planteando una intervención, unas contribuciones, que sean útiles para vosotros, que me habéis invitado, pero que no sean digeribles por la organización. Por eso mismo creo que tengo que plantearos cuál es mi posición con toda franqueza antes de decir nada más: el sistema no es reformable y el “fenómeno Podemos” tampoco. No digo que sea imposible que quienes han visto en Podemos una oportunidad valiosa consigan aunar fuerzas y subvertir la situación actual, sino que esa subversión no puede realizarse sin pagar un alto coste electoral y de visibilidad mediática. Por tanto, diría que lo que yo puedo aportar a la discusión es una crítica re-constructiva.

Una segunda advertencia inicial es que, aunque también se me había propuesto que abordara el problema del análisis de clase, yo he decidido omitir en su mayoría las referencias explícitas a esta cuestión, porque para discutir con seriedad en qué consiste un análisis marxista y cuál es su utilidad, hace falta aclarar primero cuál es el lugar político de la teoría y del análisis. Ese asunto, que reconozco que no suena atractivo, va a estar en el centro de mi intervención. Podemos es un proyecto impulsado por intelectuales y que está teniendo especial éxito, como apuntó Íñigo Errejón [2], entre los votantes “considerablemente educados”. En ese sentido, que yo sitúe la discusión en ese plano tampoco está fuera de lugar ni para ellos ni para mí, que me dedico a “la lucha de clases en la teoría”.

Tal y como yo lo veo, Podemos nace lastrado por una cierta falta de rigor teórico que es causa y al mismo tiempo resultado de lo que me parece una grave irresponsabilidad en lo práctico. Falta rigor porque el proyecto Podemos está basado en la confusión, sea intencional o involuntaria, de lo analítico con lo estratégico. Hay, por otra parte, irresponsabilidad porque nadie parece haberse parado ni siquiera un segundo a pensar qué puede suceder si este despliegue de audacia termina siendo, por la razón que sea, un estrepitoso fracaso.

Mi intervención se va a centrar en desarrollar con cierto detalle este par de ideas.

Podríamos convenir que los desacuerdos en el seno de “la izquierda” tienen dos causas: o bien son analíticos o bien son estratégicos [3]. Cuando tienen un origen analítico, nuestros desacuerdos son objetivamente fáciles de resolver, puesto que basta con ser rigurosos. Cuando, por contra, tienen un origen estratégico, es mucho más difícil llegar a un acuerdo, porque entramos en esa parte de la política que más tiene de “arte”.

En principio parece muy sencillo llegar a un acuerdo de mínimos en el plano analítico y esperar que un diagnóstico común facilitará que encontremos estrategias comunes, ya que es incuestionable que de un mal diagnóstico no puede surgir una buena estrategia. El problema es, por otra parte, que un buen diagnóstico tampoco garantiza que la estrategia sea buena, y por eso los debates estratégicos nos ubican en un terreno necesariamente resbaladizo pero que es en último término ineludible. En cualquier caso, de lo dicho no puede derivarse que el análisis esté blindado por la neutralidad y la estrategia esté contaminada por la toma de partido: el posicionamiento político determina evidentemente el análisis, pero tomar partido no significa hacer concesiones en detrimento del rigor teórico.

Si aplicamos estas ideas básicas a Podemos, vamos a descubrir inmediatamente que en el planteamiento de sus promotores análisis y estrategia no están correctamente identificados, discutidos, ni delimitados. Hay una fascinación con la estrategia que distorsiona el análisis y, en consecuencia, también impide tratar la parte “artística” de la política de forma adecuada. Dicho de otra manera, Podemos comparte con el resto de la izquierda española, institucionalizada o no, un déficit crónico de análisis, de trabajo teórico, de intelectualidad orgánica.

Hay una anécdota que vale la pena traer a colación, porque ilustra muy bien lo que quiero señalar:

Recién celebradas las elecciones europeas leí en Facebook unas líneas escritas por alguien personal y políticamente muy cercano a los promotores de Podemos. Esa persona, que hasta apenas unos días antes de las elecciones no daba (en público) un duro por Podemos, escribió el día 26 de Mayo: “Lo que es absurdo es pensar que [Podemos] es un folio en blanco y un proceso en disputa: anoche se zanjaron todos los debates teóricos de calado y se demostró que el discurso funciona y las formas también (y lo dice uno que no lo compraba hasta hace un par de semanas)”. Tal vez compartáis conmigo que lo que acabo de citar es un disparate. Tal vez esta postura no sea representativa de lo que sucede entre los miembros de los círculos de Podemos. Pero me temo que se trata de un retrato nítido de la postura adoptada de facto por sus promotores, por mucho que pueda haber honrosas excepciones individuales.

Esa cita muestra que el fenómeno Podemos delimita de facto un campo de intervención política cuya forma y cuyos límites no pueden ser discutidos. A la luz de los resultados de Podemos es urgente discutir seriamente la pertinencia de recurrir a la televisión; o sobre el papel político de los sentimientos; o si es inevitable pasar, tarde o temprano, por la ordalía electoral; o si debemos camuflar nuestros posicionamientos ideológicos para evitar el rechazo que provocan los tabúes vigentes [4]. Son discusiones estratégicas pertinentes, por no decir fundamentales, pero Podemos las da por cerradas y verdaderamente las cierra al convertir determinadas opciones estratégicas en falsos elementos de análisis. Esto quiere decir que no es el análisis el que sustenta la estrategia sino la estrategia la que predetermina lo que se puede y no se puede decir en el análisis. Así, no estamos ante un análisis que toma partido, sino ante un análisis que realiza constantes concesiones (y distorsiones de la realidad y de la teoría) para legitimar una estrategia definida acríticamente, en términos meramente técnicos.

Una vez constatado ese defecto, y por mucho que yo considere que los promotores de Podemos (al menos algunos de ellos) son científicos sociales extremadamente competentes, no tengo más remedio que concluir que en este caso concreto muestran una preocupante falta de solidez intelectual y que eso tiene consecuencias políticas potencialmente desastrosas. Si no tuviéramos más evidencias que las que proporciona el propio proyecto de Podemos, diríamos que sus promotores no tienen un conocimiento sólido de las contribuciones teóricas fundamentales sin las cuales es imposible pensar el presente (me refiero sobre todo a las de Karl Marx y Max Weber), que retuercen los planteamientos de Gramsci hasta hacerlos irreconocibles, que ignoran completamente las más fundamentales observaciones teóricas acerca del origen y la naturaleza del fascismo, que distorsionan la realidad latinoamericana según su conveniencia, que obvian la historia política y constitucional de España, etc. Y todos esos defectos son consecuencia, al menos, de una comprensión muy pobre de lo que es ser audaces en política.

Abordemos tres ejemplos concretos en los que la estrategia está evidentemente determinando el análisis (o, dicho en otros términos, en los que el medio está determinando el mensaje):

(I) Los medios de comunicación de masas. Los promotores de Podemos defienden con total convencimiento que es necesario emplear los medios de comunicación de masas como palanca de movilización del electorado en una determinada dirección. Sin embargo, ese posicionamiento cierra automáticamente el debate, que tiene que darse previamente, acerca de los condicionantes ideológicos implícitos en las forma, el ritmo, el lenguaje… propios de la televisión convencional. Y de hecho los promotores de Podemos asumen como dados e incuestionables esos condicionantes, y lo hacen no solamente en los canales convencionales (Cuatro, La Sexta…) donde el presentador corta inmediatamente a aquél que quiera dar una explicación compleja y no un mitin, sino también en sus propios programas televisivos, donde igualmente mantienen, innecesariamente, hábitos, métodos y formas que contribuyen a la “tertulianización” (y consiguiente banalización) del debate político. Esta cuestión es todavía más sangrante si se tiene en cuenta que estamos hablando de científicos sociales, puesto que solamente la bibliografía de Pierre Bourdieu sobre medios de comunicación [5] debería ser más que suficiente para pensar críticamente el problema de la comunicación política.

(II) La actitud frente a la historia contemporánea de España. Si la precaución que muestran los promotores de Podemos a la hora de tratar ante las grandes audiencias la Guerra Civil, los cuarenta años de franquismo y la Transición, fuera sólo resultado de una cierta prudencia política, todavía podría abrirse una discusión sobre la pertinencia estratégica de basar el discurso político en la reivindicación perpetua, tal vez inútilmente nostálgica, del legado que nos deja la II República, pero no es el caso.

El “régimen del 78” es la etiqueta que sirve, en el discurso, para presentar el orden político vigente no como la continuación del “régimen del 18 de Julio”, sino más bien como el producto de la degradación las virtudes de la Transición por obra del paso del tiempo y de la “traición” socialista. Estamos ante un tipo de omisión histórica que, aparentemente justificada por motivos estratégicos, de hecho ignora, entre otras cosas, que 40 años de franquismo no nos vacunan frente al fascismo, sino todo lo contrario. Y esa omisión puede tener efectos prácticos de gran envergadura, a pesar de los réditos electorales que proporcione en el corto plazo. Se trata de una incomprensible concesión al “sentido común” basada, como sugería hace un segundo, en una dudosa lectura de Gramsci.

Esa misma falta de perspectiva histórica sirve para obviar la relación específica que existe en España entre movimientos sociales e instituciones. Podemos obvia que, dada la propia génesis y desarrollo de nuestras instituciones políticas, éstas funcionan de forma casi inevitable como tapones para los movimientos sociales allí donde se producen tentativas de fusión. Ese es probablemente además el principal motivo por el que en España el anarquismo tiene una potencia y naturaleza sin parangón en ningún otro país europeo, y también por el que el comunismo español es particularmente torpe a la hora de desmarcarse del liberalismo (y de ahí salen ciertas formas incomprensibles de trotskismo) y de los métodos de la Restauración (donde tenemos las prácticas de aparato que el PCE desarrolló durante la Transición).

Teniendo eso en mente resulta de una irresponsabilidad política escalofriante la recuperación directa del término “casta política”, que en España había sido hasta ahora patrimonio de un tipo de derecha muy particular, y muy peligrosa, dentro del PP y su entorno intelectual y mediático (Esperanza Aguirre, Percival Manglano, Gabriel Albiac, Jiménez Losantos y la plana mayor de Libertad Digital) [6]. Quiero decir con esto que Podemos corre el riesgo de estar alimentando a un monstruo, el fascismo español latente, que está precariamente embridado.

(III) La vía electoral. Si uno dice “la vía electoral es la única vía posible de toma del poder”, está automáticamente cerrando la discusión, fundamental y de carácter analítico, sobre cómo el electorado por sí mismo no es un vector de poder constituyente sino un órgano del poder constituido. Y frente a esa tesis difícilmente caben discusiones, porque no hay otra forma de explicar cómo es posible instaurar el sufragio universal sin que automáticamente se produzca una transformación del orden social; o, mejor dicho, cómo es posible que no se produzca una transformación del orden social antes de la instauración del sufragio universal. Sólo una vez que ese análisis se ha realizado se puede evaluar y discutir adecuadamente la relevancia estratégica real de la vía electoral, considerando además las peculiaridades institucionales españolas que he mencionado hace nada.

Al hilo de este asunto me gustaría plantear una curiosa realidad lingüística del castellano, que es la clarísima diferenciación semántica entre ganar y vencer. Creo que no es ninguna tontería apuntar que en castellano las elecciones se ganan y las guerras se vencen, porque en la diferencia entre ambos términos se halla también la diferencia entre dos formas de enfrentamiento absolutamente distintas, y, por cierto, también entre dos maneras de comprender cuál es el papel que debemos asignar a la lucha de clases como factor de transformación política revolucionaria.

Cuando Pablo Iglesias dice que Podemos sale “a ganar”, está circunscribiendo la contestación política al espacio electoral y además está “emocionando” a los votantes de Podemos con una retórica que no es la de lo político, sino la de lo lúdico-deportivo, y que por tanto parte de una inexplicable aceptación de las reglas del juego. La actitud de Podemos implica una movilización de votantes que depende de la probabilística del cálculo electoral y no de la definición de una posición política. En ese sentido, convendría preguntarse cuántos votantes del PSOE, del PP y de otras opciones “mayoritarias” no eligen su opción electoral guiados por convicciones políticas claras sino simplemente buscando la apuesta segura y el placer fácil que proporciona una victoria casi garantizada de antemano. Estaríamos ante un serio problema de ludopatía electoral que tal vez contribuiría a explicar su contraparte: la apatía de quienes se abstienen sistemáticamente.

Pero es que, por otra parte, la recuperación del término “vencer” es absolutamente contradictoria con los fines de Podemos. En primer lugar, porque la idea de “victoria” implica un tipo de enfrentamiento incompatible de entrada con un respeto formal a los pilares del orden vigente. En segundo lugar, porque todo hijo de vecino ya sabe que las elecciones se pueden ganar pero no sirven para vencer. En tercer lugar, porque las resonancias bélicas del término son incompatibles con el intento de obviar en la medida de lo posible el lapso de tiempo 1936-1978. Por último (y no menos importante) porque, cuando el objetivo es vencer y no ganar, automáticamente emerge una serie de problemas (la vinculación a la OTAN, la dependencia político-económica de la Eurozona, los insostenibles hábitos cotidianos de vida y consumo, etc.) que tienen, es obligado decirlo, muy difícil solución, y que sin embargo deben ser resueltos para poner el programa de Podemos en práctica.

