Entrevista-conversación con Cristian Piné

Mientras termino de preparar la nueva entrega de la crónica de mi viaje a Laos, quienes tengan problemas de lectura compulsiva de esta página pueden entretenerse con esta entrevista, publicada en dos entregas (una y dos) en Rebelión, que le hice a mi buen amigo, excelente poeta y maestro del escaqueo de las preguntas complicadas, Cristian Piné.

***

Cristian Piné es filólogo y poeta, y ha publicado recientemente el poemario Mecánica del canto (Amargord, 2012); muchos de sus poemas pueden ser leídos en su blog personal. Aprovechando que somos buenos amigos, le propongo que mantengamos esta entrevista-conversación.

P. Dice el autor del “Para antes o para después” de tu poemario que el título mismo es un oxímoron, pero tras leer tu poemario yo no estoy de acuerdo… ¿No tiene el canto, la poesía, su mecánica? Dicho de otra manera, ¿no es la poesía un artefacto?

R. Exacto, ese es el significado principal del título, aunque no me gusta cerrar puertas a la interpretación. Creo que en el poema hay que medir cada pieza para que al unirlas todo encaje, repartir los pesos de las palabras y las ideas para que haya equilibrio en el conjunto. Sin embargo, Álvaro López en el prólogo tira por otra de las posibles interpretaciones, que es la que busca cierta sorpresa. En este sentido sí quería contraponer algo industrial con un canto en el sentido más puro de la palabra: una celebración, casi ritual, de la vida.

P. También diría, de todas formas, que al sentido “positivo” de la expresión se le contrapone uno negativo, también presente a lo largo del poemario… Partiendo de lo que dicen dos versos del poema que hace de prólogo (“No me aterrorices con tu mecánica del canto / Ahora sé que hay basura y reciclaje en la distancia de los símbolos”), ¿no existe también una “mecánica del canto” que se refiere al “canto mecánico”, a esa “poesía” (y lo entrecomillo por prudencia) que abusa del verso libre y lo ignora todo sobre la mecánica y el ritmo?

R. Sí, ese es otra de sus interpretaciones. No me interesa demasiado la poesía de verborrea introspectiva. Como hablar es gratis, muchas personas se lanzan sin ningún escrúpulo a encadenar pensamientos y lo llaman poesía. A veces siento vergüenza leyendo o escuchando a poetas que me están contando su vida sin ningún tipo de filtro. Con “Mecánica del Canto” quiero reivindicar de entrada todo el trabajo artesanal que hay detrás de la escritura de un poema, y también su ficcionalidad que, no sé por qué, es tan difícil de aceptar a estas alturas. No sé si será un poema de egocentrismo, pero muy pocas veces se va más allá del yo. Falta un poco de imaginación, algo que debería ser una marca de identidad de la poesía.

P. Y, ya que hablamos del verso libre, ¿no crees que tu reivindicación de la “mecánica del canto” frente al “canto mecánico” ganaría fuerza si le dieras más espacio a estructuras tradicionales frente al verso libre? Por ejemplo, la importancia de la métrica en un poema como “Plaza con vistas” (endecasílabos que se siguen en progresión aritmética, separados por versos de menos de once sílabas: 11-5-11-11-9-11-11-11-4) queda oculta para el lector (y supongo que para quien te escuche recitar) dada la falta de rima, y una estructura métrica más convencional habría resaltado este hecho.

R. Bueno, lo que quiero mostrar también es que el verso libre es menos libre de lo que parece porque en las estructuras preestablecidas la mecánica viene dada. Uno tiene que haber investigado mucho con este tipo de metros para atreverse con el versolibrismo sin tropezar a cada rato. Una estrofa te va marcando el camino, es una guía, y en cambio, con el verso libre estás completamente perdido, precisamente porque se abren infinitas posibilidades. De todos modos, en el libro hay un soneto, un romance en endecasílabos y otras formas que me gusta enmascarar, como una lira sin rima y otros versos blancos, para que no tengan un ritmo demasiado agresivo. Pero el hecho de que la poesía se conciba como una mecánica, no se queda solo en estos aspectos, también los conocimientos idiomáticos y retóricos juegan un papel importante para buscar el equilibrio y la fluidez.

