Gibraltar: gaticos y monetes

Alguno dirá que somos insensatos en busca de problemas, otros que somos intrépidos sedientos de aventura, y no faltarán quienes sugieran que teníamos mejores formas de emplear nuestras vacaciones. Pero a pesar de que hemos viajado en un momento de tensiones diplomáticas y putaditas fronterizas, a pesar de que el Peñón no tiene por qué parecer un lugar interesante, lo cierto es que nuestra escapada a Gibraltar no ha sido solamente tranquila sino además muy entretenida. Valgan estas líneas para dar una mínima muestra de ello.

Domingo 4. Nueve de la noche. Un autobús lleno de marroquíes en ayunas que viajan a Algeciras lleva también a dos intrépidos polizontes. Destino: La Línea de la Concepción. Corrijo: la cochambrosa estación de autobuses de La Línea de la Concepción. Objetivo: Gibraltar. Nos quedamos hasta el Jueves 8; a las nueve y media (pasadas, porque hubo retraso) un autobús con más plazas libres sale de vuelta hacia Madrid desde la (todavía cochambrosa, aunque al menos ya no había truños en el suelo) estación de autobuses de La Línea de la Concepción.

Entre medias cuatro días de turisteo que voy a desglosar aquí por orden más temático que cronológico. Prepárense los lectores para comercio (y hasta cierto punto bebercio) de calidad, turismo cultureta y de montaña, dialectos extraños, y… monos. Muchos monos.

Pero antes una nota para quienes realmente esperan sacar algo útil de esto. Sé, porque las estadísticas de WordPress me lo cuentan todo, que mi relato de los días que pasamos en Bangkok es especialmente visitado por futuros visitantes en busca de un mapa. Y sé, porque no soy imbécil, que de hecho el mapa que encuentran en este blog es una mierda. También sé, porque lo hemos sufrido en nuestras carnes, que no hay un puñetero mapa decente de Gibraltar en Internet; y de hecho luego los centros de información turística y los hoteles tienen sus mapas turísticos, que son todos igual de horteras, igual de sobrecargados de publicidad, igual de útiles para ciertas cosas, pero aun así de su padre y de su madre. Por todos esos motivos, y con el permiso de su creadora, Émilie, aquí tenéis, lectores en busca de un plano decente de Gibraltar, una obra maestra hecha con mucha paciencia y toneladas de habilidad a partir del material que proporciona GoogleMaps.

GIB PLANSi os interesan los lugares que se pueden visitar, los restaurantes chachis en los que se puede comer, datos sobre EL hotel de precio razonable donde os podéis quedar… seguid leyendo. Si no, pues por lo menos ya os lleváis un mapa en condiciones.

Usos y costumbres de Gibraltar y sus gentes

La Main Street de Gibraltar no es más que un inacabable Duty Free donde los turistas compran fundamentalmente tabaco, alcohol y cacharritos electrónicos. Una parte importante de los turistas que pisan Gibraltar van exclusivamente a eso; otros tantos van a eso y a hacer en una hora y metidos en un minibus el recorrido por la montaña que nosotros hicimos, como es debido, en 4 o 5 horas.

En cierto modo es esa lógica del Duty Free la que ordena la vida del centro de Gibraltar, porque las tiendas (y algunos bares-restaurantes) abren de 10:00 a 18:00, sabiendo que las hordas de turistas llegan en torno a las 11:00. Antes de las 10:00, un redundante equipo de limpieza pasará cinco veces por la Main Street y sus aledaños limpiando con coche-aspiradora, con coche-manguera, con coche-cepillo. Unos fulanos se encargarán de recoger las colillas y porquerías que los turistas tiran al pie de los arbolitos que hay en la calle.

A partir de las 18:00, por tanto, el centro se queda desierto, y durante unas horas Gibraltar parece una ciudad-fantasma. Pero en torno a las 22:00, y hasta la 01:00 o las 02:00, lo repuebla el ejército de gambiteros locales, que beben como británicos y gritan como españoles.