Dados estos problemas de partida, no tiene sentido pedirle a Podemos que analice y tome en consideración la estructura socio-económica de este país. No tiene sentido que nos extrañemos si Podemos no se pregunta cómo se expresa en España el conflicto entre capital y trabajo. No tiene sentido que le exijamos a Podemos mayor atención al plano sindical, porque de hecho las estrategias de Podemos difícilmente funcionarían en las elecciones sindicales: nuestra negociación colectiva es todavía más deudora del fascismo español que nuestro sistema político, y la falta de homogeneidad entre trabajadores no se suple con “ilusión” y duelos verbales con Paco Marhuenda.

La izquierda española en general no es capaz de dar una respuesta certera a las cuestiones que acabo de enumerar porque ni siquiera se dan en su seno las condiciones para poder formular las preguntas pertinentes. En el caso de Podemos esas condiciones tampoco se dan porque de partida aunar esfuerzos con los promotores de Podemos significa aceptar que “han quedado zanjados todos los debates teóricos de calado y se ha demostrado que el discurso funciona y las formas también”. Que Podemos funciona significa que tiene posibilidades de ganar, pero no que pueda vencer.

He dicho en un par de ocasiones que Podemos está mostrando una irresponsabilidad política escalofriante, y esa es una observación que vale la pena recuperar para recapitular de alguna manera y sintetizar las razones de mi profundo pesimismo. El franquismo y su prolongación setentayochista han tenido efectos devastadores sobre la cultura política española y el 15M, con todas sus potencialidades, no puede tomarse como una prueba de que nos hemos recuperado de ese trauma por ciencia infusa, sino más bien como señal de que hay posibilidades de acción política (no electoral) que hasta ahora eran simplemente impensables.

No se trata de dudar que los procesos electorales puedan constituir ventanas de oportunidad que alimenten la movilización social (ese es el punto esencial que defiende Íñigo Errejón haciendo una lectura cuestionable, al menos en su extrapolación a España, del proceso ecuatoriano). Ni siquiera se trata de negar radicalmente que eso pueda suceder jamás en España. Se trata simplemente de plantear que todavía estamos muy lejos del momento en el que esa estrategia pueda siquiera ser discutida razonablemente. Con más razón estamos lejos, por tanto, de esa coyuntura histórica en que sea pertinente ponerla en práctica con éxito (y aquí éxito significa vencer, no simplemente ganar).

La irrupción de Podemos ha acelerado (todavía más) el proceso de degeneración y regeneración política en España, y ha espoleado innecesariamente las iniciativas de renovación de las instituciones. De hecho, los autores del pre-borrador de la ponencia política han hecho gala en el texto de una sorprendente desfachatez al apuntar que la crisis política puede cerrarse mucho antes que la económica, ya que esa posibilidad gana peso gracias, entre otras cosas, al espejismo de las primarias abiertas (es decir, cocinadas) que Podemos ha contribuido a generar.

Los obstáculos a los que Podemos va a hacer frente a escala municipal, autonómica y estatal son demasiados y demasiado importantes como para pretender diluirlos con dosis descontroladas de ilusión, porque en el momento en que se produzca el fracaso mas mínimo la euforia será contrarrestada por un desconsuelo proporcionalmente intenso que no dejará tras de sí ni siquiera una elaboración ideológica sólida, sino un ataque indeterminado contra “la casta”. En el estado actual de cosas es previsible, por desgracia, la degeneración progresiva de las actuales demandas, genéricas pero radicales, de democracia, que al final quedarán reducidas a la creación de mecanismos banales de participación telemática. Se contará, por supuesto, con el inestimable apoyo de las grandes corporaciones mediáticas, que juegan un papel esencial en la forja de líderes carismáticos que son buenos comunicadores, pero no necesariamente comunican buenas ideas.

Estoy de acuerdo con los promotores de Podemos en que es ahora o nunca, pero no porque esta sea una coyuntura irrepetible sino porque no estamos en condiciones de permitirnos nuevos errores. Sé que es cruel pedir paciencia y análisis cuando nos azotan las urgencias del presente, pero es perentorio desterrar el prejuicio según el cual la teoría no es una forma específica de praxis. Esa es una idea extraordinariamente importante en nuestra situación actual, porque cada paso en falso suma cuarenta años más de travesía en el desierto, y nosotros llevamos por lo menos ochenta años entre dunas.

Decía al inicio que Podemos no es reformable y el sistema tampoco. Podemos no es reformable porque su importancia actual no reside ni en una radical democratización ni en un salto adelante en el campo de la argumentación política, sino en un súbito éxito electoral y en una sospechosamente alta visibilidad mediática que es necesario analizar con detenimiento. ¿Es capaz Podemos de hacer frente a sus tabúes y resolver los problemas aquí planteados sin perder pujanza electoral, visibilidad mediática, y por tanto gran parte de su fuelle? Yo lo dudo mucho.

Pensar cuesta trabajo, y por desgracia sigue siendo una actividad terriblemente impopular, pero es lo que hace falta. Mafalda diría que tenemos que bajarnos del mundo, y Walter Benjamin que hay que tirar del freno de mano de la Historia para declarar un estado de excepción real que interrumpa el estado de excepción permanente en el que vivimos. Esa es mi única propuesta, pero de momento Podemos le está echando carbón a la locomotora.

***

Tomando en consideración el debate surgido a raíz de mi intervención, es conveniente matizar que, si Podemos no fuera algo más que sus promotores y una masa indeterminada de votantes, no tendría para mí ningún sentido escribir sobre sus defectos. Lo que me interesa en Podemos son sus círculos, porque sólo ellos pueden poner fin a la situación subsidiaria en que se encuentran actualmente dentro de la organización y a la que parecen condenados, por pocas posibilidades que me parezca que tengan a este respecto. El problema de Podemos en su configuración actual es que los círculos son mecanismos de succión y capitalización de las habilidades, los esfuerzos, las ideas, de sus miembros, y que no existen mecanismos para controlar en qué grado ni con qué fines funciona ese mecanismo. A cambio de esa contribución desinteresada, los miembros de los círculos han recibido solamente, en el mejor de los casos, la excusa que necesitaban para ponerse manos a la obra: una contribución importante cuyo valor real disminuye debido al efecto negativo de las múltiples distorsiones que acompañan al proyecto de Podemos.

 A quienes han elegido, y puedo entender perfectamente sus razones, remar a contracorriente dentro de Podemos, les deseo ánimo y suerte, y ojalá que los textos que he escrito les sean de utilidad para realizar sus propios diagnósticos. La batalla que quieren librar me recuerda a otras de menor escala en las que yo he estado enzarzado: supusieron un enorme desgaste y no coseché el menor éxito. Espero que ellos sean más competentes y tenaces que yo. Desde la distancia me atrevo a sugerirles que se estudien muy despacio los pre-borradores que aspiran a delimitar la discusión en la Asamblea Ciudadana, especialmente el organizativo, y que no se dejen llevar por las prisas durante la preparación de la Asamblea ni durante la celebración de la misma: es su oportunidad, tal vez la única, de refundar Podemos y no sólo intentar reformarlo. Les sugiero también que apliquen cotidianamente la máxima básica que guió mi intervención en el debate del otro día: no hay nada en Podemos que esté cerrado, todos los debates de calado están abiertos, hay algo más que el discurso y la forma.

Notas:

[1] Los tabúes de Podemos, por Miguel León.

[2] ¿Qué es Podemos?, por Íñigo Errejón.

[3] Como bien se apuntó en una de las intervenciones durante el debate, el término “estratégico” es confuso, puesto que podría entenderse que los promotores de Podemos realizan acciones estratégicas cuando es evidente que sus movimientos son tácticos. Sin embargo, utilizo la contraposición analítico/estratégico para no caer en el tópico teoría/praxis, ya que la contraposición entre ambos términos me parece políticamente perjudicial. En el caso del binomio estrategia/táctica, también propondría una ruptura en favor de “lo operacional”.

[4] Es necesario aclarar, en relación con mi primer texto sobre Podemos, que mi denuncia de los tabúes va encaminada a reivindicar la necesidad urgente de emplear en el análisis y en el discurso determinados significados, y no tanto de hacer uso público de determinados significantes (al menos en un comienzo).

[5] Se puede encontrar la lista de referencias (en francés) aquí.

[6] Quiero pensar que los promotores de Podemos han identificado bien los movimientos discursivos de ese sector de la derecha española y que la recuperación del término casta sirve para hacerles frente en su terreno. Lo que me preocupa es que no hay forma de distinguir claramente las críticas a “la casta” de parte de Pablo Iglesias de las que escribe Gabriel Albiac (ver, por ejemplo, el reciente artículo de G. Albiac, “El síntoma Pujol”).

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27 respuestas a El sistema no es reformable, y Podemos tampoco

  1. No comparto tu pesimismo, Miguel.
    Hay más oportunidades; porque las genera el movimiento.
    La primera de ellas está en ser libres; libertad de los círculos. Si no existe -y creo que no existe-, se deseará. Y del deseo nacen actos.
    Habrá entonces un “Antipodemos”. Tesís, antítesis, síntesis.
    Los problemas que se enmascaran, no desaparecen: se enquistan.
    Creo que Podemos es la confluencia de varias -y prolongadas durante más de un lustro y medio ya- estrategias; que como la Trinidad de los Católicos de la Kabala, son en realidad una. CEPS.
    La confluencia artificiosa que se dará es totalitaria; vocada al dominio permanente de la sociedad.
    Nada nuevo; como ahora. Perdamos el miedo a lo desconocido. Podemos es más de lo mismo.
    Ahora, con coleta.
    La estrategia de dominio social del grupúsculo redentor, no es política; solo es electoral.
    Porque en las elecciones se encuentra el corazón del Poder. Quien permite el éxito electoral ES el poder real. Que apuesta por el entramado CEPS, del que es parte esencial Podemos.
    La estrategia es buena. Ahora vienen las municipales, y luego las generales.
    El Poder Real es Conservador; muy poco imaginativo.
    Si las cosas funcionan, ¿porque van a cambiarlas?
    Iglesias es el Suárez del 76′. Y la Hada que nos han Colau es el “compañero Isidoro”, el Felipe del Poder Financiero.
    Gatopardismo. Todo cambia para que todo siga igual
    Pero el cambio es movimiento, y el movimiento crea la realidad.
    No, no está todo atado y bien atado. Los nudos están flojos, por eso se quieren apretar, que ahora se llama regenerar.
    Nos quieren desorganizados y uno a uno. Solo así podrán dominarnos.
    Nuestra es, pues, la responsabilidad de relacionarnos con sus circulitos de “discretos conspiradores” como organizaciones y no cautivos y desarmados ante su cohesionado y reducido aparato en la sombra.
    Si no lo logramos, será que aún no nos lo hemos ganado.
    Habrá entonces más oportunidades. Cerrando antes las ventanas al nepotismo y enchufismo.
    Saludos a los Hermanos Errejón, a los Hermanos Garzón, a Pablete y su novia y al resto de amigotes.
    A Verstringetorix, no. Al pupilo del Zapatones lo recuerdo bien con sus cinchas fascistoides.
    Curioso que nos lo hayan querido imponer tanto desde el Frente Cívico, como desde Podemos.
    Un saludo, y muchas gracias por compartir tan valiosas reflexiones.
    Chus

    • Miguel León dijo:

      Gracias a ti, Chus, por comentar.

      Después de leerte mi única duda es qué dirías si fueras pesimista, pero en cualquier caso entiendo tu punto de vista. Sospecho que como tú hay, dentro de los círculos, bastantes más.

      Sí debo decir que a Verstrynge, que sólo lo he conocido en su versión actual, le tengo un aprecio especial. Creo que políticamente no se ha movido mucho de donde estaba en sus años mozos, y tampoco es la gran promesa de la Ciencia Política española (él lo sabe de sobra), pero tiene una honestidad que me resulta simpática. Le debo además unas cuantas lecturas de interés que no habría hecho de no ser por él, y eso es casi lo único que se puede pedir de un profesor.

      Ya digo que posiblemente tengo una opinión tan “positiva” porque no le vi en acción en sus tiempos de fascista convencido.

      Saludos.

  2. No estoy en los círculos. De hecho, de alguna manera, diría que los círculos están en mi …
    …y es que son nuestros círculos, tergiversados y desestructurados, como las tortillas de la nueva cocina. Salen de aquí:
    http://partidoilp.blogspot.com.es/
    de la idea de un partido no partidario que en 2012 registramos y dejamos allí, como muestra de que “si se podía”; y vaya que pudieron jejeje.
    Pero lo pusimos a disposición de todos; y también de “ellos”, por tanto. Aunque nuestra preocupación fue dotarlo de garantías; al contrario que lo de Podemos. Parece que hay quienes intentan utilizarlos ahora para organizarse alrededor de los Circulitos de Podemos. Buena suerte; nosotros ya hicimos nuestra parte; como Antonio Piera -en paz descanse; siempre se van primero los mejores- después; y ahora es cosa de los siguientes.
    Por otra parte, no debemos confundir Pesimismo con Realismo. Las cosas son como son y están como están. Y lo primero no es luchar contra molinos, sino ser conscientes de la realidad y de sus gigantes. Una vez aceptemos la realidad, será el momento de mejorarla.
    Ciertamente, las cosas podrían estar mejor. Pero para eso, deberíamos merecerlo; y es evidente que no nos lo merecemos; como sociedad estamos más preocupados por el futbol y la telebasura que por nuestro futuro y el de nuestros hijos.
    En todo caso, lo importante es que haya movimiento; porque cuando las cosas se mueven, los nudos se desatan.
    Yo estudié Derecho; y también sentí un cariño especial por un catedrático bastante fascista que era cuñado de Fraga; al que también le debo algunas lecturas, seguramente a su pesar.
    A Verstringe lo perdí de vista desde que vendía su basura al lado de la Bobia, en el rastro del foro. Pero si dices que no ha cambiado mucho, seguro que será así 😉
    Un abrazo.