P. Te leo y me quedo con la sensación de que tu simbología tiene algo de viscosa, casi me parecería estar ante la réplica poética a cierto cine de David Cronenberg: “luz” e “insecto”; “ojo” y “retina”; “boca”, “mueca”, “lengua”, “encías” y “dentadura”; “calavera” y “esqueleto”; “muslo”, “entrañas” y “órganos”… apuesto a que todas estas palabras, que aparecen con frecuencia en tus poemas, bien directamente o bien de forma implícita o reemplazadas por sinónimos, tienen para ti sentidos más o menos definidos, ¿nos puedes dar alguna pista o son secretos del “chef”?

R. Voy a ser muy sincero y haré un poco de autocrítica. Se nota que es el primer poemario que escribí en que hay un cierto abuso de ese tipo de vocabulario crudo. Estos elementos viscerales y oscuros tienen una fuerza poética prestablecida de la que me estoy aprovechando. Actualmente lo que intento es llegar a esa intensidad sin tener que utilizar ninguna de esas voces. Sin embargo, estoy convencido de que no es un recurso caprichoso. No sería capaz de cambiar ninguna palabra por otra. Todas ellas me ayudan a plasmar la inexactitud y la incomprensión del lenguaje, las limitaciones que nos ofrece un código, y sus posibles sustitutos por otros mecanismos de comunicación más inmediatos.

P. Y ya que estamos con los términos, mi lectura me ha hecho ver que gran parte de tus versos, e incluso de tus poemas, juegan a elaborar definiciones, que luego pueden ser encadenadas. Por ejemplo: “Un verso / es el límite de la verdad”, y “Más de dos / el vómito florido del profeta”; pero la poética, a su vez, es “Molestar al vecino / con tanta quietud / que se despierte”, y la poesía es (entiendo yo) “artefacto”, y el artefacto es “arte de hacer”, y hacer es “errar y proclamarlo”… Es decir, que el “verso es el arte de errar y proclamarlo”. ¿Tiene sentido lo que digo o me estoy pasando?

R. Supongo que estarás de acuerdo en que la poesía, al igual que el propio lenguaje, tiene como fundamento la metáfora, que no es más que una definición, en apariencia, más inexacta que una entrada de un diccionario, pero que es capaz de sugerirnos ideas o sensaciones mucho más potentes. Y en Mecánica del Canto esas definiciones son una reflexión sobre el propio acto de la escritura. La poesía tiene mucho de metapoesía, incluso en los casos en los que no parece tan evidente. Se convierte casi una obsesión, supongo que necesaria para poder justificar aquello que estamos haciendo: escribir para conocer qué es lo que nos impulsa a ello.

P. Volviendo al tema de la mecánica y el canto, hay multitud de referencias a la música (“Django”, “El canto y el blues”, “Armónicos”…), y me gustaría que habláramos un poco de tu vertiente musical, aunque no voy a sacar a la luz, no te preocupes, todos los trapos sucios de nuestra adolescencia… Si piensas en tu desarrollo como poeta, ¿cuánto de música hay en tu poesía? Y “al verrés”, ¿cuánto de poesía hay en tu faceta de músico?

R. La música lo es todo para mí (el topicazo vale la pena). Creo que está en un escalón superior frente a cualquier otra forma artística. Muchas veces baso mi poesía en la sola abstracción de los sonidos, lo que seguramente sea el fruto de mis frustraciones musicales. También creo que se puede ver en los patrones rítmicos que utilizo, cada vez más apegados a esos ritmos extraños de Don Ellis o del buen rock progresivo. Uno de los últimos poemas que he hecho intenta imitar el ritmo de 33/8 de un blues de Matt Savage. Por supuesto, la música también me sirve de tema o de punto de partida para la elaboración de un poema. En este poemario, además de las referencias que has señalado, están presentes Spirit, Chet Baker, Tom Waits, Mozart, y alguno más que olvidaré o de los que no sea consciente.