Cuando uno pasa en Gibraltar unas cuantas horas y presta un poco de atención es fácil darse cuenta de hasta qué punto conviven en un espacio tan pequeño grupos de población extremadamente distintos: están los ingleses, tirando a rubios y a rojo cangrejo, con un nivel de español entre medio y bajo, que serán como mucho inmigrantes de segunda generación; están los magrebíes, encantadores en su inmensa mayoría, y donde de nuevo se puede distinguir entre los viejos, que llevan en el Peñón toda su vida, y los que han llegado de forma más reciente; están los españoles-llanitos, donde se distingue de nuevo entre los viejos del lugar y la población más joven (haber vivido o no en Gibraltar mientras la frontera estaba cerrada desde luego marca una diferencia que es casi visible). También hay una población relevante de judíos (reconocidos siempre por sus kippas), probablemente gibraltareños de origen (o tal vez británicos), porque prácticamente todos parecían hablar exclusivamente inglés; y vimos a algunos italo-malteses.

El llanito, si bien existe, es menos frecuente de lo que se podría pensar. La lengua que más tiempo hemos hablado es el inglés, puesto que si bien puede ocurrir que encontremos a alguien que habla inglés pero no castellano, lo contrario difícilmente va a suceder. Lo que sí vimos, sin embargo, es que muchos nativos ingleses que hablan en inglés con los turistas después emplean un perfecto andaluz para comunicarse con amigos o compañeros de trabajo. Durante nuestro viaje hemos oído cosas como: “See you mañana”, “G’d mornin’! ¿Qué tal guapa?”, “Me llevo uno de ehtos along with this one; te los pongo aquí”, o “Él noh dijo que, one way or another, íbamoh a tené que hasel-lo”. Si queréis comprobar por vosotros mismos cómo suena el llanito, podéis mirar Pepe’s Pot, un programa de cocina emitido por la tele local.

Dónde alojarse

Como pensábamos que podía haber lío en la frontera (y nos equivocamos: son los coches los que tienen el verdadero problema; quienes cruzan andando pasan como Pedro por su casa), y como tampoco teníamos un cálculo realista de las distancias, pensamos (y creo que no hemos cambiado de idea) que era mucho más cómodo buscar alojamiento en Gibraltar mismo. Ahora bien, entre que la oferta hotelera no es demasiado alta y que la moneda de uso es la libra esterlina, todo sale más bien caro.

Después de echar un ojo a los comentarios en TripAdvisor y consultar los precios en las webs de los hoteles, llegamos a la conclusión de que el único hostal de Gibraltar, el Emile Hostel, podía ser descartado por cutre, y de que por tanto el Cannon Hotel, el más parecido a un hostal sin serlo, era la mejor opción. Y tal vez nos equivocamos. Nuestra elección tuvo tres puntos positivos y tres negativos: los positivos son su ubicación, el desayuno inglés incluído en el precio y el trato con el personal del hotel (todos fueron amables); los negativos son el ruido (nuestra habitación daba directamente a la calle y por tanto teníamos el ruido de los gambiteros locales, el de las máquinas de limpieza y el de los turistas), la calidad de las camas (nuestro colchón era más blando que la mierda de pavo) y un puntito de mala suerte (cogimos una habitación sin baño con tan mala pata que el baño común más cercano estuvo fuera de servicio tres días de cuatro porque unos albañiles se pusieron a arreglarlo). Para próximas ocasiones, y si nos quedáramos en Gibraltar tiempo suficiente, lo mejor sería probablemente optar por un alquiler (más barato que un hotel bling-bling) o atreverse con el Emile Hostel, aunque no sé con qué resultados…

Qué comer y/o beber

Cuando estábamos preparando el viaje teníamos en la cabeza dos cosas: por un lado, que no hay nada más terrible en Inglaterra que la comida local; por otro, que además de mala en los sitios turísticos puede ser la hostia de cara. Por esos dos motivos buscamos restaurantes baratitos y con cartas alejadas de las jacket potatos y los fish&chips. Teniendo en cuenta, una vez más, las propuestas de TripAdvisor, y nuestro propio instinto, hicimos una lista de restaurantes y terminamos yendo a prácticamente todos, excluyendo alguno que nos resultó demasiado caro (“El Patio”) y otros que estaban cerrados por vacaciones (“Marrakech” y “Sammy Thai”).

A partir de ahí, nuestras recomendaciones son, por orden de preferencia, las siguientes:

Sai Darbar. Prince Edward Road nº 6. Restaurante (más bien takeaway) indio vegetariano. Baratísimo, la comida es deliciosa y el dueño es encantador. Además, tiene la ventaja de que al estar un poco apartado de Main Street no depende de los horarios de visita de los turistas y es una opción genial para comer a cualquier hora del día.

