Viaje a Oriente (III): Carretera y manta

Excursus biográfico:

Si bien durante los últimos meses he recibido un número significativo de visitas vinculadas al turismo en Bangkok, sospecho que mis andanzas orientales no están teniendo demasiado éxito entre mis lectores (que sois pocos, pero sois, y en último término me debo a vosotros). Probablemente hay dos motivos claros que explican esa presunta falta de interés: por un lado, que doy demasiados detalles que en último término no os interesan en absoluto; por otro, que yo mismo he dilatado tanto la publicación completa de la crónica del viaje que sin duda parece que a mí mismo no me interesa demasiado lo que os cuento. Lo primero tiene posibilidades de ser cierto, y lo segundo es verdaderamente así.

Durante los últimos meses he escrito poco y mal. Varias cuestiones importantes y ajenas a mi vida digital me han obligado a no prestar demasiada atención a este espacio. Que no haya compartido pensamientos con vosotros no quiere decir que no haya pensado, pero sí hace evidente que no he tenido el tiempo o las ganas de ponerme a escribir sobre ello, y sin embargo pululan por ahí cuestiones importantes sobre las que me apetece escribir más que sobre Laos. Hay, por ejemplo, algún artículo en danza que quiero cerrar, una traducción que no puedo demorarme más en entregar, varios temas “de actualidad” sobre los que me gustaría haber reflexionado aquí, e incluso un proyectillo de novela atascado. Hay cómics que quiero leer y comentar, y películas que quiero destripar. Y sin embargo todo eso estaba de alguna medida taponado porque cada vez que me planteaba crear una nueva entrada en este blog me asaltaba el mismo pensamiento: “no olvides que la crónica del viaje a Laos está por terminar”. Al final supongo que es la inminencia de otro viaje (a principios de Agosto nos escaparemos unos días a Gibraltar) lo que me ha impulsado definitivamente a resolver lo que quedaba. Ojalá que una vez superado este período de turbulencias el blog pueda recuperar un cierto ritmo. Yo necesito escribir, y quiero pensar que a vosotros os gusta leerme.

***

Si en la entrega anterior de esta crónica me centré en Luangprabang, ahora solamente quiero añadir algunas notas sobre lo que visitamos fuera de Luangprabang. Dejando a un lado el viaje por carretera, del que ya di alguna información, hay tres sitios de los que puedo decir alguna cosa: el parque de elefantes; la Llanura de las Jarras, en Xiangkhoang; las cuevas de Vang Vieng; y Vientián. Voy a limitarme a hacer unos pocos comentarios y a compartir algunas de las fotos, creo que es lo único que tiene sentido hacer ahora que ya han pasado más de seis meses desde que hice el viaje (mi memoria, además, es horrible, y me he dado cuenta de que si no voy con cuidado puedo confundir días y lugares…).

mapa del viajeEl parque de elefantes. No se dónde está exactamente ni cual es su nombre, pero tampoco hace mucha falta. Por motivos que no vienen al caso, el viaje estuvo marcado por ciertos momentos incomprensibles en los que hicimos lo que preferíamos no hacer y elegimos lo que deberíamos no haber elegido. Esta es una de ellas. Solamente puedo decir que cerca de Luangprabang hay sitios como este, donde uno hace una cola tremenda para pasear con unos elefantes por un circuito preestablecido que no tiene demasiada gracia (aunque tiene el plus de que uno puede bañarse con el paquidermo en una piscina natural de agua helada). Frente a eso, también hay otros lugares (a una distancia similar de la capital histórica) donde uno puede hacer circuitos más largos en los que ir en elefante tiene realmente sentido porque son lugares difícilmente accesibles a pie. Frente a lo chorra que puede resultar lo primero, yo recomendaría lo segundo.