  3. Floz dijo:

    Hola Miguel.

    Pues la verdad es que no sabría por donde empezar. Y hay bastantes cosas que me gustaría comentar en relación a los dos textos sobre Podemos, el tema “de moda”, como no. De hecho, ahora que lo pienso, deberé releerlos ambos para poder ponerme en ello de forma mínimamente rigurosa y poder comentar lo que realmente quiero comentar y que se me entienda.

    Por lo pronto, no sé ahora exactamente donde situarte (si es que esa fuera la palabra) ideológicamente. Ideología no en el sentido de “falsa representación de la realidad”, claro -que se sobreentiende que ambos, como “marxistas”, pretendemos justo lo contrario: intentar analizar y representarnos la realidad y sus tendencias de la forma más precisa posible-, sino idolología en el sentido “bueno”, para entendernos: “Hay otro uso más laxo, axiológico, de ‘ideología’, en el sentido de conjunto de juicios de valor, opiniones políticas, religiosas, estéticas, etc., de cada cual. Este tipo de ideología no es tan peligroso para el saber, pues sus afirmaciones no suelen situarse en el plano del conocer sino en el de las creencias, las preferencias, el deber ser, etc., de las personas, que sean cuales fueren no inducen necesariamente a error acerca de cómo el mundo “es”.). Y digo donde situarte para poder entendernos, pues yo estoy ya un poco amargado con esto, que no hay manera que la gente “alternativa” nos entendamos y podamos manejar unos conceptos más o menos comunes. Por ejemplo, discutiendo hace una semana con una camarada sobre el tema Podemos, acabamos de mala manera, porque no nos entendíamos, y tiene huevos que no lo hiciéramos tras tres años que nos conocemos.

    Claro, yo aquí tengo algunas desventajas, como por ejemplo en eso de “puesto que solamente la bibliografía de Pierre Bourdieu sobre medios de comunicación [5] debería ser más que suficiente para pensar críticamente el problema de la comunicación política.”, pues la verdad es que desde hace tiempo que tengo al Bourdieu ese entre la lista de lectura obligada, pero aún no ha habido ocasión, y esa es una de las muchas carencias de un servidor. Ciertamente, mi maestro en las asignaturas de filosofía del derecho, sociología del derecho, etc., que fue Juan Ramón Capella (y que luego tomé como maestro en esto de la filosofía política), pues el propio Capella tiene al Bourdieu como uno de sus referentes principales, así que indirectamente algo me habrá llegado. En todo caso, el libro ese de “Derecho, poder y clases sociales” (creo que se llama así), por ejemplo, pues ya sólo el título me trae loco, a ver si le echo mano. Pues eso, algunas desventajas…

    Yo la verdad que en esto de los tabús que dices con razón que utiliza Podemos (y que fue la causa de la bronca con la compañera, junto con lo del uso de “la casta”), pues la “excusa” que le encuentro es doble:

    1-En primer lugar, tampoco veo que esto de “la casta” sea algo que enmascare la realidad. Podemos llamarlos los partidos orgánicos del capital, podemos llamarlos “empresas de servicios electorales”, o podemos llamarlos “la casta”, y alguna que otra más. Y en España, pues lo de “la casta”, aparte de que igual sí es una palabra que describe con cierto rigor la realidad, pues además de eso en España tenemos una pesada tradición donde sus gobiernos y clases dirigentes (tanto políticas como económicas, o cuando ambas han estado fusionadas) ha sido más bien un “perpetuo gobierno de los peores”. Vamos, la peor chusma que da esté país es la que acaba siempre haciendo y deshaciendo. Con eso igual lo de “casta” encaja también bien, aparte de como decía con la naturaleza de las clases sociales y sus subgrupos que se dan hoy en las sociedades capitalistas del centro del sistema (aunque este punto se me podría discutir, el del “cierto rigor analítico que contiene el uso de “la casta””, como no, cuando además ni tan siquiera he argumentado aún lo más mínimo porque me parece una palabra válida, y que además, tampoco es que yo lo tenga muy claro aún, la verdad).

    2- Y la excusa para usar los tabús, pues para atraerse al personal, y una vez dentro que la gente se informe y se de cuenta que ese “sentido común” tampoco era muy maravilloso, la verdad. Eso sí, que se usen estos cuatro tabús el mínimo tiempo imprescindible para atraerse al personal “indignado” (que no es lo mismo que “concienciado”, claro, ni “comprometido a currar de verdad”), y progresivamente ir haciendo una pedagogía política que permita ir superando los tabús. Claro que esto de las estrategias comunicativas y la “fuerza del lenguaje”, que parece que hoy lo es todo, carai, pues no es mi fuerte.

    Yo he estado unos días comentando e “investigando sin mala fe” en el foro que han montado en Podemos. Hay mucha confusión, ciertamente, pero la gente habla de los trabajadores sin reparos. Se habla de los problemas del presente, y como no, los problemas del presente llevan al mundo del trabajo… y luego llevan a su enemigo, el capital. Hasta cierto punto me ha sorprendido positivamente el tema. Además, iba dejando caer alguna que otra ruptura con esos tabús precisamente, con el mínimo tacto, y la recepción era positiva la mayoría de veces, aunque sin tirar cohetes (de momento el tema super de moda es la super democracia super procedimental, y de democratización material, poca cosa. En general. Y si hablara, por ejemplo, de la socialización de los medios de producción intelectual y los bienes de cultura, pues sería recibido con poco entusiasmo, me temo. En suma, mucha confusión y mucha pedagogía hay que hacer ahí. Justo para lo que me apunté en su día al Frente Cívico, pero este no acabó de suscitar muchos entusiasmos.

    Claro, yo el marco de partida con el que suelo moverme, pues aquí hay un buen resumen:
    http://labastilla.foroactivo.com/t575-otra-manera-de-hacer-politica
    Igual si tiene ocasión de leerlo, me comentas si es un marco de partida también válido para ti, y yo me releo el texto como tenía pensado y a ver si entro un poco más a fondo en algunas dudas que me suscita el texto, que es una de las más interesantes críticas que he leído sobre Podemos.

    PD: Curiosamente, la enganchada con la compañera, también fue por el Verstrynge, que ha salido en los comentarios anteriores. En tipo, no veas, generador de polémica como pocos. Al final casi parecía que mis “camaradas” preferían a un fascista que a un ex-fascista reconvertido a marxista. Curioso. Yo personalmente no le veo muchos problemas al Verstrynge. No es la repera como pensador, como ya se ha dicho por aquí, pero el tipo le da su toque al asunto.

    Un saludo.

    • Floz dijo:

      Y ojo, cuando califico al Verstrynge de “reconvertido a marxista”, bueno, entiéndase: es lo que él se reclama, que ya es algo. En puridad, ni yo mismo me considero “marxista”, pues aún me quedan un buen cacho de cosas por aprender, y si pongo a Marx como referente, está claro que nunca llegaré a ser “marxista”. Y sin olvidar aquello otro que dijo el propio Marx ante ciertos “marxismo”, aquello de “yo no soy marxista”.

  4. Floz dijo:

    Y una cosilla que me olvidé comentar en relación a lo de “la casta”: Me interesa sobre todo en cuanto ha conseguido una cosa que a mi me parece positivo, y que es la siguiente:

    Hasta hace bien poco, la idea general que corría por ahí, el objetivo de “todas” las iras, era “la clase política”. Clase política es un término que yo puedo aceptar siempre que se me precise. Pero como no suele precisarse, es un término que rechazo, pues tiende a reforzar salidas autoritarias (y pro-capitalistas) a las crisis de los sistemas representativos de la “democracia” burguesa o liberal. Tampoco es que vayan muy desencaminadas las “clases populares” y su “sentido común” cuando ponen el foco en “los políticos” (a no ser que uno practique un marxismo mecanicista que no le da substancia alguna al terreno de juego de la política y no contempla sus reglas específicas, tomando el campo político casí como un simple reflejo de la base económica): efectivamente, la contrarrevolución política neoliberal ha sido una de las patas de la actual restauración capitalista, junto a las revoluciones tecnológicas y organizativas, que han sido las otras, todo ello culminado en el ámbito cultural. Y hay que reconocer que también las organizaciones políticas “alternativas” se han visto en algunos casos y en algunos ámbitos seriamente “contaminadas” por esa forma de hacer política hegemónica.

    Lo interesante pues de “la casta”, desde esta prespectiva señalada, es que según veo yo reconduce esa digamos “ira” contra “la clase política” (peligrosa por lo dicho) a una ira contra “la casta”, es decir, ya no son “los políticos”, sino una clase específica de políticos, que por ahí vamos bien. Y aún más interesante es cuando esa “casta” se relaciona con la idea (bastante importante en Podemos) de las puertas giratorias y la descarada confluencia del poder político y el poder económico, y entonces ya tenemos un panorama bastante bastante ajustado a la realidad. Yo solía utilizar el término “la mafia” para referirme al entremado político y económico que dirige el país, pero bueno, igual lo de “la casta” incluso encaja mejor (por ejemplo, si nos fijamos en los intelectuales orgánicos del capital, esa “casta sacerdotal” vieja como la misma existencia de las clases sociales.

    • Miguel León dijo:

      Amigo Floz,

      Gracias por tus comentarios. Has planteado muchísimas cosas, todas ellas interesantísimas, a las que he de sumar el enlace que me dejas, que también me parece, por lo que he ojeado ahora, una contribución muy relevante (me surgen dudas, pero de una lectura rápida, así que me las guardo para cuando tenga más seguro que te he leído bien). Pero voy a intentar responder a algunas cosillas a vuelapluma, con ánimo simplemente de conversar:

      El tema del tabú, más allá de la carambola teórica que supone tirar del hilo de Laclau hasta Freud pasando por (y deshaciéndose de) Lacan, exige, si se va a convertir en un principio sólido de investigación de nuestra coyuntura política, un trabajo mucho más profundo que el de mi primer texto, que era un panfleto. Aun así puedo atreverme a decir algo más al respecto, dejando a un lado, porque ya está dicho, que hay una discusión estratégica pertinente sobre cuál es la manera de sortear el rechazo que producen determinados términos. Sin embargo, el tabú no juega su papel directamente ahí, sino que tiene influencia en ese plano porque opera a un nivel “estructural”: si, por ejemplo, hay un problema con el término partido, no es solamente porque suene fatal decir que fundas un partido justo cuando los partidos parecen ser simplemente máquinas de corrupción, sino porque hay todo un entramado social que implica que desde hace mucho sea imposible pensar el partido como un instrumento de agitación política de masas. Hay casos concretos en los que eso funciona razonablemente bien, pero normalmente esos partidos de buena “praxis” cotidiana tienen un problema muy serio con el análisis y (sobre todo) con las formas organizativas que les impide crecer tanto como deberían; fíjate que el menor de los problemas me parece el discurso, donde por lo general tienen más experiencia que nadie en enganchar con gente que estaría en las antípodas de lo que consideraríamos una persona proclive a enganchar con un partido de extrema izquierda. Por eso mismo no me extraña en absoluto que en las discusiones de los foros, o en los círculos, se vea una efervescencia política que no se detecta en el proyecto de los promotores: lo que me parece es que los promotores incentivan formalmente esa efervescencia porque quieren alimentarse de ella, pero luego van a controlarla y eso puede tener (tendrá) efectos negativos. La prueba de ello es que en cualquier caso el grupo promotor marca los tiempos (Asamblea Ciudadana en otoño; municipales y autonómicas en Mayo; generales a finales de 2015…) y el control del tiempo es el instrumento fundamental de dominación política en nuestra sociedad. Además, una cosa es hablar de la clase trabajadora y otra muy distinta identificarla en la estructura social española para después interpelar políticamente a los sectores indicados con el objetivo de empezar a dar forma a un sujeto político con capacidad de acción (eso implica no solamente buscar los sectores más proclives a la movilización sino también los que tengan más incidencia en la estructura productiva española y, sobre todo, en su conexión con la economía regional europea). Hacer eso requiere: (1) un análisis socio-económico muy fino que no está hecho y que no puede ser cosa de dos o tres iluminados sino de una intelectualidad orgánica bien organizada; y (2) una presentación digerible de ese trabajo a quienes están directamente concernidos por él.

      Otra cuestión que me interesa es tu interés por ubicarme (ubicarnos) y no sólo no puedo darte una respuesta sino que si pudiera no lo haría: estamos en un contexto en el que las autodefiniciones lo hacen todo y después la realidad nos pega unos sopapos de aúpa. Además las autodefiniciones en España tienen sus peculiaridades por eso que decía en el texto de que comunismo y anarquismo funcionan aquí de una manera peculiar; en nuestras circunstancias, las autodefiniciones también son equívocas porque la doctrina formal no se puede separar de su expresión histórica autóctona, y en nuestro caso hay unas contradicciones del copón. Mi mejor carta de presentación son mis textos, de los que sospecho que has leído ya por lo menos los dos sobre Podemos (en el blog hay bastantes más sobre otros temas), y a partir de ahí la verdad es que soy muy poco dogmático: todo lo que tenemos en nuestro haber es útil, y todo me resulta francamente insuficiente, pero además yo soy muy poco imaginativo y tiendo con frecuencia a celebrar a los cuatro vientos que he inventado la pólvora, así que en ese sentido soy muy cauto.