Moroccan Restaurant. Turnbull’s Lane. El dueño de este pequeño restaurante es un viejo tangerino extremadamente amable y que además prepara una comida excelente y, de nuevo, a muy buen precio. Conversación agradable con discurso de clase (“Pobre va con pobre”) incluído en el precio.

Cafe Rojo. Irish Town. Este es el sitio para marcarse una cenita o un almuerzo con un poco más de nivel sin dejarse el riñón por el camino. El único “problema” es, si acaso, que los encargados del restaurante son conscientes de que el nivel de un restaurante no depende de sus precios sino de la calidad de su comida y de su servicio. Dos personas pueden comer decentemente y con un vino de calidad media (en esa carta no hay vinos de calidad baja) por unas 20 libras, pero por ese precio en Madrid es difícil encontrar un sitio donde haya dos pares de cubiertos por comensal y donde el camarero te deja catar el vino antes de plantarte la botella en la mesa. Tuvieron además un detalle impensable en la meseta: servirnos, junto con el vino, dos botellas de agua mineral y no cobrarlas. No sabíamos exactamente a qué nos enfrentábamos y por eso creo que nos sentimos un poco incómodos con nuestro aire playero, pero el sitio es desde luego una delicia si se va a Gibraltar para algo más que para ver macacos.

Para tomar cervecitas o refrescos os valen los bares que hay en Main Street o en Casemates Square. En la mayor parte de los sitios, si de lo que se trata es de picar algo que no sea especialmente graso, te sirven sandwiches con hasta tres ingredientes a un precio razonable (el “Latino’s”, en Casemates Square, tiene además algunos bocadillos a buen precio y con recetas interesantes -nosotros probamos uno de pollo con salsa de curry). El único gran problema puede ser encontrar un café decente, porque los anglosajones tienden a servirte esa especie de aguachirri que lo único que hace es corroerte las papilas gustativas y desatascarte el intestino (el Gibraltar Arms, en Main Street, es, por ejemplo, uno de esos sitios donde es mejor no pedir café). Hay al menos un café en Main Street, muy cerca de la catedral, donde el café es decente: “The Royal Calpe”. Tienen además un patio interior perfecto para descansar un ratito tomando algo y, si se tercia, charlando o leyendo un libro.

Añado aquí además un aviso a navegantes, porque es en los restaurantes y los bares donde el asunto resulta especialmente sangrantes: los turistas que van a Gibraltar para pasar allí únicamente unas horas están tentados de no pasar por las oficinas de cambio y pagar en euros allí donde se pueda porque es más cómodo. ¡Error! El cambio ahora mismo es 1 libra = 1,20 euros; en los restaurantes hemos llegado a ver, en la versión de la cuenta en euros, un cambio de 1,60.  Esto quiere decir que si por una pinta de cerveza te piden, por ejemplo, 3 libras, la cuenta en euros no es 3,60 sino 4,80.

Turisteo

Y por fin vamos con lo que realmente nos atraía de Gibraltar, porque allí comimos muy bien y pudimos haber dormido mejor, pero ese no era nuestro principal objetivo.

La Reserva Natural. Empezamos por ella porque es, al final, la principal atracción turística. Se puede subir andando, desde luego, pero lo más razonable es probablemente pagar el teleférico de ida para llegar a la cima y bajar progresivamente a lo largo del día mientras se van visitando, de arriba hacia abajo, los diferentes lugares de interés a los que la entrada en la Reserva da acceso. Como he dicho antes, existe la posibilidad de hacer el recorrido en minibuses, lo cual le ahorra al turista las horas de caminata (las cuestas son especialmente molestas), pero por otro lado es una idea que restringe mucho el tiempo de visita. Si, como dice mi querido Schopenhauer, los turistas “dejan su impronta” en los lugares que visitan dado que dichos lugares “no dejan ninga en ellos”, entonces solamente unos pocos visitantes de otro estilo optarán, como nosotros, por dedicar varias horas a la reserva y hacer algo de glúteos subiendo y bajando cuestas.