P. Me resulta muy interesante la idea de trabajar el ritmo de los poemas como si en realidad fueran organizables en compases. ¿Utilizas una equivalencia sistemática para eso (un verso = un compás, por ejemplo) o es más complicado?

R. No es exactamente eso. Este tipo de juegos rítmicos te los va pidiendo el poema. Si el poema tiene una imaginería muy oscura, hay que procurar que se sustente sobre un ritmo más relajado para que el conjunto no resulte tan abrumador. En cambio, si trato algo muy prosaico, me gusta que a través únicamente del ritmo se sepa que seguimos ante un poema. Otras veces el ritmo es el punto de partida. Imponerte desde el principio un pie métrico que seguir durante toda la composición o calcar la disposición acentual de un poema de otro autor son prácticas perfectas para salir de los bloqueos.

P. Esto de la música me va a servir de excusa para hablar de tu faceta más gamberra… Está el grupo musical Jóvenes Fracasos, que en mi opinión es mucho más que un divertimento, pero también la forma en que usas las redes sociales, y me refiero, por ejemplo, a tu alter ego Cristian Puré o a tus aforismos iconoclastas sobre La Movida (recuerdo el que decía “La Movida fue el Ola k ase de la Transición”). ¿Consideras todo esto parte de tu creación artística? Que conste que yo lo hago.

R. Lo de componer y grabar para Jóvenes Fracasos, junto a Daniel Valsera y Marcos Hidalgo, es una de las cosas con las que más me he divertido en mi vida. Lo hacemos porque solo el proceso es un continuo pasárselo bien. Me animo a compartirlo cuando otras personas se divierten, no sé si de la misma manera, escuchándolo y te piden cosas nuevas. Todas las canciones se basan en el humor porque no nos consideramos músicos profesionales ni los medios de grabación son los mejores para hacer cosas más serias. En cuanto a Puré y a las redes sociales, algunas veces no es más que una forma de hacer publicidad, pero también me sirve para mostrarme realmente como soy y para contrarrestar la seriedad que da el escribir poesía y la idea de que los poetas son personas aburridas y sin sentido del humor que lloran con el crepúsculo.

P. De todas formas, y al menos en relación con Jóvenes Fracasos, el hecho de que optéis por el tono humorístico para que sea menos evidente la precariedad técnica de las grabaciones no le quita mérito al trabajo en absoluto… especialmente en lo concerniente a las melodías, pero también podría decirlo de las letras. Venga, mójate, ¿es eso arte o no?

R. Me mojo. Se puede decir que es arte porque Marcos, el que se encarga casi siempre de la composición, sí es músico profesional. Ha tocado muchos estilos musicales y conoce sus ritmos y armonías. Por ejemplo, como conoce los trucos del pop más comercial, es capaz de hacerte una canción en cinco minutos. Las letras muchas veces no pasan de ser fruto de una iluminación de maravillosa estupidez. Siempre que me hacen la pregunta de si algo es arte o no, contesto que sí, pero que su calidad es más discutible.

P. Eso de “profesional” suena fatal, ¿hay que ganarse la vida (mejor o peor) con lo que uno hace para ser un artista? Nada, nada, tienes que explicarlo. Por otra parte, me gusta la idea de no discutir si algo es arte o no lo es y poner la atención en el problema de la calidad… Ahora bien, eso nos abre el melón de qué es eso de la calidad artística y cómo se aprecia; no te pido que resuelvas el problema, pero vas a tener que decir algo al respecto.

R. Siempre he defendido que los criterios de calidad del arte son más objetivos de lo que puede parecer. Es verdad que una obra puede valerte o no, emocionarte o no, depende del momento personal que estés viviendo, pero que fuera de eso hay unos criterios para cada forma artística que un gran número de personas comparte. Y esto lo corrobora una frase que se suele escuchar bastante: “sé que es bueno pero no me dice nada”. Digamos que hay unos mínimos de la técnica y, por encima, unos destellos que son fruto del talento o de la experiencia y que diferencian a los buenos artistas de los geniales.

P. Por seguir con la conexión entre música y poesía, voy a darte una lista de nombres, que representan ciertos géneros, que creo que conectan ambos tipos de arte (bien o mal) y me gustaría que dieras tu opinión… El primero, claro, Paco Ibáñez, y la poesía cantada.