      Una última cosa es la de la casta. Yo no digo que el término no refleje una realidad. De hecho, en Los Tabúes de Podemos me refiero a aquélla discusión televisiva de Pablo Iglesias con un tipo del PSOE que primero asegura que la casta no existe y después le da la bienvenida y le exige respeto con tono siciliano. Pero fíjate: la “casta” puede remitir, como referencia intelectual, a Mosca y, en general, a la teoría de las élites. Si la tomamos en ese sentido literal, los promotores de Podemos serían objetivamente aspirantes a constituir una nueva casta, así que ellos verán si quieren darle ese matiz intelectual al término. Si lo tomamos como lo que yo creo que es, se trata simplemente de un afinamiento terminológico a medio camino entre “la clase política” o “los políticos” y un término que se puso muy de moda a raíz de un bombazo de El País: “las élites extractivas”.

      Supongo que te acuerdas de la insistencia con la que El País promocionó a César Molinas y su libro “¿Qué hacer con España?”. El adelanto publicado por el diario (http://politica.elpais.com/politica/2012/09/08/actualidad/1347129185_745267.html) fue un auténtico bombazo. Es sorprendente hasta qué punto los promotores de Podemos han captado la esencia de ese discurso y la están utilizando. Este artículo sí que ha contribuido a determinar el “sentido común” de una parte importante de la sociedad española y a marcar el camino de una regeneración política. A mí siempre me pareció un texto falsamente radical, que marcaba la existencia de “élites extractivas” para poder obviar la relación estructural de éstas con un modo determinado de funcionamiento social general. Pues bien, no hay nada como leer uno de los mejores periódicos de este país (la Revista Mongolia) para descubrir cómo funciona realmente el mundo: el señor César Molinas co-firmó con Luis Garicano en 2010 el artículo “Mañana es hoy”, donde le daban a Zapatero por escrito la agenda de drásticos recortes sociales y “reformas estructurales” que la Troika le acababa de recomendar imperativamente; la cosa no acaba ahí, porque Molinas fue directivo de Merrill Lynch, banco de inversión que participó activamente en la generación de burbujas financieras y que se quedó al borde de la quiebra justo después de Lehman Brothers; no voy a abundar en el tema, pero el articulito (Mongolia, Año II, nº 12, p. 36) es breve y exhaustivo. A mí sinceramente me inquieta que no ya la agenda (que también) sino el lenguaje y la estrategia de Podemos puedan coincidir con los que marca un tipo como este.

      Ahí queda para rumiarlo; yo todavía estoy en ello porque el artículo referido me lo leí hace dos días. Seguimos hablando.

      • Floz dijo:

        Amigo Miguel,

        te tomo la palabra con eso de seguiremos rumiándolo y seguiremos hablando. Justo ahora he encontrado el momento para releerme tus dos textos sobre Podemos (son malos días para mi en ese sentido de tiempo disponible), tal y como tenía pendiente, y sólo alguna de las frase o ideas sueltas que comentas van a llevarme un rato pensarlas y algunas hasta entenderlas (por causa de mis limitaciones, descuida, pues te explicas y redactas muy bien según lo veo yo).

        Es cierto que mi pregunta sobre dónde te sitúas “ideológicamente” estaba mal planteada por mi parte, mal planteamiento que tú respuesta ha corregido, y comparto lo que dices respecto al punto. Pero ya entraré en ello más a fondo si es necesario, pues mi intención con la pregunta no era simplemente para “situarnos”, sino para algo más (tiene que ver un poco con aquello que decías en uno de los artículos, el primero creo, donde decías “para quienes no debemos lealtad a un aparato sino sólo a nuestras convicciones”, aunque bueno, lo dejo aquí en este punto, sino empezaré a escribir sin haberlo pensado antes, pues aunque ya tengo más o menos claro dónde quiero llegar, no tengo muy claro aún su “utilidad” o ubicación en el tema de fondo sobre Podemos, que es lo que me interesa al margen del placer de conversar, que también está, como no, y como comentas tú también).

        Sí que he leído algunos de los textos que tienes por aquí aparte de los de Podemos (me gustó el de la ley mordaza, y especialmente que usaras y explicitaras para analizar el asunto ese truquito del “como si” que utilizan los “liberales” y especímenes afines, truquito que explica muchas cosas del “relato político moderno liberal/burgués” y sus miserias, bastantes, pero que nunca lo veo por ahí explicado. Eres de los pocos a quien se lo he visto a utilizar, cuando la verdad, como decía, explica muchas “cosas” y aclara bastante. Ya puestos, también, me ha gustado como has planteado la parte estratégica de la “lucha emancipatoria” como si fuera una cuestión “artística”. Hace unos meses yo comenté con algunos compañero algo parecido, en mi estilo chapucero en esto de la filosofía de la ciencia…:

        —————————
        Sobre el texto, bueno, yo lo comparto en su gran mayoría. Aunque me gustaría añadir que hay algunos puntos que igual la forma de decirlo es “poco afortunada”, por decirlo así… Por ejemplo, este cacho:

        “Debilitado por confiar en sus creencias tradicionales: «estrategias científicas» que no habían llevado a ninguna parte, «teorías marxistas» que no eran sino remiendos escolásticos o supuestos infundados, como creerse acompasado a un mítico sentido de la historia humana o que las conquistas o posiciones alcanzadas lo eran a perpetuidad.”

        Efectivamente, no hay “estrategias científicas para la emancipación” [Hoy, 8/8/14, puntualizo: y aquí ponía énfasis en este tema al mismo tiempo que lo matizaba, pues muchos compañeros marxistas y comunistas efectivamente ven el marxiano así, como uno conjunto de reglas “científicas” que ala, ya nos da las soluciones hechas y empaquetadas, y sino puntualizaba y matizaba, pues algún compañero o compañera igual se quedaba descolocado/a], y ciertamente algunas tesis de Marx, mal interpretadas o descontextualizadas, pueden dar pie a ese malentendimiento.

        Esta claro que la “ciencia” no puede orientar la emancipación. La ciencia es muy valiosa y nos puede señalar muchas cosas, pero no sirve para “todo” (y menos sino diferenciamos las ciencias “formales” de las ciencias “naturales”, y dentro de esta última, diferenciando las ciencias sociales y sus especificidades). La ciencia nos puede hablar sobre como el mundo “es” con mucha precisión y rigor, pero poco o nada nos puede decir sobre como el mundo “debería ser”. Eso no excluye que la ciencia pueda ser útil también en ese ámbito, como no. La ciencia puede señalarnos “las condiciones de realizabilidad” de un determinado proyecto alternativo, por ejemplo, y ese proyecto alternativo puede ser sometido al bisturí analítico y científico, mostrándonos si ese proyecto alternativo es coherente internamente, y nos puede señalar también si ese proyecto es coherente con la situación actual del mundo y sus tendencias principales. Pero no puede orientar la emancipación más que en esos aspectos. Pues la emancipación, más que una cosa “científica”, es una tarea que yo la veo más cercana a la actividad artística, creativa, por decirlo así.

        Esta claro que Marx entendía bien donde estaba “su” ciencia, sus limitaciones, y que sabía meter cada cosa en su lugar. Muchos que han venido después no siempre lo han tenido tan claro.
        ——————————————

        … y bueno, pues eso, me ha gustado ver caracterizado así lo de la estrategia, como algo “artístico” en comparación con la parte analítica. Una forma de caracterizarlo que, como lo del “como si”, pues tampoco suele verse y ya es lástima.

        Bueno, al final no he dicho casi nada del fondo del asunto. Lo dicho, nos lo tomamos con calma y yo a ver si en un par o tres de días puedo aportar algo de interés. También tengo que releerme el texto ese del César Molinas, que sí lo recuerdo en su día, bastante lamentable el texto, eso sí lo recuerdo, que con releer las primeras líneas ahora ya me entra dolor de cabeza. Lo que no había caído es en esto que dices que los de Podemos adoptan este discurso. Igual también debería leerme más cosas de lo que dicen los promotores de Podemos, que tampoco lo he leído todo, la verdad.

        Un saludo y ya hablamos (evidentemente, aunque mi respuesta sea dentro de 2, o 3 o 4 días, iré entrando por si hay comentarios nuevos tuyos o de alguien más y que sean necesarios de tener en cuenta, como no).

  5. LA PRENOTICIA
    http://www.lavozdegalicia.es/noticia/galicia/2014/08/07/activistas-sociales-grupos-izquierda-crean-vigo-marea-municipales/0003_201408G7P9991.htm
    Primero la noticia, luego ya vendrá el hecho noticiable. No es noticia, sino precognición periodística.
    Resumo: Al parecer en Vigo hay unos “intelectuales” -que no se sabe quienes serán- que intentan recoger:
    la friolera de …
    …72 firmas.
    Repito, que intentan recoger 72 firmas, para crear una candidatura municipal “como Guanyem Barcelona” (la del Hada que nos han Colau), y al parecer esos desconocidos intelectuales que intentan recoger 72 firmas, preven invitar a EU, Bloque, Podemos y Anova para integrar esa futura coalición (para crear la cual, repito, necesitan 72 firmas que aún no tienen ( y que ahora, tras la noticia anterior al hecho, tendrán con facilidad), y presentarse a las municipales.
    Dicen que en La Coruña ya hay una “Marea Atlántica” como la que creará algún intelectual en Vigo, ¡¡cuando tenga 72 apoyos!! (que, por tanto aún no tienen).
    VA ANTES LA NOTICIA QUE EL HECHO NOTICIOSO. LA PRENSA CREA LA REALIDAD ANTES DE QUE SE PRODUZCA. Lamentablemente he dejado de alucinar.
    Toda esta operación tendría que tener relevancia penal. La noticia que aspira a crear el hecho que comunica ataca nuestro Derecho a la Libertad de Información; pero más aún nuestro Derecho a la Participación Política.
    Son los “Periodistas Apesebrados”, que se anticipan a cumplir la voluntad de su señorito.
    Lo “asombrosoperopocoya” es que la voluntad de los dueños de nuestro Derecho a la Libertad de Información, apoyen a quienes van contra “su” casta.
    Porque si hay castas; en este caso, la de los dueños del pasquín, abuelo, hijos y nietos. Y bisnietos.
    Lo asombroso, que no asombra, porque está ya asumido.Aunque en vez de cobardía y pasotismo lo llamemos “Disonancia Cognitiva”.
    Saludos
    Chus

    • Floz dijo:

      Muy buenas,

      Carai, no encuentro el momento de ponerme en eso de intentar aportar algo de utilidad. Por lo pronto, y tras la relectura de los textos, ya me han quedado algunas dudas aclaradas (muchas de las respuestas estaban sobretodo en las notas finales). En todo caso, estos dos textos me han hecho pensar (mejor dicho: me estan haciendo pensar), lo que ya es de agradecer, como no. Por lo pronto, me he visto obligado a desempolvar el “manual” de “nociones epistemologicas básicas”, y estoy sudando la gota gorda con ello. Eso sí, el “tema”(o punto de vista) ese de los “significantes vacíos” me perece que no tiene tanta “sustancia” como para poner tanto énfasis en ello (aunque aquí habría que precisar quienes son esos que abusan del invento este de los “significantes vacíos”, claro). Pero este es aún un punto (el de la importancia de los “significantes vacíos”, o más en general, de la importancia del punto de vista del psicoanálisis para la “lucha emancipatoria”) que no tengo muy claro. En todo caso, si comento algo más, será ya dentro de unos días, pues estaré unos días fuera. Eso sí, me llevo conmigo los apuntes esos “epistemológicos básicos” y los textos sobre Podemos (más algunos textos del personal de Podemos), a ver si me aclaro de una vez, que la verdad, en estos “postmodernos” tiempos eso de “aclararse” no es moco de pavo, jiji.

      Un saludo!

  6. aapilanez dijo:

    Sólo para felicitar al autor por el fino estilete mostrado en el análisis del fenómeno (también en el anterior sobre los tabúes de Podemos) y para añadir a bote pronto un par de acotaciones sobre aspectos que, en mi opinión, quedan un poco relegados en los dos artículos.
    Para ello lanzo dos preguntas (confío en que no demasiado retóricas) que están en el origen de las, en ocasiones, acerbas discusiones con otros camaradas (otro tabú) y que creo que pueden ser piedras de toque para situar el asunto:
    ¿Es preferible dar el apoyo y los desvelos a una opción como Podemos (con aparentes posibilidades de dar un buen bocado electoral pero con un adn típicamente reformista) como encarnación del “mal menor” o sería mejor no dejarse engañar por su “leninismo fláccido”, en la brillante expersión del autor, y seguir confiando en el bello slogan quincemayista: “vamos despacio porque vamos lejos”, sin atajos, poltronas ni espejismos telegénicos?
    ¿O habría más bien que oponerse, quizás con un poco de ferocidad, a esta maniobra supuestamente pragmática y realista pero quizás harto utópica en su pretensión declarada de “utilizar” las instituciones para transformar la realidad, por el deletéreo efecto de cuestionar la practicidad y virtualidad de los espacios políticos alternativos que, aun desde su marginalidad, introducen poco a poco cuñas en la barbarie circundante?
    Como en las “olas” de los partidos de fútbol, en el estadio de educación política de la mayor parte de la ciudadanía el modelo de la urna y la competición, de “ganar pero no vencer”, como certeramente precisa el autor, resulta, en su puerilidad, tremendamente atractivo por su falsa pero potente promesa de redención. Sin embargo, y a riesgo de resultar demagógico y de destruir el efecto retórico de las interpelaciones, manifestaré mi convicción de la infinitamente mayor utilidad transformadora de las acciones que, empezando por abajo, pugnan por alterar los “ecosistemas” de la vida cotidiana.
    En fin, esperando dejarme mucho en el tintero, recomendar simplemente dos de los pocos autores que, a mi humilde parecer, ponen el dedo en la llaga sobre el particular: Joaquín Miras [http://www.rebelion.org/noticia.php?id=181096] y Carlos Taibo [http://www.rebelion.org/noticia.php?id=179750]
    Seguimos…

    • Miguel León dijo:

      Gracias por tu comentario, aapilanez.

