James Ellroy’s L.A.: City of Demons

James Ellroy’s L.A.: City of Demons es una serie de seis documentales realizada en 2011 por el canal Discovery. A lo largo de esa media docena de episodios, Ellroy nos guía a través de la densa maraña criminal de la ciudad de Los Angeles, especialmente jugosa para él en los años 40 y 50, que sirven de contexto histórico a sus novelas. También hace incursiones de enorme interés en las décadas posteriores (hasta los años 80 y 90), y en al menos una ocasión, al estudiar el caso de Roscoe “Fatty” Arbuckle, nos transporta al Los Angeles de principios del siglo XX, cuando el cine aún era mudo pero Holywood ya era Holyweird (expresión de Ellroy).

Siendo una producción del Discovery, y formando parte del amplio y repetitivo campo de los documentales del género policíaco-forense (Crímenes Imperfectos es la última producción que rellena hasta saturarnos los “slots” vacíos de la Sexta), estos documentales poseen probablemente (aunque en una versión moderada) los dos grandes defectos comunes a todas las demás: el reducido metraje de entrevistas y de archivo y, como contraparte, el uso excesivo, cargante, de las recreaciones con actores.

James Ellroy

Ahora bien, frente a ambos inconvenientes, se alza una inconmensurable virtud: que es James Ellroy quien lleva la batuta. Cada episodio de casi tres cuartos de hora está escrito, preparado y presentado por él. Él elige los casos, él decide cómo presentarlos, él los narra. Gracias a eso, cada capítulo es en realidad un pequeño relato de lo que tal vez podríamos llamar docunoir: el relato trasciende con frecuencia, cosa que no sucede en las otras series del género, los límites que marcaría la estricta descripción, absolutamente mórbida, del delito. En la medida en que lo hace, el crimen se convierte en la excusa para hacernos un retrato social del contexto en el que se produce, de la forma en que el crimen organizado de la ciudad está estrechamente interconectado con los sectores económicos que mueven enormes masas de dinero en la zona (el juego, los restaurantes, y por supuesto el cine).

Mickey Cohen

Descubrimos, a lo largo de los episodios, cómo la policía de Los Angeles se moderniza y perfecciona sus pautas de acción espoleada por el crimen organizado (sucede, tras el escándalo de Brenda Allen, bajo la dirección de William A. Worton y William H. Parker); descubrimos, también, cómo el crimen organizado se beneficia a su vez de esos avances (es la historia de Jim Vaus, que desarrolla sofisticadas técnicas para interceptar y rastrear llamadas -y colabora con la policía-, pero que luego trabajó para el gangster Mickey Cohen limpiando su casa de micrófonos y ayudándole a colocarlos); también averiguamos hasta qué punto son recientes las garantías judiciales que protegen a los menores implicados en crímenes graves (como cuenta la propia Cheryl Crane, hija de la actriz Lana Turner, que pasó varios días incomunicada en un calabozo tras apuñalar al gangster Johnny Stompanato).

Es gratificante ver, además, cómo Ellroy consigue quebrar los límites que le imponen los productores y hacer un buen trabajo incluso con aquellos capítulos del crimen de Los Angeles que le interesan menos. Es el caso del tercer episodio, dedicado a los asesinos en serie; el propio Ellroy afirma al inicio del episodio: “I didn’t want to write this episode. I hate serial killers. They have been exorbitantly overexposed in the pervert pantheon” (No quería escribir este episodio. Odio a los asesinos en serie. Han sido exorbitantemente sobrerrepresentados en el panteón de los pervertidos). Y sin embargo, hasta en esas circunstancias Ellroy hace una excelente selección de casos, entre los que destacaría el del “estrangulador de Hillside“, que se resolvió tras el arresto de Kenneth Bianchi y Angelo Buono, acusados de secuestrar, violar y torturar a diez mujeres jóvenes. Bianchi intento fingir un trastorno de personalidad, alegando que era “su otro yo” quien cometía los crímenes.

La serie tiene, además de lo dicho hasta ahora, dos puntos positivos adicionales para quienes somos lectores ávidos de las novelas de Ellroy. El primero es que Ellroy escribe los guiones de estos documentales tal y como escribe sus novelas, de manera que su estilo se vierte totalmente sobre la narración. Eso significa que el espectador tiene el privilegio de ver y oír a Ellroy leyendo sus propios textos, y lo hace con un ritmo, una pronunciación tan peculiares, que ambos quedan registrados en la memoria junto con la fuerte impresión que causa su prosa al verla escrita. Las aliteraciones y el slang son, claro, el plato fuerte del día; dejo aquí una intraducible muestra de ese estilo, extraída del sexto episodio: “Gangsters were club climbing cluds. They left blossoms of blood at nihilistic nightclubs“.

El segundo punto extra es que, para quienes no llevamos toda la vida sumergidos en la cultura popular norteamericana y, concretamente en la de Los Ángeles, las novelas de Ellroy siempre nos dejan un cierto poso de inseguridad porque no es fácil saber dónde termina el contexto socio-histórico real y, por tanto, dónde empieza la ficción. Estos documentales son el complemento perfecto a las novelas de Ellroy porque sirven para establecer esa línea, esa frontera, entre la realidad y la ficción que Ellroy difumina con un enorme talento; lo son porque por ellos desfilan, entre otros, Mickey Cohen, Johnny Stompanato, William H. Parker y Robert Harrison, el creador de la revista Confidential, la cual sirve de inspiración a Ellroy para crear la revista Hush-Hush. En uno de los episodios, además, Ellroy afirma que Harrison es su primer maestro en el arte de escribir (de él toma, por lo menos, el uso de aliteraciones).

Así, uno se empapa del ambiente, de la historia, del contexto, y además descubre aspectos de la obra de Ellroy que de no ser por esta serie tal vez pasarían inadvertidos.

La buena noticia es que, si os he convencido de las bondades de esta producción, no tenéis que esperar para verla, porque está disponible en Youtube: 1. Dead Women Own Me. 2. The Scandal Rags. 3. Serial Killers.  4. Dames and Delinquents. 5. The Dark Side of Holywood. 6. Hot Spot Homicide.

Incluir esta entrada en la sección de cine es hasta cierto punto una provocación. Tampoco me parece, sin embargo, que fuera justo presentarlo como “serie” cuando apenas tiene algo en común con las grandes series que han visto la luz en los últimos años (Los Soprano, Breaking Bad, Héroes, Community… ). Sin embargo, y a pesar de sus defectos, tengo la impresión de que es la mejor serie documental del género policial-forense que he podido ver.

Altamente recomendable, por tanto.

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