Civil War, de Mark Millar y Steve McNiven

Estos días he seguido leyendo cómics a un ritmo más que razonable, así que, corriendo el riesgo de saturaros, queridos y escasos lectores, voy a dedicar algunas entradas adicionales al asunto durante los próximos días.

Extraída de Kick Ass

Hoy es el turno de Civil War, un cómic de Marvel que sigue la estela de trabajos de la serie de comics Marvel Ultimate (que actualiza a los personajes clásicos de Marvel para adaptarlos y presentarlos a nuevos lectores), y especialmente del The Ultimates de Mark Millar, dedicado, como Civil War, al grupo de Los Vengadores. No soy para nada un experto en marvología; recuerdo haberme dado cuenta hace poco de hasta qué punto estoy a años luz de algo así cuando, en una tienda de cómics cerca de casa, oía a dos tipos conversar sobre el cacharro más irrompible del universo Marvel (las opciones eran el martillo de Thor, el escudo del Capitán América, los calzoncillos de Hulk…), citando los números de qué colecciones mostraban el momento en que se rompían todos esos objetos aparentemente irrompibles de los superhéroes de Marvel. Digo todo esto, claro, para curarme en salud, aunque por supuesto he picoteado los cómics clásicos; tengo reediciones de historias de Los Vengadores, X-Men y The Punisher publicadas originalmente entre los 50 y los 70.

Extraída de Wanted

De manera que, precisamente porque fueron parte de mis primeras lecturas del género, me atraen las reelaboraciones un poco más profundas de estos cómics, como por ejemplo Marvel 1602, de Neil Gaiman, Andy Kubert y Richard Isanove. Además, y por último, soy lector de Millar; Wanted, y sobre todo Kick Ass, son trabajos de una enorme calidad y que asumen perfectamente el reto planteado una vez que Alan Moore hace la deconstrucción definitiva del superhéroe clásico en Watchmen.

Extraída de Marvel 1602

Es por esas razones que, cuando me topé con Civil War en una librería, y con el dinero suficiente como para comprarlo, decidí que era una inversión razonable. Y desde luego lo ha sido. El detonante de una crisis sin precedentes en el seno de Los Vengadores es la tramitación de una ley que obliga a todos los individuos con cualidades extraordinarias a ceder sus datos para que sean incorporados en un registro estatal e integrados en un cuerpo federal de seguridad. Es, en realidad, el registro mutante de X-Men en la versión 2.0, con el puntito militarista-paranoico adicional de la sociedad estadounidense posterior al 11-S.

El conflicto es inevitable. Iron Man toma la iniciativa; sabe que la alternativa es simplemente borrar a los superhéroes del mapa. El Capitán América no está dispuesto a ceder. Se crean dos bandos y… la guerra comienza. El cómic termina de forma abrupta (no diré cómo), y lo más razonable es esperar que Millar siga tirando del hilo aunque, por lo que sabemos, todavía no lo ha hecho.

En un texto aún inédito, esperemos que sea publicado próximamente, y co-escrito con Jacobo Ferrer (en la estela de este otro, pero con un poco más de conocimiento), hemos intentado esclarecer la naturaleza del superhéroe como figura de ficción. Nada de lo que comúnmente se supone que caracteriza al superhéroe es en realidad, si uno pone a prueba la definición, un rasgo determinante. La historia de Millar contribuye a poner a prueba las convenciones sobre el género y a explorar los límites políticos (sí, políticos, aunque los personajes insistan en “no querer hablar de política) de la figura del superhéroe… ¿sería un superhéroe tal cosa una vez puesto en la nómina del Estado y convertido en un superagente?, ¿es determinante para la configuración del personaje superheroico su inserción en un marco social donde, en contra de todo sentido común, a la gente normal no le preocupa que haya tipos de cualidades extraordinarias luchando contra el crimen por su cuenta y riesgo y según sus propias leyes?

Extraída de Civil War

El largo diálogo de Capitán América con una agente de S.H.I.E.L.D. es revelador: “Esta proposición”, dice ella, “se vota en dos semanas y podría ser ley en apenas un mes, pero no podíamos quedarnos a medias. Ya estamos desarrollando una unidad de respuesta antisuperhumana, pero tenemos que estar seguros de que Los Vengadores están de nuestro lado y de que usted los lidera”. “Olvídelo. Me esta pidiendo que detenga a personas que arriesgan la vida por este país todos los días de la semana”. “No, le estoy pidiendo que obedezca la voluntad del pueblo estadounidense, Capitán”. “No juegue a la política conmigo”, responde enfurecido, “Los superhéroes tienen que estar por encima de eso, o Washington empezará a decirnos quiénes son los supervillanos”. “Creía que los supervillanos eran tíos enmascarados que se negaban a obedecer la ley”. “Los héroes enmascarados han formado parte de este país desde que se recuerda”. “Y la viruela. Ahora madure y deje de hacer el idiota, ¿eh? Nadie dice que no puedan hacer su trabajo. Pero es hora de que se hagan legales como todos nosotros, soldado”.

Extraída de Civil War

Ahora bien, el cómic tiene algo lamentable: si consigues que Millar dé forma a un guión que quiebra de tal forma los presupuestos sobre los que se asienta el universo Marvel convencional, necesitas encontrar a un dibujante que esté a la altura. Y no es posible, lo sabemos de sobra, que en Marvel no los haya. Otros colaboradores habituales de Millar (J.G. Jones, Romita Jr., o, sin ir más lejos, Brian Hitch, que ya colaboró con Millar en Ultimates), sin romper absolutamente todas las convenciones, tienen por lo menos la capacidad para hacer un dibujo expresivo, capaz de transmitir tensión y movimiento.

Extraída de Civil War

Baste la imagen que añadimos, extraída de una de las primeras páginas del cómic, para mostrar cómo es posible, por muy difícil que parezca, que una rápida y potente patada en el estómago se convierta, gracias al talento gráfico de McNiven, en un bloque de hormigón colocado frente a un trozo de cemento. Sólo hay un par de viñetas, y las dos muestran al Capitán América hecho polvo, en las que el dibujante realmente consigue dar rienda suelta a su expresividad y transmitir algo.

Es, tengo que decirlo, un rasgo horroroso y frecuente en los cómics más recientes… Las técnicas digitales de dibujo han provocado, tal vez, que el trabajo gráfico de los cómics sujetos a ritmos editoriales frenéticos sea, a pesar de la mejora de los medios técnicos, de peor calidad que su equivalente de hace unos años.

Extraída de Los Vengadores: “¡La hora más oscura!”

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Cómic y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s