R. Cuando tenía 14 años y mi habitación estaba decorada con motivos republicanos, me gustaba…

P. ¿Estaba? ¿No irás a decirme que el republicanismo ha sido para ti un arrebato adolescente?

R. El republicanismo no, pero mostrarlo como si fueran logos publicitarios sí me parece bastante pueril.

P. Perdona, te he cortado. Antes de que terminaras.

R. Decía que ahora no estoy tan seguro de que la unión de poesía y música pueda dar algo magistral. La diferencia que debe mantener una letra con un poema creo que es evidente. Del rock español podría decir lo mismo, pero en ese caso se suma un componente chulesco.

P. Te propongo otro nombre y género musical: Sho Hai (Violadores del Verso) y el rap.

R. Mi época de escuchar rap fue incluso anterior a la de Paco Ibáñez y otros cantautores, pero ya solo veo buenas intenciones mal hechas o malas intenciones desde el principio. Lo curioso es que últimamente mucha gente a la que estimo me está hablando muy bien de algunos grupos.

P. No sé si yo soy parte de ese grupo, pero no pongo el ejemplo de Sho Hai porque sí. Estoy convencido de que, incluso si se le puede criticar una cierta limitación temática (que se ha hecho menos acusada en su disco en solitario), tiene recursos estilísticos propios, absolutamente originales, que, junto con un sentido especial del ritmo, le permiten hacer una apropiación exitosa del rap, en tanto que forma musical muy especial, por una lengua a la que en principio le sienta como un tiro. ¿De quiénes te han hablado bien?

R. Me hablan bien de los que se alejan de los temas tópicos del rap. No me acuerdo de sus nombre porque, la verdad, no hice un gran esfuerzo por retenerlos. Casi todas las bases son monótonas y simples, aunque sé que no es lo que importa en este género, y también hay detalles que me enfadan bastante, como tener a una chica para que solo cantante en el estribillo con una voz que roza el orgasmo. Si me dices que hay otro rap que huye de todo esto, te haré caso. Ya me puedes ir dejando (¿pasando se puede decir?) algunos discos.

P. Serán por ejemplo Nach o Tote King, que han dado cancha a temas sociales… Lo del papel secundario de las mujeres es otra historia; incluso si Arianna Puello y Mala Rodríguez son referencias obligatorias, diría que las mejores voces-letristas femeninas del hip hop español han aparecido en grupos que fusionaban estilos, como Marina en Ojos de Brujo o las componentes de Las Niñas (probablemente uno de los grupos españoles más infravalorados de los últimos diez años). Te doy otra referencia: Joaquin Sabina, Javier Krahe y la canción de autor.

R. Ambos son buenos letristas, aunque para quedar un poco más underground, diré que Javier Krahe es bastante más divertido e interesante.

P. Volviendo a tu poemario, me resulta inevitable hablar sobre el tratamiento que haces del amor. Diría que sobresale por el enfoque temático (con un poema como “Bondage”: “mordisquea la carne de mis dedos / como una rata hambrienta”) y por el formal (“Diariamente mi verdugo / me avisa de que estoy / más lejos de la muerte / y se despide con un golpecito / desolador sobre la espalda”, donde la muerte es el amor y el verdugo la persona amada). Aprovecho la cuestión para que me hables no solamente del amor, y de cómo lo tratas, sino también del sentimiento y de eso que me incomoda tanto, que es definir el arte (y en especial la poesía) como una vía de expresión de sentimientos.

R. En el libro no hay demasiados poemas de amor. Los que lo sugieren de pasada hablan de un deseo carnal o incluso violento, que son los aspectos que más me interesaban en ese momento del amor, aunque siempre como medio para llegar a otra cosa. Sí, eso son expresiones de sentimiento, pero es una parte muy pequeña de todo lo que el lenguaje puede hacer. Creo que la poesía, más que ser la expresión de un sentimiento, lo que debe buscar siempre es alguna reacción del lector, a veces buscar su incomodidad. No veo nada malo en que el poeta o el artista, mediante artes puramente mecánicas, consigan despertar algún sentimiento.