      La pregunta que planteas no es baladí, pero creo que la respuesta la da, por el momento, la postura defendida en mis dos textos. Visto el desarrollo de los acontecimientos, Podemos es una fuerza con la que habrá que contar en según qué cosas, pero tendremos que esforzarnos mucho para darles, según las circunstancias y los objetivos perseguidos, el lugar que les corresponda, que en general no es tan bueno como pretenden los promotores. Por otra parte, tampoco se trata de actuar como si no existieran, sobre todo porque entre sus bases hay mucha gente muy válida.

      Efectivamente, seguimos.

      • aapilanez dijo:

        Gracias a tí por la respuesta Miguel. He de confesarte nuevamente que he aprendido mucho con tus textos. Esa relación, vamos a decir (para que se nos echen al cuello ilustres promotores de Podemos como Alegre y Fernández Liria) “dialéctica” entre análisis y estrategia me parece brillante y es, por tanto, realmente refrescante leer tus trabajos. Usualmente, los análisis que uno pilla por ahí, en verdadero aluvión, son entreguistas y hagiográficos y me da la impresión que incluso en algunas web de referencia de la izquierda patria no hace mucho “tilín”, vamos a decirlo así, hablar mal de Podemos.
        Para evitar excesiva prolijidad, trataré de fundamentar la opinión de que Podemos es una fuerza regresiva (y que por tanto habría que atacarla desde un punto de vista de izquierda transformadora) en dos aspectos, en mi opinión, neurálgicos:
        1)La influencia deletérea sobre el fortalecimiento de los llamados movimientos sociales y, un poco más ambiciosamente, sobre la construcción de grietas y cuñas de autogestión que (como mencionaba en el comentario anterior) tiene su apuesta electoral. La vieja idea reformista de la aceptación de las reglas del cotarro para, desde dentro, transformarlo ha sido nefasta para la izquierda histórica. El “entrismo” sólo transforma a los que entran y no al entramado que supuestamente pretenden voltear. Los llamados movimientos sociales que acaban (como ocurre en Barcelona también con Guanyem) cristalizando en estructuras pseudopartidarias tienden a destruir, lenta pero inexorablemente, los colectivos que les nutrieron (en este caso la PAH), para transformarlos en máquinarias burocráticas fagocitadas por el aparato institucional de cargos y prebendas.
        2)La pobreza y pacatería de las propuestas económicas de la organización. Decirte que mi formación es de economista y he “alucinado” mucho con la simplicidad demagógica del programa económico de Podemos, la verdad es que esperaba algo más y me parece que es el punto más débil (y menos mencionado) de todo el tinglado. Sobre ello escribí un pequeño texto al que, si no es abusar, te remito (http://trampantojosyembelecos.wordpress.com/2014/08/30/dos-cosas-sobre-economia-con-perdon/) para señalar la raigambre típicamente reformista-keynesiana y, por tanto, bien integrada en el armazón capitalista, de las ideas de Podemos.
        Abundando en lo anterior, si, como tan bien señalas, los condicionamientos estratégicos determinan aspectos claves del planteamiento del análisis de la formación en el ambito político, comunicacional y electoral, en el ámbito económico la estrategia de ofrecer recetas desnortadas y demagógicas provoca la asunción práctica del campo de juego del enemigo: sólo desde dentro, aceptando implícitamente las reglas del régimen mercantil, se puede avanzar. Francamente: para este viaje no hacían falta alforjas.
        En fin, si estas críticas fueran plausibles, y volviendo a la segunda pregunta retórica del comentario inicial, quizás la ferocidad en el ataque a esta aventura de capitalización demagógica del cabreo generalizado ante la catástrofe en curso fuera la única manera de expresar, dada la histeria y la devoción generalizadas, aquello de “no es eso, no es eso…” y de salvaguardar la posibilidad futura de construcción progresiva de alternativas reales.
        Eso sí, con todo el respeto (como se dice con tanta frecuencia en el caso de IU e incluso del PSOE) a los muchos y sinceros militantes de buena voluntad. Creo que por ellos también (lo digo por experiencia propia y cercana) hay que mantener la dureza en el juicio, aun si ello le otorga a uno el sambenito de cenizo.
        seguimos (espero) y un abrazo

        • Miguel León dijo:

          Estoy de acuerdo contigo, compañero, si bien en todo caso tendría mis dudas en cuanto a Guanyem, porque no tengo elementos para juzgar hasta qué punto la apuesta en Barcelona juega en detrimento o no de las movilizaciones sociales de allá. Tampoco es que sea un entusiasta de esa historia, porque me parece que efectivamente se corren los mismos riesgos (con el añadido de la consulta y esas historias, que también me genera, como espectador, ciertas contradicciones), pero me parece que éstos son encarados de otra manera. No sé si mejor, pero desde luego distinta.

          Aparte de eso, efectivamente lo fundamental es mantenerse erre que erre, tan correcto en las formas como sea posible, en la posición de que por ahí no se llega a buen puerto. Tenemos que saber (hablo por propia experiencia) que no nos van a hacer ni puñetero caso (mi experiencia es precisamente la de no hacer ni puñetero caso a las advertencias), pero tenemos que estar ahí cuando lleguen las dificultades para amortiguar la caída.

          He encontrado en tu blog varias cosas que han picado mi curiosidad, y he leído un par de ellas con mucho gusto (incluida la que me enlazabas). Te seguiré lo que pueda, y vamos intercambiando pareceres.

          Un abrazo.

          • aapilanez dijo:

            Pues muchas gracias Miguel por la atención y por tus amables palabras. Una vez comprobada nuestra amplia coincidencia en el juicio sobre los nuevos regeneradores, que no salvadores, de la patria (por cierto, pocas veces se menciona, pero el texto de Joaquín Costa “Oligarquía y caciquismo” (http://www.vbeda.com/costa/oligarquiaycaciquismo.pdf), sustituyendo “casta” por “oligarquía” y actualizándolo un siglo, encaja perfectamente con el enfoque de Podemos) “podemos” dejar tranquilos a los chicos (un poco fatuos y vanidosillos ellos, todo hay que decirlo) de esta refrescante novedad (eso es innegable) política que traerá por fin a la sufrida patria la modernidad y el progreso que desde los tiempos de Jovellanos añoran nuestros infortunados ilustrados.
            Mas allá de éstos, levemente sardónicos, comentarios, agradecerte también de veras tu buena opinión sobre los escritos del blog. Trato de escribir sobre cosas (yo las llamo vectores de alienación), poco mencionadas en los reduccionistas análisis sobre “lo político”, que incidirían en la necesidad de lo que Pasolini llamaba “mutación antropológica” o, como menciono en el texto que estoy ahora escribiendo, lo que Lefebvre denominaba “revolución de la vida cotidiana”. Es decir, que sin transformación radical de las costumbres cotidianas no habrá socialismo. En fin, lo dejo ahí que no me quiero enrollar.
            Un abrazo y seguimos en contacto.
            p.d: Por cierto, muy divulgativo e instructivo, aparte de bien escrito como siempre, el análisis sobre el fetichismo que haces más abajo.

  7. Floz dijo:

    Hola Miguel, que tal?

    Estoy algo indignado (el verbo de moda) ante el hecho que este blog y tus dos artículos sobre Podemos no tengan más comentarios por parte de más gente. Carai, como ya te dije, es de las mejores y más rigurosas críticas que he visto hacia Podemos, pero nada, parece que el personal no se entera.

    Yo sigo en mi intento de aclararme, aunque irá para largo… tras las lecturas de tus dos artículos, pues se me han amontonado un montón de libros. Al menos por fin he dado el paso y me he pillado un par de libros del Bourdieu… por fin.

    En mi ciudad (120.000 habitantes), los de Podemos y los del Frente Cívico tenemos muy buena sintonía. Me han pedido que vaya a hablar en un acto que tienen hoy, y sobretodo lo que les interesa es que vaya a hablar para contrarrestar a un par de ex-Psoe que tienen dentro y que se ve que son bastante fulleros, y que parece que ellos (los de Podemos) no pueden solos. Mal asunto si no pueden contrarrestar a un simpe sociolisto, cuyos “asfaltado cerebral neoliberal” suelen ser importantes.

    No se si tienes para pasarme algún buen “resumen” sobre el pensamiento y las “aportaciones con un mínimo de relevancia” (si es que la tienen) de Lacan y Laclau… algo leí en su día, y algo he ido buscando por ahí durante este mes, y lo que he visto y leido me parece algo insubstancial. Pero claro, igual he pillado malas fuentes. O eso, o me pillo sus libros, pero la pila ya es demasiado grande. Si tuvieras algún enlace o algo con lo que informarme sobre estos autores con un mínimo rigor, se agradecerá.

    A mi ni Freud, ni Lacan (por lo que he leido), ni vamos, el psicoanalisis en general, me parece pensamiento científico. Y eso que parece que Freud tomó todas las cautelas y los “métodos” que exige el pensamiento centífico, pero ni así consiguió hacer “ciencia”, y casi que se queda más cerca de un manual de auto-ayuda que no del pensamiento centífico (y ojo, que en la reflexión social, donde entran tambien en juego valores subjetivos, moralidad, ideales y etc, pues no todo puede reducirse a “ciencia”, como no. Pero yo entiendo que el conocimiento científico, por mucho que seamos conscientes de sus límites y sus problemas, es la base sobre la que podemos construir un pensamiento social mínimamente riguroso, donde la idealidad del científico social -idealidad que no puede eliminarse, claro- simplemente orienta sobra las “prioridades” de la investigación). En fin, que tengo necesidad y curiosidad por saber más sobre el Lacan y el Laclau y toda esta peña, si dices que son tan importantes e influyentes para el pensamiento de los jefecillos de Podemos.

    Sin más, un saludo.

    • Miguel León dijo:

      Querido Floz,

      Gracias por escribir de nuevo. Tengo que pedirte disculpas, además, por haber dejado desatendido tu último comentario (hay otro par de ellos pendientes de respuesta: a ver si me pongo. Tu falta de convencimiento con el psicoanálisis ya la dabas a entender en tu comentario anterior, y precisamente por ahí quería ir, pero se me quedó en el tintero, así que digo algo breve al respecto.

      En primer lugar, yo tengo serios problemas, que creo que compartimos, con eso de la “ciencia”. Por un lado, no me parece que sea un término fácil de definir de forma satisfactoria, ni siquiera poniéndonos popperianos y recurriendo al tema de la falsación de hipótesis y, por lo tanto, a la capacidad de hacer predicciones. Pero incluso si conviniéramos que ciencia es eso y lo demás es otra cosa (y te diría que hay problemas epistemológicos gordos para defender hasta sus últimas consecuencias una definición tan estricta), tampoco tengo especiales problemas en reivindicar otras formas de conocimiento, y no necesito etiquetarlas como “ciencia” para considerarlas y defenderlas como válidas. Si me lanzo a la piscina, y como estoy leyendo estos días “Promethea” de Alan Moore, te diría que hasta herramientas de interpretación tan claramente acientíficas como los Arcanos del Tarot pueden ser útiles si uno sabe cómo emplearlas en confrontación con la realidad.

      En ese sentido, podría convenir contigo que el psicoanálisis no es ciencia en sentido estricto (y aun así, mirando despacito la obra de Freud, habría mucho que discutir al respecto). Pero es un conocimiento que, en sus aspectos fundamentales, es [1] perfectamente compatible con desarrollos científicos posteriores (incluso con los que suponen una enmienda parcial), [2] significativamente útil para comprender determinados aspectos de la realidad humana contemporánea, y [3] una herramienta importante de intervención social práctica (en la clínica). Dicho eso, tengo que reconocer que de Lacan he leído poquísimo y, en general, ni termino de entenderlo ni termina de entusiasmarme aquello que entiendo. Dentro de la historia del desarrollo del psicoanálisis ha cumplido un rol importante, y para cierta teoría posmoderna puede ser de utilidad, pero de entrada, y si de lo que se trata es de incorporar como principiante herramientas del psicoanálisis a la teoría social, yo me quedo con el viejo Freud y, puestos a hurgar un poco más allá, con las aportaciones de Ferenczi. Me parece que muchos lacanianos se despistan por hincarle el diente a Lacan antes de haber leído despacito a Freud.

      Laclau es harina de otro costal (a pesar de que es evidentemente lacaniano). Su libro con Chantal Mouffe, “Hegemonía y estrategia socialista”, es por momentos infumable en el estilo, pero es una obra importante y tiene contribuciones de interés, así que puestos a leer algo ármate de paciencia y coge ese libro. Te diría que me parece que en ocasiones se pelean demasiado con un marxismo que a estas alturas de la película ha perdido mucho peso, y que sin embargo determinadas cosas que plantean habría que mirarlas con nueva luz (no quiero decir tirarlas por tierra) si uno lee a Marx desde las diferentes variantes de crítica del valor (Postone y Kurz sobre todo).