Probablemente la estrella de la reserva son los monos gibraltareños, que posan como gatos para los turistas y, de vez en cuando, si creen ver algo interesante en nuestras mochilas, pueden hacer una trastada. Generalmente, de todas maneras, mantienen una distancia de seguridad que se agradece porque, en caso de conflicto, ellos arañan, muerden, y trepan. De todas formas, es posible estar bastante cerca de ellos sin peligro, y si uno es paciente y observa durante un rato a los grupos de monos puede jugar a ser primatólogo durante unos minutos y alucinar con la “humanidad” de esos pequeños peludos. Si ese es vuestro interés, huíd de los minibuses: los cacharros asustan a los monos más pequeños y por tanto ponen de a la defensiva a los papis (especialmente a las hembras), y además suele suceder que los turistas más estúpidos, los que menos respetan a estos animales, son los que optan por el recorrido motorizado.

Aunque a media altura en la montaña se encuentra la “Guarida de los monos”, de hecho los monos circulan con total libertad por el Peñón, de manera que es posible encontrarse con algún adulto cerca del centro y, desde luego, con familias enteras en cualquier punto de la reserva.

Familia de monos

Familia de monos

La siguiente gran estrella es, sin duda, la cueva de San Miguel, una de las múltiples cuevas naturales que existen en Gibraltar y probablemente la única que puede ser visitada por todos los que no son espeleólogos experimentados.

Cueva de San Miguel

Cueva de San Miguel

Existe la posibilidad de visitar también la zona baja de esa cueva si se acuerda la visita con uno de los guías turísticos. Para hacerlo es necesario contactar con la oficina de turismo de Gibraltar (information@tourism.gov.gi), que os reenviará la lista de guías con los que es posible contactar. El único problema es que hacen falta como mínimo cinco turistas para que se forme un grupo y el guía se ponga manos a la obra: lamentablemente, no hay muchos turistas que sepan de la existencia de la “lower cave”, y a partir de ahí son muy pocos los interesados en pasar tres horas de su precioso día de shopping bajo tierra. Por tanto, si realmente os interesa visitar esa cueva, lo mejor es que intentéis formar el grupo de antemano (tal vez haya algún foro habilitado para tal efecto) o que os busquéis un grupete de colegas que quieran acompañaros a Gibraltar para que seáis, por vosotros mismos, un grupo suficientemente grande.

Bajando desde la estación de teleférico hacia la cueva de San Miguel hay otros dos lugares de interés a los que se puede, como poco, echar un vistazo. El primero son los “Mediterranean Steps”, una vieja vía de acceso a la cima desde el pie de la montaña a través de una larga escalera de piedra que asciende por la cara este de la montaña. Un cartel te avisa en la cima de que la escalera está tal y como la mantiene la naturaleza y que, por tanto, si te despeñas es tu problema. Además, el sol casca de lo lindo y cinco minutos en la escalera bastan para deshidratar a cualquiera. Sea temprano por la mañana o a última hora de la tarde el camino, hasta donde pudimos ver, parece practicable. Otra cosa es que uno tenga ganas…

Mediterranean steps

Mediterranean steps

El segundo es la O’Hara’s Battery. Hay muchas baterías militares visitables en Gibraltar, y al final, por una cuestión de tiempo y también para no saturarnos, nosotros visitamos dos que son especialmente interesantes, aunque puede ser que todas ellas tengan algo que las haga únicas. Una es la que ahora mencionamos, y que se supone que es el punto más alto de la montaña al que un civil puede tener acceso (hay otros puntos elevados, por supuesto, y puede que alguno a más altura, pero están todos bajo control militar); lo más interesante es que la infraestructura de la batería es visitable y está prácticamente intacta, de manera que es posible ver el instrumental que hacía falta a mediados del siglo XX para operar un cañón de ese calibre. La otra, que no está en la reserva pero aprovechamos para mencionarla igualmente, es el “100 Ton Gun”, una especie de “Gran Berta” situado en la costa oeste del Peñón. Para visitar ambas baterías es necesario pagar una entrada; creo que en los dos casos fueron dos libras.

Si seguimos descendiendo, y una vez dejamos atrás la “Guarida de los monos”, hay tres atracciones más que nosotros visitamos y que sin duda son recomendables. Se trata, por un lado, de los túneles militares y, por el otro, de la Torre del Homenaje que formaba parte de la fortaleza árabe.