P. Dos amigos guitarristas improvisaban un día juntos y terminaron, como suele suceder, “haciendo el cafre”. Uno de ellos, el más apegado a las formas clásicas del blues y el rock, le dijo al otro: “Mira, esto que estamos haciendo tú y yo es una mierda. Pero cuando lo hace Hendrix son ‘disonancias’”. Extrapolando la frase, que puede tener algo de cierta, a la poesía, ¿dónde termina la exploración poética y empieza el no tener ni idea de métrica?

R. De manera rápida puedo contestar con un “eso se nota”. Concretando un poco más, hay autores con una obra extensa a la que se puede acceder, y por lo tanto, puedes hacer un análisis de todo lo que le ha llevado hasta ahí. En un autor inédito hay que tener mucho más cuidado. Un tipo de poeta principiante es el que no se preocupa por aprender nada de los aspectos más formales y se lanza sin pensarlo a la experimentación. En la mayoría de los casos no puedes extraer nada bueno: ni una cadencia coherente, ni unas imágenes potentes, ni siquiera un mapa conceptual interesante que justifique la obra.

P. ¿Es posible que tu complejo sistema de símbolos se deslice con frecuencia y sin quererlo hacia la mamarrachada?

R. Para nada. Se desliza como mucho a una dificultad mayor, pero de verdad creo en la inteligencia de la persona que me lee, en su curiosidad y en sus ganas de experimentar emociones fuertes. Con esa confusión, a la que puede llevar la sucesión de imágenes, pretendo abrir muchas puertas a su interpretación.

P. Y sigo en la misma línea, dándote un poco de caña: son muy frecuentes en tus poemas los cambios de persona o de tiempo verbal sin sentido aparente, un ejemplo del poema “Cognac (40º)”: “Crepitaba el cognac en el fondo / de su garganta […] / La luz era un insecto / […] pero nosotros / tan sólo somos aire y quemaduras”. ¿Hay en todos los casos un sentido oculto que la mayor parte de las veces se me escapa, o es que no tienes filtro?

R. Es tan horrible explicar un poema como explicar un chiste, sobre todo en este poema de tema tan intimista, pero lo haré para justificarme. “Cognac (40º)” narra una felación con alcohol en la boca, que según dicen se hace más intensa, por lo tanto, no me negarás que cabe el yo, el tú y el nosotros en una experiencia como esa. El cambio temporal obedece al cruce de lo narrativo, el presente de un acto, con la parte más lírica, para la que utilizo un presente atemporal.

P. Antes de que me des un puñetazo, dejo las preguntas con mala uva. Hay un último aspecto que me gustaría tratar de tu poemario, y también en general de tu poesía, que es, por deformación profesional, el tratamiento que haces de cuestiones sociales o, si es que alguna vez aparecen, políticas. Los dos casos que me parecen más evidentes son “Ayuda” y, por supuesto, “Don Nadie”… Antes de preguntarte por ese insigne personaje, dime: ¿es tu poesía un arma cargada de futuro?

R. No creo en la poesía como algo que pueda cambiar el mundo por sí misma, aunque espero que esta opinión cambie con los años. La poesía puede ser un acto contestatario o no, pero que, en definitiva, uno lo hace desde la comodidad de su casa y en un absoluto individualismo. Lo que sí creo es que la preocupación por la cultura y la poesía, basadas en la maravillosa sensibilidad del ser humano, pueden ser un síntoma de que de verdad queremos cambiar las cosas a mejor, o pueden servir como una parte mínima de un engranaje que desencadene una gran acción.

P. Me gusta la idea de ver el arte como un “síntoma” de que el género humano puede en último término compartir aspiraciones nobles, pero no termino de estar de acuerdo, o de entender, lo que quieres decir con la creación “cómoda” o “individualista”. De nuevo puede que sea por mi deformación profesional, que me lleva a ver raigambres sociales en todas las actividades supuestamente individuales, pero no creo que la obra de nadie sea producto exclusivo de su individualidad: creo la obra artística se nutre de fuentes muy diversas y que todas (o casi todas) remiten a formas de contacto con los otros (experiencias vitales, diálogo o confrontación con la tradición artística, aceptación o rechazo de los códigos que marcan una determinada forma de arte…). Y, si acaso pudieras dudar de tal cosa, ¿qué sucede cuando se conforman grupos de creadores, como nuestro Ronroneo Reticente?, ¿no hay ahí un acto de creación que es claramente colectivo?