      Para todo lo que he leído de él, que tampoco es mucho, saco la misma conclusión: es un tío con un bagaje teórico bestial y leyéndolo puedes encontrar ideas (o tal vez intuiciones) útiles y buenas, pero me da la impresión de que para juzgar adecuadamente sus trabajos, y sobre todo si uno va a seguirlos a pies juntillas en lo que se refiere a la recuperación o el descarte de contribuciones clásicas, no tiene sentido hacerlo sin haberse leído primero una parte sustantiva de lo que Laclau se ha metido entre pecho y espalda. Lo que te digo creo que vale también para Deleuze y algún otro “posmoderno” de moda: no nos sirven para cabalgar a hombros de gigantes con menos esfuerzo porque son generalmente demasiado fragmentarios, pero sí pueden dar pistas sobre qué gigantes buscar y cómo domarlos. Un ejemplo claro es mi propia entrada en Freud: yo tenía la oportunidad de hincarle el diente desde hacía bastante tiempo, pero hasta que no leí a Laclau y Mouffe, y alguna cosilla de Lacan, no le vi la utilidad a Freud mismo y no me decidí a abordarlo.

      Ya me contarás qué tal fue en tu intervención. ¿De qué hablaste?

  8. Floz dijo:

    Buenas de nuevo compañero,

    Pues tranquilo, que no hayas encontrado aún el momento de dar respuesta como tú quisieras casi me que consuela, pues a mi me pasa lo mismo, como ya he señalado en algunos de mis comentarios.

    Ciertamente, comparto contigo la dificultad de definir que es ciencia (y casi habríamos antes de eso que convenir que significa “definir”, que yo me quedaría con eso de “la operación de sustituir conjuntos complejos de signos lingüísticos por conjuntos más simples de la misma especie”), y comparto contigo (creo intuir), que en el plano del saber social sobretodo, no todos nuestros asertos pueden tener carácter científico (aunque yo no iría por la línea de la “previsibilidad”, y menos en el saber científico-social, por mucho que por ejemplo Marx la clavara en muchas de sus anticipaciones y predicciones –más de las que la mayoría de marxistas saben, dicho sea de paso-). Ese ejemplo del libro ese del Alan Moore (es el de V de Vendetta, no? Es que veo, además, que la foto que usas en tu “nick” es del “cómic” ese, creo. Gran libro… hace como 10 años que mi primo me lo pidió y aún no me lo ha devuelto el muy ciruelo), pues va por ahí, es decir, tampoco yo desprecio, ni mucho menos, otras formas de conocimiento, sobretodo cuando eso, cuando hablamos de saber social. Supongo que el ejemplo más evidente es el arte, que poco tiene de ciencia pero sin duda que una buena obra de arte te puede decir mucho sobre el lugar y la época en que esa obra ha nacido. O yo que sé, trabajos puramente descriptivos y cualitativos, sin apenas una base de estudio estadístico, pues pueden ofrecer una penetración de ese universo social muy superior a otros estudios estadísticos la hostia de rigurosos. Eso sí, y ahora me viene a la mente una frase que me repetía una y otra vez mi profe de guitarra citando a Picasso: si te pillar la inspiración, que te pille trabajando (esto último lo digo para enlazar –así chapuceramente- una cosa (ciencia) y la otra (arte) con la base de “todo” ello: el trabajo, o “el trabajo como generador de ideas”, aunque dejo este punto aquí porque da para mucho).

    Ahora bien, para desmantelar centrales nucleares, ciertamente, yo procuraría tirar de ciencia pura y dura, y dudo que ningún dibujo, cuadro, o canción ayude en ello. Se entiende la idea, supongo, jeje.

    Pero el motivo por el que yo ponía “énfasis” con el tema del conocimiento científico es precisamente para contraponerlo a esa “moda” postmoderna que pretender enfatizar exageradamente las limitaciones y peligros del saber científico, y en especial el saber científico social, desde el Heidegger ese hasta los “maitres a penser” que nos ocupan. Y es que he empezado a leer el libro ese de Hegemonía y estrategia socialista que me has dicho, unas 20 páginas de momento, y la verdad que no pinta muy bien de momento. Lo primero que me viene en mente es que cuando los escritores del libro hablan de la crisis del marxismo, pues me pregunto a que tipo de marxismo se refieren, que a mi me da más la sensación que entienden el marxismo como una doctrina (y nada peor que entender el marxismo como una doctrina), o hasta hablan de una marxismo dogmático, que eso de marxismo no tiene nada. Eso es tanto como juzgar a “la izquierda” a partir de lo que es y ha sido PSOE. Pues vamos apañados entonces, pobre “izquierda”. Creo que algo de eso apuntas tú en tu último comentario.

    Vamos, a modo de ejemplo, me pemito pillar este cacho de esa “introducción” (y como este cacho, hay alguno otro):

    “Lo que está actualmente en crisis es toda una concepción del socialismo fundada en la centralidad ontológica de la clase obrera, en la afirmación de la Revolución como momento fundacional en el tránsito de un tipo de sociedad a otra, y en la ilusión de la posibilidad de una voluntad colectiva perfectamente una y homogénea que tornaría inútil el momento de la política.”

    ¿Perdone? ¿Una voluntad colectiva perfectamente una y homogénea? ¿Centralidad ontológica de la clase obrera? A mi lo que me viene en mente tras leer cosas así es que o bien deliran o bien no han entendido nada del marxismo. O como diría el Lobo Feroz, “cierta izquierda ha llegado a la postmodernidad sin pasar antes por la modernidad”

    Y es que muchos de estos “post-marxistas” creo que olvidan una cosilla que a mi me parece importante: que la verdad no se sostiene por su propia virtud, sino que necesita a agentes que la sostengan. Y sino que pregunten a Galileo. Como olvidan que Marx, bueno, quillo, Marx estaba “fundando” el pensamiento científico social con la dificultades que ello implica, y aún siendo el fundador y estar el panorama muy verde por aquél entonces (quizás los economistas clásicos también tenían algo de “ciencia”, pero poco más había), pues aún y así no veas la capacidad de penetración del tipo. Y todo ello sin olvidar que el “socialismo científico” se definió así casi más por contraponerse al socialismo utópico que no por considerarlo ni el propio Marx como una conquista ya hecha (como le pasó por ejemplo a ese mal atribuido “objetivismo” en Marx, pues el énfasis de Marx en ese objetivismo era por contraponerlo y luchar contra la moda de la metafísica idealista imperante en su época, no porque Marx no considerara importante un “desarrollo subjetivamente revolucionario”. En fin, hoy el pensamiento irracionalista parece que pretende lo propio que esa metafísica idealista: justificar “lo que hay”. Es en este sentido en el que yo reivindico el “saber científico”.

    También es cierto que muchos marxistas se contentan (y se han contentado) con la “racionalidad”, cuando esa es sólo una de las dos patas de nuestra “capacidad de conocimiento” (por decirlo así). La otra es la sensibilidad, que “guía” a aquella. Pero vamos, de eso a echarse en brazos del irracionalismo hay un trecho.

    Bueno, me estoy enrollando en asuntos que igual me desvían de mi interés actual, que es dilucidar donde están los aciertos y los fallos de Podemos, pero bueno, tampoco me desagrada, ni mucho menos, compartir estas cosas y estas reflexiones y contrastarlas, y más con quien considero un “alma afín” (por lo que te he leído). Y todo ello sin perjuicio de que sólo me he leído la introducción del libro, así que más vale que vaya con cuidado con los prejuicios, claro. Pero como decía, de momento no tiene muy buena pinta, pues para mí que confunden el racionalismo reduccionista burgués con el marxismo. Cierto que igual algunos ramalazos de eso tenía Marx, el cual, me parece a mi, se vio desbordado y deslumbrado por sus propios descubrimientos, y que a veces igual ni el propio Marx era consciente de eso que llamamos “falacia de abstracción”. Pero bueno, tampoco hay para tanto, y se ha de entender el contexto (vaya, otra vez me voy por la ramas). Claro, luego venía Lenin, a quien tengo de referente y que tiene aportaciones fundamentales, pero que a veces se le iba la olla y se marcaba cosas como aquello de “la teoría de Marx es todopoderosa porque es cierta”, que claro, pues esas sentencias no ayudan demasiado.

    En cuanto a la charla en el acto de Podemos, al final no puede ir (que voy mal de tiempo no es una exageración: la familia, el curro, los estudios, mi práctica política, mis “hobbies”… terrible). Bueno, no pasa nada, ya estaban avisados y al final pudo a ir a hacer la charla el Arcadi Olvieras, que tiene cartel y suele atraer bastante gente (más que yo seguro, jeje), y ya hemos quedado que iré en la próxima. A mi los de Podemos (como soy abogado) me han pedido ayuda sobretodo como asesor jurídico, y especialmente enfocado en el ámbito del derecho administrativo y local. Y también me han pedido ayuda a mí (o a alguien que conozca) sobre el asunto del feminismo, donde se ve que están algo carentes de pensamiento en ese frente. No es mi fuerte, sin duda, pero por ahí iba a enfocar mi exposición, pues el ABC creo que sí que me lo sé. Vamos, la idea es partir o exponer las dos coordenadas básicas por las que se determina una determinada división social del trabajo en una sociedad: la división clasista del trabajo y la división patriarcalista del trabajo, y la relación entre ambas (con una breve referencia al aspecto técnico y al aspecto natural de esa división, que son los dos factores digamos “débiles” y casi siempre subordinados a esos dos otros ejes básicos), para ir donde siempre me interesa ir a mi: al mundo del trabajo, o como dijo el “viejo” y “obsoleto” Marx, “el trabajo y la naturaleza es la fuente de toda riqueza y de toda cultura” (o algo así), e intentar explicar porque la temática feminista no ha tenido facilidades para desarrollarse dentro del movimiento emancipatorio moderno (enlazando por ello con cuestiones culturales). Esto me hace pensar nuevamente en la “intro” del libro del Lacalu, donde habla de esas nuevas “temáticas”: feminismo, ecologismo, pacifismo, etc… Bueno, vale, son eso, nuevos problemas y nuevos “temas”, los cuales a veces no han encontrado vías de desarrollo satisfactorias dentro de la tradición del movimiento obrero o comunista (pienso en el caso paradigmático, el feminismo). Pero eso no invalida el marxismo y su, digamos, “epistemología”.

    Sin más, ya iremos viendo que nos permite el tiempo… por lo pronto estoy por dejar al Laclau y pillarme al Freud, después de lo que indicas en tú último comentario y después de haber leído esa “intro”.

    Un abrazo, y hasta otra.

    • Floz dijo:

      Ay Dios! ¡Y ahora acabo de ver las declaraciones del Monedero contra IU! Este tío, aparte de algo limitadillo como “intelectual al servicio de la emancipación”, es un bocazas incorregible.

      En fin, algunos igual deberían pensar en alistarse en el ejercito con esa beligerancia que se gastan, y que dejen lo de la “emancipación” a otros.

    • Miguel León dijo:

      Efectivamente, Floz. Por eso te decía que se pelean con un marxismo que a ellos, por razones de tiempo histórico, les resulta un adversario de primera magnitud, pero a los demás nos queda un poco lejos (por mucho que cierto “fetichismo del trabajo” sea extremadamente pernicioso). Hay que tener la paciencia de ir más allá de eso, y tal vez termines por verle la gracia al libro. Vamos, yo no sé si el esfuerzo te valdrá la pena, pero siempre puedes dejarlo aparcado en cuanto te aburras y pasar a otra cosa.

      En relación con lo del feminismo y el marxismo, fíjate que hace no mucho estuvo por Madrid Roswitha Scholz, que es una tía potentísima en ese tema (incluso si yo no comparto totalmente lo que dice porque creo que se monta unos líos muy gordos entre valor de uso y valor, lo concreto y lo abstracto). Es curioso porque ella hace una crítica demoledora al feminismo posmoderno pero al mismo tiempo denuncia la incapacidad del “marxismo tradicional” (ella era parte del grupo Krisis, al que también pertenecía Robert Kurz) para comprender la interconexión capitalismo-patriarcado. Hay traducciones pirata de textos suyos circulando por internet, échale un vistazo si quieres.

      Otra gran fuente (esta seguro que te suena más) es Silvia Federici, autora de “Calibán y la bruja”. También tengo mis dudas sobre ciertos argumentos, pero en cualquier caso es una tía a la que vale la pena seguir la pista.

      • Floz dijo:

        Gracias Miguel por estas dos referencias sobre el feminismo. La pila se incrementa, pero sin duda esto del feminismo es un punto donde he de ponerme las pilas. A Federici sí que la conozco, pero de Roswitha Scholz es la primera noticia.

        En cuanto al Laclau y su “Hegemonía”, pues no lo he retomado. Pero bueno, aquí tengo el libro, y ya veremos si soy capaz de “verle la gracia” como dices. Ahora la prioridad en cuanto a lectura tengo al Bourdieu, así que a por él y por pasos.

        Me ha quedado la duda sobre a que te refieres con eso de “fetichismo del trabajo”, pues aunque puedo intuir algo, en el contexto del que hablamos no acabo de pillar a que te refieres… no es que me quite el sueño, pero si encuentras un segundo para aclarármelo, pues se agradecerá.

        Un abrazo, y hasta otra.

        • Miguel León dijo:

          Pues es una duda muy pertinente, y tienes razón en pedirme que lo aclare. Voy a aceptar el reto intentando cumplir dos condiciones: La primera es dar un buen repaso a los contenidos teóricos implícitos, porque aunque asumo que si doy una explicación breve no va a sonarte a chino también me interesa que nuestra conversación pueda ser seguida por otros, si es que el tema les resulta atractivo, y no quiero que se pierdan. La segunda condición, más complicada de cumplir, es no enrollarme mucho.