Turistas montando en elefante

La Llanura de las Jarras. Es sin lugar a dudas lo más sorprendente que vimos durante nuestro viaje por carretera desde Luangprabang hasta Vientián, si bien se agradecería que la Unesco, que ha declarado este yacimiento megalítico (y otros similares que hay en la región) Patrimonio de la Humanidad, hiciera algo más por conservar el sitio y documentar lo que contiene, que no es poca cosa. No se trata solamente de que haya enormes recipientes de piedra repartidos en una gran llanura, sino que algunos de ellos contienen relieves que apuntan a un trabajo de talla de la piedra todavía más impresionante. Yo, que no tengo ni idea del tema, apuesto a que el centro simbólico del yacimiento que visitamos es la cueva que se encuentra en él (una cueva en la que, por cierto, creímos ver alguna pintura rupestre muy muy desgastada), y a que el sentido general del lugar tenía algo que ver con la estación de lluvias. Para quien tenga tiempo, se supone que hay otro yacimiento todavía más impresionante al que solamente se puede acceder tras un par de días de marcha a pie.

Jarras de piedra milenarias

Después de visitar el yacimiento, dormimos en un hotelito cerca de la frontera con Vietnam donde, a la mañana siguiente, pudimos visitar un manantial natural. El agua está a 100º C en el centro del manantial, y el ambiente natural que lo rodea casi le da al visitante la sensación de haber viajado en el tiempo; yo, que me dejo llevar, pensé que un dinosaurio no iba a tardar en salirnos al paso.

Manantial de agua termal

Vang Vieng. Si bien las cuevas que visitamos no eran nada del otro mundo (probablemente hay otras cuevas mucho más interesantes pero que requieren cierto equipamiento de espeleología que nosotros no teníamos), el paisaje es abrumadoramente hermoso. La zona hasta hace unos años no tenía muy buena fama porque habían proliferado negocios destinados a proporcionar divertimentos temerarios a turistas con elevadas dosis de alcohol y otras sustancias en sangre, pero ahora la cosa ha mejorado bastante y el lugar tiene muchísimo encanto.

Vang Vieng

Al seguir la ruta desde allí hacia Vientián, hicimos una parada junto a un casino para ver desde allí el pantano de Nam Ngum. Después, comimos en un restaurante flotante donde la comida no era fantástica pero el lugar lo compensaba todo.

Restaurante flotante

Vientián. El ambiente urbano recuerda bastante al de Bangkok, si bien me pareció (puedo estar equivocado) que la ciudad tiene un tamaño más manejable. Las zonas del centro de la ciudad, desarrolladas tras la independencia del país, tienen un aire majestuoso, muy francés en realidad, con una gran avenida que nos conduce hasta el Arco del Triunfo y, desde allí hasta el gran templo donde, paradojas del Lejano Oriente, un Estado republicano y de raíces comunistas rinde homenaje a un rey.

En la plaza del templo frente a la escultura del venerado rey

En el templo Ho Phra Keo, una chica joven (he deducido que era una estudiante vietnamita) quiso hacerse una foto conmigo por motivos que nunca llegaré a conocer. Sospecho que quiso aprovechar su visita a Laos para llevarse un recuerdo de ese momento en que compartió espacio con un hombre “exótico”. La verdad es que yo podría haber hecho lo mismo, y llevarme un recuerdo de ese momento extraño compartido con una mujer “exótica” (ante la mirada fulminante de Émilie), pero como no suelo ser una atracción turística no fui capaz de reaccionar a tiempo y pedir al fotógrafo que me mandara la foto por mail.

Templo Ho Phra Keo

Tendréis que creer, por tanto, mi relato, a no ser que las casualidades digitales me lleven a encontrar esa fotografía… Todas las demás pueden verse, como siempre, aquí.

Parte I. Parte II.

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2 respuestas a Viaje a Oriente (III): Carretera y manta

  1. Carlos dijo:

    El aspecto positivo de esto es que puedo ver que publicas gracias a Facebook y no tengo que cargar tu blog todos los días en busca de una publicación tuya. Espero que todo esto que cuentes lo saques de un diario y lo destiles para nosotros porque, si no es el caso, tengo que inclinarme ante tu memoria (además de envidiarte por viajar tan a menudo)

    • Miguel León dijo:

      Pues no es por tirarme el pisto, pero el diario de viaje manuscrito dejé de escribirlo (por falta de tiempo y de ganas) aproximadamente el día de la boda (es decir, cronológicamente, después de los elefantes y antes de comprar el licor de serpiente), de manera que en realidad sí, estos posts dependen más de mi memoria (y de la de Émilie) que de mis notas de viaje.

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