R. Sí es cierto que la poesía no es nada sin el lector, e incluso, que todo poema tiene que buscar la universalidad de lo que dice. Por muy intimista que sea, si no traspasa esa barrera en la que el lector hace la experiencia como suya, no deja de ser un diario personal. Sin embargo, el acto de la escritura y de su recepción difícilmente puede ser colectivo. Si piensas en grupos como el nuestro o ejercicios como el cadáver exquisito, se trata de individualidades que, puestas en común, enriquecen y mueven a cada uno de los que participan. Esa es una mínima provocación que puede llevar a hacer grandes cosas a un grupo numeroso de personas

P. Siguiendo también con la relación entre poesía y política, porque tu respuesta tampoco me ha dejado satisfecho en ese punto, aclaro que no me refería tanto a la poesía en general como a la tuya: ¿no le das más peso a la temática política porque crees que no tiene sentido intentar darle a la poesía un lugar que no tiene o solamente estás buscando todavía la forma apropiada de hacerlo? Yo, como lector y amigo, espero sinceramente que sea lo segundo.

R. Para ser sincero, la poesía social y política no me parece demasiado interesante. Surgen de una necesidad y de una prisa que nunca sientan bien a la técnica poética. Además, corren el riesgo de convertirse en panfletos, y para eso, mejor que lo sean sin tapujos. La poesía que escribo más cercana al tema político solo es una caricatura de la sociedad con algo de ironía y con cierto pesimismo. A lo mejor aquí se nota que soy hijo de un tiempo en el que la política no deja entrever demasiadas esperanzas. Como dije antes, ojalá cambiara pronto de opinión, pero sentirme parte del motor de un cambio social es un papel con el que no me siento muy cómodo.

P. Pero, hombre, no se trata de ser motor de cambio social, evidentemente la poesía no está para eso… Algunos dirán que su papel es mucho más modesto, pero yo creo que simplemente su papel es de otro tipo. De hecho, y por volver al poema original, que me parece una declaración de principios muy útil, se trata de hacer poesía “necesaria como el pan”, o “como el aire”… Ni respirar ni comer pan son en sí mismos motores revolucionarios o panfletos, pero desde luego ayudan muchísimo y puede ser que más que cualquier vanguardia o manifiesto. Y diría, no sé qué pensarás tú, que El hambre es uno de los poemas estéticamente más hermosos (y temáticamente más subversivos) de Miguel Hernández, quien a su vez es, tal vez, uno de los poetas más brillantes de su generación.

R. Sí, me he pasado un poquito con esa frase. Me cuesta pensar en la poesía más allá que como un acto revolucionario con el propio lenguaje, y eso que el lenguaje tiene mucho que ver con cómo organizamos el mundo. Puedo estar de acuerdo contigo en que ayuda, dependiendo de las circunstancias en el que se encuentre tal poema, pero no en que sea algo necesario. Para mí, poemarios como El hombre acecha o España, aparta de mí este cáliz están muy por debajo cualitativamente de lo que se puede esperar de sus respectivos autores. Pero no quiero ser tan duro: si un poema es importante para cambiar las cosas, cambiaría mi opinión con mucha alegría.

P. Y vamos, como ya te había anunciado que haría, con Don Nadie. Déjame que lo presente, antes de nada, para quienes no lo conocen: Don Nadie “aturde a la Palabra”, “lleva camisetas de propaganda y no lo sabe”, “es una foto de carnet”, “ha ganado el concurso literario de Don Nadie”, “lee el periódico en el tren”, “no es un santo, no es hacienda, no es una nación”… “Don Nadie escucha a Mozart”, pero sólo “en la sala de espera del dentista”. “Don Nadie es un temperamento vacío de sollozos” y “un billete de diez euros”… “Don Nadie es un enajenado mental, es un mendigo en la llanura de cemento donde bailan los hijos sordomudos de la mugre”. Después de leer todo esto, de haberte oído recitar “Don Nadie II” e incluso “El hijo de Don Nadie”, tengo dos preguntas fundamentales: una, ¿qué piensa Don Nadie del 15M?; y otra, aún más importante, ¿quién narices es Don Nadie?