          En primer lugar, conviene aclarar que en mi opinión el concepto de fetichismo tiene, dentro del pensamiento de Marx, una potencia analítica bestial que en muchas ocasiones ha sido pasada por alto. Además, como concepto de madurez, tiene una enorme importancia porque sin lugar a dudas significa una revisión profunda del problema de la ideología tal y como se expresa en “La ideología alemana” (vuelvo sobre esto después) y además resuelve con facilidad las toneladas de problemas teóricos que surgen cuando uno se dedica a hacer malabares con la cosa esa de “base/superestructura”, un binomio que está claramente sobredimensionado dentro de la tradición marxista si se lo compara con el peso real que tiene en la producción teórica de Marx (el par de términos salen de la “Introducción del 59”). El problema fundamental de ese binomio es que la base, el modo de producción, está formado por fuerzas productivas y relaciones de producción, que son fundamentalmente relaciones de propiedad. es decir, relaciones establecidas según un ordenamiento jurídico (consuetudinario o escrito), mientras que por otra parte se nos dice que la superestructura, es decir, todo aquello que es ideológico, es decir, superfluo desde el punto de vista de la dinámica de la realidad económica y que sólo sirve para “engrasarla”, está formada por el arte, la religión, el Estado y… ¡oh, sorpresa!, el derecho. Althusser, en Aparatos Ideológicos del Estado, le da mil vueltas a esta cuestión y se empeña en salvar el binomio base/superestructura”, pero Althusser, que es un tío que me cae razonablemente bien, también es alguien que desde luego no supo entender para nada la importancia del fetichismo de la mercancía, que para él era una forma de llamar a la ideología burguesa. Lo interesante del fetichismo de la mercancía, frente al binomio base/superestructura, es que se deshace de esa cosa absurda de distinguir entre un adentro y un afuera del modo de producción, asumiendo plenamente que la “ideología” no acompaña al hecho económico como una suerte de vaselina, sino que mana del hecho económico mismo. Por otra parte, frente a las complicaciones del término “ideología”, con todo el tema de la inversión, la metáfora de la cámara oscura y tal, el término “fetichismo” afina mucho más el tipo de operaciones, prácticas y epistemológicas, que están en juego en la forma distorsionada en la que la realidad se presenta ante nosotros.
          El fetichismo de la mercancía, nos dice Marx, es el fenómeno por el cual el valor de las mercancías aparece, primero, como una propiedad innata de éstas (y no como consecuencia de una trama determinada de relaciones sociales), y, segundo, como una realidad transhistórica (y no como una realidad históricamente específica). Esto quiere decir que creemos que las mercancías por sí mismas tienen valor (cuando el valor depende de que las mercancías sean producto del trabajo) y también creemos que el valor de cambio de las mercancías (las proporciones en las que se intercambian) ha estado siempre calculado con el mismo tipo de racionalidad (como si no existieran las “prestaciones sociales agónicas” de las que habla Marcel Mauss en su “Ensayo sobre el don”).
          Dicho eso, lo normal es que si existe un fetichismo de la mercancía también exista un fetichismo de todas las variaciones y expresiones que la forma mercancía tiene dentro del modo de producción capitalista: hay un fetichismo de las máquinas, un fetichismo del dinero, un fetichismo de la producción (y de la circulación), etc. El fetichismo del trabajo tiene un lugar especial porque Marx y el marxismo han interpelado a los trabajadores, a los poseedores de fuerza de trabajo que la arriendan a la clase capitalista a cambio de un salario, como sujeto revolucionario. Además, el propio Marx fue siempre un claro fetichista del trabajo, si bien poco a poco fue neutralizando ese obstáculo analítico (por eso Robert Kurz habla de un Marx exotérico y un Marx esotérico), y le faltó precisión terminológica para aclarar que no es lo mismo el trabajo en general, el “metabolismo del hombre con la naturaleza” (capítulo quinto de El Capital), que el trabajo capitalista que crea valor (capítulo primero).
          Hace falta que la capacidad de trabajo del ser humano se encuentre en unas condiciones sociales precisas para que se convierta en una mercancía, y sólo entonces es posible y tiene sentido que el conjunto de bienes que un ser humano necesita para sobrevivir sean adquiridos a través del intercambio de equivalentes y no por otras vías (otras formas de intercambio, autoconsumo, lo que sea). El capitalismo, como estructura de dominación, se basa fundamentalmente en tomar a una masa de seres humanos tan amplia como sea posible y tenerla o bien trabajando o bien esperando la posibilidad de trabajar. Es una forma de controlar los tiempos de vida y de restringir nuestra libertad de acción. En ese sentido, el hecho de pasar un porrón de horas al día en una plantación, una fábrica o una oficina, el hecho de ser “productivo” no le convierte a uno en sujeto de nada positivo, sino más bien en un mero súbdito. No tiene sentido hacer una revolución obrera para meternos a todos a currar, sino que tiene sentido hacerla para crear las condiciones en las que sea posible politizar la distribución social del tiempo y garantizar que maximizamos nuestro ocio; y no es que las revoluciones socialistas de las que hemos sido testigos obviaran totalmente ese objetivo, sino que más bien lo que ha sucedido es que lo han subordinado a otros fines (como el 0mantenimiento de una cierta hegemonía internacional, o el desarrollo económico-industrial intensivo).
          El fetichismo del trabajo lo que hace es que pensemos que el trabajo en general (el metabolismo del hombre con la naturaleza) es valor, cuando lo que crea valor es el trabajo abstracto, como realidad social constituida como fruto de una violencia estructural bien que convierte la capacidad de trabajo de todo individuo en una mercancía. Por esa misma regla de tres, se piensa el valor como una cuestión positiva, y el plusvalor, fruto del plustrabajo, como una expresión de las capacidades prometeicas del ser humano, que tiene la fortuna de poder “metabolizar con la naturaleza” mucho más tiempo del que necesita para reproducir su propia existencia. De ahí surge también (ese es un planteamiento crítico importante de Scholz, aunque hay muchos más) la problemática reivindicación feminista de los tiempos de cuidados como tiempos de trabajo, ya que no es en muchos casos más que la expresión de esa confusión fetichista de la condición de “súbdito” del capital con la condición de “sujeto”. Lo interesante es que probablemente el feminismo podría haber afinado sus planteamientos con mayor rapidez de no haberse topado con un marxismo tan obcecadamente obrerista (y machista).

          En fin, espero haberme explicado y no haber sido muy pesado…

          • Floz dijo:

            Mosquis Miguel, te has currado (esto no es fetichismo del trabajo, creo, jeje) un interesante comentario con mucha chicha. He leiído solo el principio y el asunto está más que interesante. Me lo leo con calma luego o mañana, y ya te digo algo. De momento sólo comentarte esto, que aquí sigo con interés renovado sobre el fetichismo del trabajo .

            Abrazo!

  9. Floz dijo:

    Claro, en relación a eso de la “base/superestructura”, pues puede que sí que esté sobredimensionado en la “corriente de pensamiento principal” dentro del marxismo, por decirlo así. Lo cierto es que eso de la “base/superestructura” yo lo veo como parte del “núcleo” de la teoría de Marx (que es como el propio Marx y Engels creo que llamaron a eso, el “núcleo”), es decir, como la “teoría general”, es decir, como “la parte de arriba” de su teorización (en un proceso de abstracción que empieza en la experiencia y su enunciación, y a partir de ahí se empieza a teorizar en diferentes niveles, empezando con “simples” hipótesis, y siguiendo, en un proceso “en cascada” hasta llegar a una “teoría general”. Claro, esto es relativamente claro en las ciencias formales o las ciencias naturales. En las ciencias sociales el asunto ya no es tan sencillo, pero creo que esos paradigmas epistemológicos, con todo eso de la “teoría general” y tal, pues de algo nos vale también en la reflexión social con un mínimo de intencionalidad científica.

    El tema de la “base/superestructura”, también, es que es, digamos, una “metáfora tectónica”, o sea que tómese en su justa medida. Hay algunos pasajes en Marx que en este sentido no son muy afortunados, y que leídos aisladamente pueden dar lugar a confusión, pues a veces Marx hablaba de una “correspondencia” entre base y superestructura, cuando no es ni de lejos la mejor palabra. Esto lleva a lo que te comenté en otro comentario anterior, de los primeros, de ese marxismo mecanicista y economicista que da a los elementos sobrestructurales un simple carácter reflejo de la base, sin sustantividad propia y sin capacidad de incidir en la base, o como dices tú, que sólo sirve para “engrasarla” o que tiene un carácter “superfluo”. Hay una carta de Engels a José Bloch (o algo así, no recuerdo el nombre exacto), de cuando Marx ya había fallecido, donde Engels señalaba en parte estos apuntes que estamos señalando, y la metáfora tectónica aparece algo más afinada.

    Pero aunque Marx hablara en ocasiones de que a la base le corresponde una determinada superestructura, lo cierto es que cuando Marx se ponía a analizar una realidad concreta, cuando se ponía a teorizar (digamos “algo al margen de esa teoría general”), pues no se preocupaba lo más mínimo en ir rastreando “correspondencias” entre base y sobrestructura (que es supongo lo que quieres decir cuando dices eso de “si se lo compara con el peso real que tiene en la producción teórica de Marx”).

    O sea que la metáfora tectónica es una potente metáfora y una buena “teoría general” que clarifica el panorama, pero que sólo tiene sentido mientras nos mantengamos en ese plano abstracto y general. Cuando bajamos a analizar lo concreto, hay que concretar (claro) y matizar históricamente esa teoría general.

    También es interesante que señales el asunto del “derecho”, pues yo creo (aunque ahora tengo un poco de lío con el asunto) que no está demás señalar que la metáfora tectónica es más útil si aparte de diferenciar entre base y superestructura, diferenciamos entre base, superestructura jurídica y política, y por encima de esta la superestructura cultural e “ideológica”.

    Ahora bien, darle a la base un peso desmedido no está justificado, pues sin ir más lejos, en el mismo Manifiesto Comunista (donde ni mucho menos las aportaciones de Marx estaban aún bien afiladas) se señalan un par de hechos sobreestructurales (como el descubrimiento de América) que tienen una incidencia directa en la transformación de la base económica. O por ejemplo, el desarrollo científico alcanzado en momento histórico determinado es un elemento sobrestructural que una vez objetivado forma al mismo tiempo parte de la base. O bueno, en la descripción de la acumulación primitiva de El Capital, donde esa acumulación se hace con elementos puramente sobrestructurales (la coerción legal y estatal, en concreto). Vamos, y así bastantes ejemplos más que muestran como esa “teoría general”, pillada así chapuceramente, pues puede dar lugar a terribles resultados. Y el “derecho” pues en las sociedades capitalistas pues tiene mucha incidencia. No sé si me atrevería a decir que somos sociedades esencialmente “jurídicas”, o en otras palabras, donde la gran mayoría de las relaciones sociales están “juridificadas” (es decir, una cosa es una relación social, por ejemplo una relación social biológica o cultural, y otra más concreta son las relaciones sociales jurídicas, que se caracterizan en que en esas relaciones sociales aparecen una determinada distribución de derechos y deberes, y donde esos derechos y deberes, y su cumplimiento, se ven garantizados por la posibilidad de recurrir a la coerción del estado, o más en general, el poder político). Siendo ello así, no es descabellado pensar que ese elemento sobrestructural (“lo jurídico”) tiene un peso importante y su sustantividad propia (propia no significa independiente del “hecho económico”, evidentemente. Sin ir más lejos, el derecho y el poder político surgen en aquel momento histórico en que un determinado sistema económico no se aguanta por su propia virtud, y requiere de cierta coerción-aceptación inducida para mantenerlo en pie). Bueno, igual aquí habría que entrar con más detalle sobre el asunto, porque tiene chicha el asunto, pero igual me estoy desviando del tema.

    Así que comparto Miguel contigo esa apreciación de “Lo interesante del fetichismo de la mercancía, frente al binomio base/superestructura, es que se deshace de esa cosa absurda de distinguir entre un adentro y un afuera del modo de producción, asumiendo plenamente que la “ideología” no acompaña al hecho económico como una suerte de vaselina, sino que mana del hecho económico mismo.”, o en otras palabras, el fetichismo de la mercancía ayuda a afinar la comprensión de la metáfora tectónica, o mejor dicho, la complementa de forma que tal concepto/metáfora es más fecunda para el análisis. Quizás yo lo diría así.

    En cuanto a la contraposición del “fetichismo de la mercancía” e “ideología”, pues por ahí creo que también compartimos la misma idea. (Hubiera querido ir párrafo por párrafo y casi frase por frase comentando lo que dichas frases y párrafos me suscitan, pero hubiera sido algo demasiado pesado hacerlo así). Es decir, claro, tú lo dices: “en la forma distorsionada en la que la realidad se presenta ante nosotros”. Eso es en concreto la ideología en el sentido fundado por Marx, falsa representación de la realidad pero más o menos coherente internamente que cierra el paso al conocimiento verdadero (no voy ahora entrar en el uso suave del término ideología, en el sentido de conjunto de valores y propuestas políticas, por ejemplo, que eso no cierra necesariamente el paso al conocimiento verdadero. Ahora no recuerdo quien, creo que el Terry Eagelton ese, que se dedicó a rastrear los diferentes significado de “ideología” que veía por ahí, y rastreó 14-16 diferentes. Así que me quedo sólo con el sentido que estamos tratando de “falsa representación de la realidad”, que junto al otro “suave”, son los dos que a mi resultan fecundos y más me sirven para aclararme).

