Sobre los bombardeos y sus clases

Aparecía el Sábado 17 de Noviembre en Rebelión un artículo, originalmente publicado en Diagonal, en el que Santiago Alba Rico pasaba revista a la situación en que se encuentra el conflicto sirio. Queremos dedicar estos párrafos a un asunto que, siendo tangencial dentro del artículo, tiene una importancia suficiente como para que la redacción de esta nota nos resulte imprescindible.

Dice Santiago Alba, al inicio de su artículo, que “La misma tragedia que produjo la invasión estadounidense de Iraq la ha producido en Siria su propio Gobierno y por los mismos medios: torturando, asesinando y bombardeando desde el aire a la población” (la negrita es suya). Y de la conducta del Gobierno sirio se puede decir mucho, y nada de ello demasiado bueno, pero de ahí a afirmar que ha bombardeado desde el aire a la población hay un gran salto. Y francamente inverosímil. Tiene, además, un grave antecedente que es el famoso bulo que dio cancha a la intervención de la OTAN en Libia.

Se suma a ello una circunstancia francamente paradójica, que es que el artículo citado está repleto de hipervínculos que le sirven al autor para reforzar ciertos aspectos de su argumento: que la militarización de las protestas era inevitable, que el Gobierno de Assad ha sido brutalmente represivo, que la situación actual es enormemente compleja… Lo paradójico es que todo esto, más allá de los matices propios de unas u otras posturas de análisis, ya se sabe de sobra. No hace falta que Santiago Alba, además de recordárnoslo (la memoria es siempre un ejercicio necesario), aporte pruebas. Y, sin embargo, por alguna razón que no alcanzo a entender, le parece que sí va de suyo decir, sin aportar pruebas, argumentos o matices, que la población siria ha sido bombardeada desde el aire por su propio Gobierno.

La verdad es que desconozco cuánto sabe Santiago Alba de cuestiones militares, pero tampoco hace falta ser militar de carrera para sospechar inmediatamente de una afirmación como esa. Lo cual no quiere decir que en último término no pueda ser cierta, pero eso denotaría no sólo una total falta de cuidado por la población a la que se pretende proteger (esa es la posición oficial del Gobierno sirio) sino también una profunda estupidez por parte de los mandos militares que estuvieran a cargo de la operación.

Es una constante del pensamiento militar moderno el intentar sacar el máximo partido posible al poder aéreo [1]. Tiene la ventaja de que, frente a un enemigo con un potencial militar inferior, la ofensiva aérea protege a tus combatientes y deja indefensos a tus adversarios. Ha tenido el inconveniente, durante mucho tiempo, de que una vez que el avión lanzaba la bomba, no se podía garantizar que ésta estallara, ni que diera en el blanco, ni que fuera efectivo. Precisamente por eso, los bombardeos de precisión (últimamente tan de moda) no han sido un recurso frecuente hasta después de la Guerra de Vietnam, y hasta entonces el objetivo predilecto de los bombardeos había sido la población civil. Las fuerzas aéreas de medio mundo estuvieron durante gran parte del siglo XX obsesionadas con la idea de que era posible determinar qué cantidad de bombas por unidad de población era necesaria para paralizar totalmente la actividad económica y productiva de esa población. Después, y esa sigue siendo la explicación que justifica el bombardeo indiscriminado de zonas civiles por Estados Unidos, se ha buscado la existencia de un “efecto moral” que implicaría minar la legitimidad del gobierno rival. Cualquier estratega con dos dedos de frente se daría cuenta de que estas prácticas son una brutalidad y una absoluta estupidez, que no hay datos concluyentes acerca de la efectividad de esas prácticas y que, frente a objetivos militares, sólo un bombardeo de precisión bien planificado puede tener sentido. Y si eso lo sé yo, también debería saberlo, con más razón todavía, un oficial del Ejército sirio.

De manera que, desde el punto de vista del Gobierno sirio, el bombardeo aéreo sobre la población civil es una decisión absolutamente estúpida y por tanto improbable. Si Bashar al Assad se enfrenta a una crisis de legitimidad, y si el discurso oficial es que el Ejército sirio está protegiendo a la población de una ofensiva liderada por radicales islámicos y combatientes extranjeros, lo último que el Ejército querría hacer sería bombardear desde el aire a esa población, cuando el único efecto que una decisión así puede tener es precisamente el de poner a esa población en contra.

Ante este sinsentido, decidí buscar por mi cuenta en la red. Es Human Rights Watch la organización que denuncia el uso de ni más ni menos que bombas de racimo por parte del ejército sirio, y es esta organización la que también difunde imágenes y vídeos en los que los sirios de la zona muestran supuestas bombas de racimo que, por cierto, no corresponden en su forma a las que, de acuerdo con un informe preparado por la misma ONG en 2008, Siria tenía en su poder [2].

Si Santiago Alba Rico se basa en estas informaciones para hablar del bombardeo de población civil, entonces es todavía más grave que afirme con una rotundidad absoluta, y sin aportar una sola referencia, una tesis que es aún menos sostenible que la del bombardeo mismo. Basta con ver en internet uno de los muchos vídeos disponibles que muestran el efecto devastador de las bombas de racimo para entender que su uso en zonas urbanas es absolutamente salvaje e inútil. Si frente a una fuerza cuasi guerrillera ya es dudosa la efectividad del bombardeo, la pretensión de que se han usado bombas de racimo en zonas pobladas alcanza niveles de delirio holywoodiense. Además, varios de los vídeos difundidos por HRW y que aparentemente muestran las bomas de racimo en los lugares donde cayeron y explotaron también muestran vegetación intacta e incluso casas que se encuentran en perfecto estado [3].

No pretendemos negar rotundamente la existencia o el uso de estas armas en Siria, teniendo en cuenta que podrían ser útiles, por ejemplo, para dañar las comunicaciones por carretera. Tan sólo queremos señalar las debilidades y problemas de un argumento que Santiago Alba ha presentado con la más absoluta ligereza como si fuera tan evidente y aceptable como que el diamante es el material natural más duro conocido o que la Tierra gira alrededor del Sol. No es, creemos, una actitud responsable; Santiago Alba tiene a saber qué razones para defender, aún hoy, su postura, pero ello no le da vía libre para contribuir de una forma tan gratuita, injustificable e innecesaria al bombardeo desinformativo.

Notas:

[1] Las observaciones que siguen acerca de los tipos de bombardeo están fundamentalmente basadas en el análisis que Edward N. Luttwak, asesor militar estadounidense que participó en las labores de planificación de la Primera Guerra del Golfo, recoge en su libro Para Bellum: la estrategia de la paz y de la guerra (Siglo XXI).

[2] Como se puede ver en una serie de artículos (1, 2, 3, 4) publicados en el blog “At war” del New York Times, también se han encontrado supuestos modelos “desconocidos” de bombas de racimo en Libia. Con ello queremos hacer notar que, si bien el hecho de que esas bombas no estén recogidas en el listado no significa que no existan, unas fotografías o vídeos no bastan para poder determinar ni la naturaleza del arma ni que su origen sea ruso.

[3] Ver, por ejemplo, este vídeo y este otro.

Texto publicado también en Rebelión: http://rebelion.org/noticia.php?id=159458

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