R. Don Nadie es un tipo de lo más normal. Es simpático pero a veces hay que saber tratarle porque tiene sus prontos. Es mileurista, tiene varios familiares en el paro, y le costó muchísimo emanciparse. Cuando llega a casa del trabajo, lo único que quiere es ver la tele, lo que haya. Hizo la comunión con un traje de marinero y aprendió algo de latín en el instituto, pero ya lo ha olvidado lo que es una declinación. Tiene en un cajón de su casa el “Dark Side of The Moon” junto a una edición especial de “Thriller”. A Don Nadie le parece bien el 15M. De hecho, estuvo una vez en una asamblea cuando el movimiento tenía más fuerza, pero ahora está un poco descreído de todo. A pesar de esto, suele decir que esto tiene que estallar por algún sitio.

P. Última pregunta sobre tu poemario: me da la impresión de que “Permutación de la verdad”, pero no solamente ese poema, solamente puede ser apreciado en sus matices si se lee en voz alta, es decir, si se recita. Precisamente por eso, ¿cómo abordas la diferencia entre escribir y recitar?

R. Recitar en alto es algo muy recomendable para cualquier poeta porque se le da vida al poema. Para el que escribe es recomendable hacerlo porque se descubren errores que no se perciben en la hoja escrita. Es cierto que hay poemas más hechos para recitar que otros. Algunos se hacen desde el principio pensando en su puesta en escena. “Chiste”, por ejemplo, es un poema pensado para eso, mientras que para algún otro como “Enfin Seul” recomiendo más para la lectura en silencio.

P. Y tirando de ese mismo hilo: ¿no crees que una parte importante de la poesía actual está pensada, en realidad, para el recital y la performance y que, precisamente por eso, pierde mucho al ser leída? Estoy pensando, si quieres un ejemplo que los dos conocemos relativamente bien (tú mejor que yo), en Gonzalo Escarpa.

R. Todo lo contrario.  Yo diría que la perfopoesía es más bien escasa y los autores que se dedican a eso, como Gonzalo, cuidan tanto lo escénico que se dejan ver poco por los escenarios. Lo más normal, si te das un paseo por la noche por los locales donde se recita, al menos de Madrid, es que te tropieces con poetas que ni siquiera saben recitar, que creen que con leer una vez sus poemas poco antes de salir al escenario es suficiente. De ahí vienen luego los nervios adicionales y las equivocaciones que sacan del poema inmediatamente al que está escuchando. Creo que muchos de estos prefieren ser leídos a escuchados.

P. ¿Es fácil reivindicar otra forma de hacer, como creo que es la tuya, en un contexto así?

R. Una de las ideas que tengo siempre en mente cuando escribo poesía es la de variedad. Quiero huir como sea del “ha encontrado su voz poética”, y disfruto intentándolo, probando cosas diferentes. Creo que tengo tanto poemas para ser leídos como poemas para ser escuchados. Cuando acabo uno lo catalogo de esta manera de inmediato.<

P. Ahora quería plantearte algunas preguntas más, sólo por darle a esta entrevista un poco más de guasa. La primera: ¿Eres más de Quevedo o de Góngora?

R. Con 12 años de Quevedo, con 19 de Góngora.

P. ¿Los Rolling o los Beatles?

R. Sin dudas los Beatles de su etapa proto-prog. Los Rolling y los Who son los dos grupos por los que hago un gran esfuerzo para que me gusten.

P. ¿Valente o Bukowski?

R. Sin duda, Valente, no tanto por el pobre Bukowski, sino por el daño que hace su poesía en los adolescentes que tienen a su alcance un cuaderno. Como leí el otro día, “Bukowski no es el problema, son los bukowskianos”. Valente es uno de mis poetas favoritos, al que aprecio por su hondura poética y su gran capacidad para la traducción.