La parte visitable de los túneles está dividida en dos partes. Una es “Los túneles del Gran Asedio”, y está centrada en los trabajos de ingeniería militar realizados en el siglo XVIII. Hay figuritas de cera, explicaciones históricas interesantes y, sobre todo, un recorrido de túneles donde se está bien fresquito y se puede descansar un rato a la sombrita. Otra es “Los túneles de la Segunda Guerra Mundial”; en este caso la visita es guiada y, además, la entrada hay que pagarla aparte (como en O’Hara’s Battery). Son 8 libras, pero la verdad es que los guías hacen un buen trabajo y además el recorrido vale la pena. Según las informaciones que nos dió la guía, la parte visitable de los túneles es solamente el 1% del total, y ella, gracias a su profesión, ha podido visitar hasta un 5%, pero no más. Al final del recorrido se muestran dos mapas con el trazado completo de túneles; ambos han sido convenientemente fotografiados, ya que es la mejor forma de que os hagáis una idea.

Los túneles de Gibraltar

Los túneles de Gibraltar

A partir de ahí, no se tarda mucho en salir de la reserva y en aproximadamente media hora uno está de nuevo en el centro. Hay otros puntos de interés en la reserva, pero probablemente es difícil ver absolutamente todo en una sola visita.

El jardín botánico y el parque de animales exóticos. Cerca del centro de Gibraltar y al lado de la estación más baja del teleférico se encuentra el Jardín Botánico de Gibraltar, que está siendo progresivamente remodelado y adecentado y en cuyo interior podemos visitar un pequeño refugio donde se cuida y muestra al público a un grupo de animales exóticos rescatados de las redes de tráfico de animales.

Jardín botánico

Jardín botánico

El museo de Gibraltar. Situado junto a un yacimiento arqueológico donde podemos ver un conjunto de pozos construidos en varios momentos históricos, el museo de Gibraltar es un edificio pequeño y absolutamente sobrecargado donde encontramos desde herramientas de piedra fabricadas por neandertales hasta cuadros pintados en el siglo XIX pasando por joyas fenicias, anclas romanas y armas de fuego inglesas. Vale la pena detenerse un ratito en visitarlo y la entrada no es muy cara (también unas dos libras).

La Garrison Library. Esta es una pequeña joya para bibliófilos que visitamos el jueves por la mañana. Se trata de una librería antigua, con un mobiliario excepcional, y cuyos fondos tienen que ver básicamente con cuestiones militares. Además, el patio-jardín de la biblioteca es hermosísimo.

Las playas. Solamente pasamos un ratito tomando el sol y disfrutando del mar, de manera que todo lo que puedo decir es que las playas son pequeñas y por tanto tienden a estar, como en toda la costa española, demasiado llenas. Por lo demás, probablemente vale más la pena visitar las playas del lado oriental (Eastern Beach, Catalan Bay, y Sandy Bay) que las del oeste, ya que las primeras son más espaciosas y de arena mientras que las segundas son más estrechas y de piedra.

***

Dadas las circunstancias en que nos encontramos, parece obligatorio decir algo sobre la españolidad de Gibraltar, así que aprovecharé tal obligación para cerrar esta crónica turísitica.

He de decir que, dada la importancia estratégica de Gibraltar, me desagrada la obstinación británica por conservar su influencia sobre el Peñón tanto como la fantasía española de que la solución a los males del país tiene algo que ver con ese apéndice de tierra. Al mismo tiempo, sin embargo, he de reconocer que el argumentario jurídico de ambos lados tiene su interés y que la interpretación española, aunque enrevesada, puede tener su sentido; todo sería más fácil si las autoridades españolas no fueran tan contradictorias en sus acciones tanto en lo que se refiere a Gibraltar como en lo que tiene que ver con dos “exclaves” españoles (Ceuta y Melilla) cuya situación jurídica no es tan distinta a la del Peñón.

En cualquier caso, independientemente de si Gibraltar es español, británico, o por encima de todo andaluz, como turista solamente puedo decir que es una fortuna que en la Península Ibérica queden todavía lugares en los que, como en Gibraltar, en el Monasterio de Piedra, en los rincones más bellos de Galicia… la naturaleza aún puede exhibir su belleza sin que nos esforcemos automáticamente por estropearla.

Como siempre, en cuanto pueda subirlas, habrá más fotos aquí.

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