    Claro, pero si nos fijamos bien, el primer aspecto que hemos de tener en mente si pretendemos una comprensión de las relaciones sociales con un mínimo de intencionalidad científica, no es que las personas tengan “una falsa representación de la realidad” (que algo también, claro), sino sobretodo que las personas, la mayoría aún, ni tan siquiera tiene consciencia de la gran mayoría de las relaciones sociales en las que están implicadas (y en las complejas y laberínticas sociedades actuales, aún más). Es decir, no es un problema tanto de falsa consciencia, sino más bien de ausencia de consciencia. El fetichismo de la mercancía, como bien dices, remite a este punto: las mercancías y sus propiedades se nos presentan como caracteres propios de esa mercancía, cuando realmente, lo que hay detrás, no es una simple ratio de intercambio entre unas mercancías y otras, sino una relación social entre personas que permanece oculta.

    En la otra parte de tu comentario, donde concretas algunas cosas sobre el “fetichismo del trabajo”, pues la verdad es que debería pensar más en todo eso que me comentas, pues me surgen algunas reflexiones que aún no sé bien bien como explicar, y mira que ya llevo un par de días dándole vueltas.

    Por apuntar algo, pues sí, estoy de acuerdo con la parte final con la que terminas cuando dices que “y no es que las revoluciones socialistas de las que hemos sido testigos obviaran totalmente ese objetivo, sino que más bien lo que ha sucedido es que lo han subordinado a otros fines (como el 0mantenimiento de una cierta hegemonía internacional, o el desarrollo económico-industrial intensivo).” Efectivamente. En la URSS, el ejemplo paradigmático, pues se confundió el medio (la industrialización a saco) con el fin (que no es trabajar, como dices, sino “vivir de otra manera”), y ese medio, la industrialización, devino en un fin (casi “el único fin”), llevándose por delante esa posibilidad de “vivir de otra manera”. En todo esto hay algo de, digamos, “contaminación que la lectura reformista ha hecho de Marx”, hasta llegar a hacerse una cutre apología del trabajo asalariado, y que Marx, si recuerdo bien, en la Crítica al Programa de Gotha se vio obligado a puntualizar que el trabajo asalariado no es la panacea que arregla todos los males (y bueno, en la URSS no había un “mercado de trabajo”, pero sí que se trabajaba a cambio de un salario). Esto remite, creo, a otro asunto, al tema del excedente económico y el sobretrabajo, y donde cierto marxismo creo que lo ha tenido claro: en el capitalismo el sobretrabajo apropiado por el capitalista refuerza las herramientas de dominación del capitalita. En el socialismo también hay un sobretrabajo y un excedente, pero ese sobretrabajo es para emancipar a la sociedad y a las personas de las causas que la hacen desgraciada, o en otras palabras: para poner las bases del auto-gobierno emancipatorio. Pero la sociedad socialista no es una maravilla ni podemos sostener que lo sea (en eso no vale autoengañarse) ni tampoco está justificado suponer que el paso de la sociedad capitalista a la socialista pueda ser algo que se haga rápidamente. Ojo, tampoco con eso quiero decir que se deban “aplazar” ciertas prácticas alternativas, sobretodo en el ámbito cultural y de la cotidianidad, para cuando lleguemos al “comunismo” o el socialismo esté afianzado. Al contrario, pues muchas de esas prácticas han de ser introducidas en el presente. Bueno bueno, que me voy por las ramas.

    Tengo que pensar, como decía, en algunos de los puntos que señalas en esa parte final del comentario tuyo, pero no sé yo si esto es de interés para ti y como dices interés para otros lectores de tú blog, y me queda la duda. Además, ahora veo que tienes artículo nuevo, así que igual el tema ya está agotado, e igual los lectores y lectoras estarán más interesados en ese nuevo artículo. En todo caso, pues si veo que puedo aportar algo más en relación a estos puntos que aún no tengo del todo claro, pues lo haré, no creo que nadie se moleste por ello, jeje.

    Un abrazo pues, y voy a leerme eso de la “profesionalización política”, que tiene su polémica el asunto, sin duda, con unos pro y contras de peso.

    • Miguel León dijo:

      Querido amigo,

      Ante todo, garantizarte que estos intercambios a mí personalmente me parecen fantásticos. Llegados a este punto, no sé cuántos nos leen y no creo que sean muchos (aapilanez, que comenta más arriba, parece que está atento), pero oye, mal tampoco está. Un día alguien buscará en Google fetichismo del trabajo y puede que se encuentre con estos mensajes. Quién sabe… Además, tengo que reconocerte que he dedicado un montón de horas a leer a Marx y comparativamente he escrito muy poco sobre el tema (entre otras cosas porque no creo que un marxólogo joven -yo lo soy- pueda presentarse públicamente como tal sin saber alemán -y yo no sé-) , así que me das una buena excusa para hacerlo…

      Dos cositas muy breves. La primera sobre la “metáfora” base/superestructura. Fíjate que hemos apenas dado dos pasitos para hacer algo útil con eso y ya estamos hablando (te cito) de “superestructura jurídica y política, y por encima de esta la superestructura cultural e ‘ideológica'”. Si para hacer operativa una metáfora tenemos que empezar a hacer esas maniobras, es que la metáfora se nos está rompiendo, ¿no crees? Y desde luego me echo las manos a la cabeza si, al hilo de esa metáfora, consideramos la coerción legal y estatal como “elementos puramente sobrestructurales”. Ojo, estoy de acuerdo contigo en que la metáfora nos lleva por ese camino, pero creo que Marx mismo tenía muy claro que no había que ir por ahí y, además, me da relativamente igual lo que pensara Marx: yo creo que no hay que ir por ahí. La coerción es “básica” (de base), porque el derecho (no como código escrito, pero sí como “nomos”) es “básico” también. En fin, que todo son problemas, y Engels, pobrecito mío, era el único que podía hacerse cargo del legado de Marx, pero no necesariamente lo hizo bien siempre.

      En relación con el fetichismo y la consciencia, un apunte importante: en mi explicación anterior me he centrado demasiado en la vertiente epistemológica del asunto; el fetichismo es un problema más práctico que epistemológico (es epistemológico porque es práctico). Marx dice “no lo saben, pero lo hacen”, y lo curioso es que incluso si lo sabemos (tú y yo hemos leído a Marx) seguimos actuando de la misma manera. En ese punto la noción de fetichismo también “supera” la de ideología, porque la crítica de la “falsa conciencia” es todavía demasiado ilustrada: si sabes, puedes. Pero está claro que no es tan sencillo, y por eso la noción de fetichismo es tan interesante. Con la falsa conciencia no explicas las neurosis, no explicas por qué alguien que sabe cómo funciona el mundo no tiene automáticamente la capacidad para transformarlo.

      Cierro con una recomendación bibliográfica: Pierre Rolle, “De la revolución del trabajo al trabajo revolucionado”, editado por Traficantes de Sueños. Es un estudio sobre el trabajo en la Unión Soviética, que depende de una importante escuela de sociólogos marxistas muy finos comandados por Pierre Naville. Una de las tesis de Rolle es que en la Unión Soviética de hecho había un mercado de trabajo (sui generis, pero lo había).

      • Floz dijo:

        Pues sí Miguel. ¿Yo he dicho eso de “la coerción jurídica y estatal como elementos puramente superestructurales? Sí, lo he dicho, en un patinazo de esos, pues me he pasado por el forro eso que tú decías en tú comentario, y que comparto, con aquello de “esa cosa absurda de distinguir entre un adentro y un afuera del modo de producción”, que bueno, desde el punto de vista de la “metáfora”, sería como diferenciar entre un “arriba” y un “abajo”, y como que no. Lo que quería decir es que ese elemento supuestamente superestructural era “básico” para forzar la transformación del sistema social, tal y como se ve en la “acumulación originaria”.

        Igual me acabas de convencer de que lo de base/superestructura no es tan fecundo como yo defendía en mi comentario. Y digo igual porque de hecho yo no suelo utilizar esa metáfora de la base/superestructura. Yo casi siempre tiro del poder económico, poder político, poder cultural y simbólico y el poder militar, y como se combinan en un determinado proceso, donde ninguno de estos “poderes” se da en el mundo real de forma aislada, sino que casi todos esos poderes conceptualmente diferenciados, de una forma u otra, participan de los otros. Un ejemplo es el poder militar, pues… ¿es poder militar o es poder cultural? Pues saber fabricar bombas nucleares viene más bien de las capacidades técnicas de una determinada cultura, por ejemplo. O la superioridad militar que implicó en su día la doma y el uso de caballos en la guerra, otro tanto. En fin, no hablo de lo mismo cuando hablo del poder que cuando hablo de base/superestructura, pero la comparación igual vale. Lo que quiero decir es que cuando analizo y pienso en los fundamentos del poder, no pongo a uno por encima del otro ni establezco jerarquías a priori entre ellos. E igual ahí está el problema de calificar a las relaciones de producción de “base”, que ya te está diciendo que eso es “la base” y el resto no. Está claro que si, como te decía, somos sociedades esencialmente jurídicas, pues está claro que eso es “básico”.

        En cuanto a eso de si la metáfora se nos rompe, bueno, que se nos rompa, eso no me preocupa, ya construiremos otra, jeje, que de eso se trata en parte, no? de construirnos herramientas para orientar la práctica política. Y bueno, comparto la idea de que el bueno de Engels no era el mejor para hacer una buena higiene del marxismo. Recuerdo que en su día, esa carta de Engels me gustó por la forma en que matizaba el asunto, pero hace ya años y ahora tampoco recuerdo con detalle.

        Quizás todo esto tiene que ver con cierto “progresismo” que está incrustado en los más hondo de la reflexión de Marx y Engels, y que por ahí se tiene que hacer higiene, aunque en este punto me estoy tirando un poquito a la piscina. Tengo ahí unos libros del Walter Benjamin que cuando termine con el Bourdieu, a ver si me aclaran algo al respecto. Algo he leído del Benjamin, pero aún me quedan un buen puñado de textos por leer. No sé si compartes tú el interés por Benjamín. Yo lo que he leido hasta ahora me parece fantástico.

        En cuanto a tu “apunte importante” sobre el fetichismo y la consciencia, pues me ha gustado ese apunte y me ha aclarado bastante lo que quieres decir. Pensaré en ello.

        Y en lo de que en la URSS sí que había un mercado de trabajo, que sostiene el Pierre Rolle, lo puedo compartir. Lo que no había en la URSS, por precisar un poco y diferenciarlo del capitalismo, es la “igualdad jurídica privada” (que se da esencialmente en la subjetividad de las personas, o en otras palabras: la construcción mental que se ha de dar en las personas como requisito previo para el tráfico mercantil). Y la igualdad jurídica privada es una pieza fundamental, creo, en el capitalismo, y que entiendo que es una de las diferencias fundamentales entre el sistema capitalista y el “socialismo” que había en la URSS. En todo caso, tomo no nota de esa recomendación de lectura.

        Lo que no entiendo es eso que me dices de la necesidad de saber alemán y que me lo relaciones con ser jóven (yo tengo 30 y pocos, unos pocos más que tú creo, y no me veo aprendiendo alemán, jeje).

        Bueno, tú estás bastante más leído que yo. Para mi estos debates son muy estimulantes, pero si dices que para tí también son interesantes, ya me quedo más tranquilo.

        A ver si te dejo algún comentario en el de la profesionalización de la política, y te comento algo de mi experiencia con los “profesionales de izquierda”, porque tela telita con algunos (que no eran pocos). El día en que un jefecillo me dijo que “es que fuera de las instituciones hace mucho frio, tienes que entenderlo Floz”, envié la militancia “formal” a tomar por el saco (y el partido no era precisamente el PSOE, claro). A ver si ahora va a resultar que la lucha contra las injusticias estructurales y sistemáticas va a ser un crucero de lujo, no jodamos.

        Un abrazo, Miguel.

        • Miguel León dijo:

          No me malinterpretes, Floz (o perdona si he malescrito).

          Sólo digo que a estas alturas del partido, si hay que mantener el rigor académico y ya que las oportunidades para aprender alemán en España son probablemente muchas más que en los 70, yo no me voy a atrever a ir por ahí sentando cátedra en marxología. No digo que sea imprescindible saber alemán para leer bien a Marx, porque por fortuna tenemos El Capital traducido por Scarón y publicado por Siglo XXI y esa sigue siendo, que yo sepa, la mejor edición crítica de la Crítica de la Economía Política en una lengua distinta del alemán; de hecho, mi guía en la lectura de Marx no sabe alemán, si bien presta mucha atención a los argumentos filológicos que tiene a su disposición a través de otras fuentes, y es un marxólogo de altísimo nivel en un país donde no es frecuente saber alemán y mucho menos entre la gente de su generación. Es más: su lectura es con frecuencia mucho más precisa que la de unos cuantos de esos marxólogos que saben alemán y que pululan por ahí.

          En lo que se refiere a mí mismo, repito lo que ya he dicho: he sido, hasta donde he llegado y gracias a quien me ha guiado en el esfuerzo, un lector muy serio de Marx. De hecho podría polemizar (he polemizado) con mis queridos marxólogos sin salir mal parado. Pero claro, luego cojo los estudios preliminares que se está marcando Nicolás González Varela y se me cae la baba. Por eso digo que ser marxólogo es algo distinto de leer seriamente a Marx, y en este momento, con la nueva MEGA en danza, es de vital importancia saber alemán. Alguien que ya tiene su carrera hecha puede permitirse el lujo de obviar ese detalle, pero los que somos jóvenes (y efectivamente me sacas algunos años) no tenemos más remedio que apencar, si de “marxologizar” se trata. Algún día, si entre unas cosas y otras consigo sacar adelante la tesis que me trae de cabeza (y que no es sobre Marx ni sobre nada escrito en alemán), tal vez llegue el momento de ponerme en serio a estudiar la lengua de Goethe. En fin, todo se andará…

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