P. ¿Te comes primero el filete o las patatas?

R. Patatas y trozo de filete a la vez, dejando un buen manojo de patatas para el final. Una vez ahí, el dilema es si echar alguna salsa o no.

P. He dicho al presentarte que eres filólogo y poeta: ¿es eso una ayuda o un problema?

R. La parte literaria de la filología es una carga que hay que quitarse para escribir, la parte lingüística, que es por la que estoy siguiendo, me parece fundamental.

P. ¿Podrías explicar un poco más por qué? Me interesa sobre todo saber cómo te vales de la lingüística, pero también puedes explayarte en lo referente a la literatura como carga… ¿es sólo porque al estudiar filología uno se convierte en una especie de manual universitario con patas o se puede decir lo mismo del bagaje de lecturas que uno lleva consigo cuando se pone a escribir?

R. La lingüística es esencial en mi poesía. Como dice mi profesor Ignacio Bosque, estudiar gramática es sorprenderse de lo cotidiano del lenguaje, y creo que la poesía, y el arte si la generalizamos, se vale de darle la vuelta a esa frase. Los buenos poemas te muestran lo extraño, se regodean en la sustitución, en el corte, en ponerlo todo patas arriba, y te lo resuelven en algo armónico. Para mí, un buen punto de partida para empezar a escribir es “tal cosa no se puede hacer en español”.

El estudio de la literatura, aunque pueda parecer paradójico, no es algo que me interese demasiado, en parte porque tiende a la metafísica muchas veces, y por otra parte, porque te llena de prejuicios, sobre todo en un ambiente académico. Llevar muchas lecturas para ponerse a escribir es fundamental, que otra persona se ponga a despiezar un libro delante de ti con absoluta frialdad, no. También creo que la poca libertad que te dan, ya desde el colegio, para elegir las lecturas te va encasillando en un canon bastante tradicionalista.

P. ¿Hay un fonema con el que no hayas rimado nunca y tengas ganas de hacerlo?

R. Sí, con algún chasquido.

P. ¿Tipo  !Kung? Fíjate que cuando se me ocurrió la pregunta pensé que esa misma sería mi respuesta.

R. ¡Eso es! La primera vez que lo escuché me sorprendió mucho. Lo hablan con tanta soltura que parece que los chasquidos vienen de otra parte, no de la persona que te habla.

P. Recomiéndame un autor al que aún no hayas leído.

R. Eduardo Chicharro. He leído muchas veces y con pasión a Carlos Edmundo de Ory, a Chicharro no. Es mi siguiente en la lista.

P. Voy a proponerte que cerremos esta entrevista con un desafío. En el Tercer Ensayo de la Genealogía de la Moral Nietzsche ofrece una serie de aforismos que son, según su propia explicación, un ejemplo de cómo interpretar y desarrollar cualquier aforismo de cualquiera de sus libros. Trasladando esa misma idea al campo de la poesía, ¿prepararías, para esta entrevista un poema que explique cómo leer tus poemas?

R. No me da tiempo. Tengo hora en la peluquería.

P. ¿Pretendes dejar el tema resuelto con un alejandrino o de verdad estás escaqueándote?

R. No es un alejandrino.

P. ¿No? Mira: No (1) me (2) da (3) tiem (4) po (5). Ten (6) go-ho (7) ra-en (8) la (9) pe (10) lu (11) que (12) rí (13) a (14).

R. Si haces la sinalefa “go-ho” te cargas la cesura y el fantasma del Arcipreste de Hita podría ser muy duro contigo. Aquí tienes un alejandrino de verdad: No me da tiempo. Tengo cita con el psicólogo.

P. Las cosas que aprende uno… Repito entonces mi pregunta: ¿pretendes dejar el tema resuelto con un alejandrino o de verdad estás escaqueándote?

R. Me escaquearé con un #eurekaunendeca: Gracias por la entrevista, de verdad.

P. Muchas gracias a ti, Cristian, por tu tiempo. Ha sido un placer y un honor hacerte esta entrevista.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Libros y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s