Unos días en Ankara

Nota preliminar: esta entrada fue originalmente escrita durante el viaje a Ankara y nada más volver. La publico ahora, cuando ya estoy de vuelta en Madrid.

Una semana antes de volver a España, y teniendo en cuenta que, como siempre que paso en Turquía una temporada, no puedo definir al marcharme una fecha concreta para mi regreso, he decidido (no podía ser de otra manera) que mi despedida del país tenía que ser “a lo grande” e implicar alguna novedad.
La decisión ha sido finalmente venir unos días a Ankara, para conocer por fin la capital del país, de la que tanto y tal mal se habla. Cuento para ello con dos guías/anfitriones de excepción: Renata, amiga de Madrid que conoce Ankara como la palma de su mano por haber vivido en la ciudad, en total, dos años; y Mehmet, viejo amigo de Kayseri, casi miembro de la familia (como yo de la suya), que estudia en Ankara y que es la principal razón de mi visita.
Mehmet me proporciona la excusa para venir. Renata, amablemente un alojamiento y una labor de guía excepcional, porque la ciudad tiene encantos ocultos que los lugareños, asumiendo los tópicos de la élite estambuleña, ignoran o, simplemente, han olvidado.
Esta es la breve crónica del viaje, escrita diariamente, revisada en Estambul y publicada en el blog.

DIA 1.
Madrugón del quince. Pocas horas de sueño gracias a un mosquito ninja que nos ha dado a Émilie y a mí una noche toledana. Vuelo que dura un suspiro. Renata me recoge en el aeropuerto y vamos hasta su casa. Ella vive en (algo así como) el centro de Ankara, pero el aeropuerto está muuuy lejos de ese centro (habrá que tenerlo en cuenta para el día de la vuelta).
Encontramos a Mehmet unas horas después. En ese tiempo hemos charlado y tomado un té delicioso con azúcar cristalizada con azafrán (invento iraní comprado por el novio de Renata, que es de tierras persas).
Con Mehmet damos un paseo por el centro y visitamos el Mausoleo de Atatürk. Impresionante complejo arquitectónico (con Museo de la Guerra de la Independencia incluido) de estilo a caballo entre lo soviético y lo neo-hitita (si tal cosa existe). Un derroche faraónico de esfuerzo que te deja con la boca abierta y las arcas públicas en números rojos (pero todo esfuerzo es insuficiente cuando se trata de honrar la memoria de Mustafá Kemal -y lo digo en serio-).
Después comer y beber (un té de manzana delicioso by the way), que es lo que mejor se hace en este país (y para eso Ankara sirve igual de bien que cualquier otra ciudad), con conversaciones interesantes entre medias. Sobre todo cine y política nacional, que es importante estar al día.
A las 19:30 (y hablamos de cinco horas y pico de turisteo con Mehmet), volvemos a casa (Mehmet se vuelve a su dormitorio en el campus) y una hora después decidimos volver a salir para tomar una cerveza con el novio de Renata y un amigo de ambos, un tipo suuuuuuper raro que fuma como un carretero y que es de Kayseri. Hablamos principalmente de política, aunque resulta difícil hacerse entender en determinadas circunstancias, cuando tu interlocutor mismo insiste en reproducir prejuicios absolutamente dañinos que uno, en su tierra de origen, se esfuerza diariamente en romper. ¿Para qué cojones anda uno hablando del error que es fijar y substancializar geografías hablando de “Oriente” y “Occidente” si luego son un turco y un persa los que reproducen encantados de la vida esos clichés?¿Para qué analizar las dinámicas secularizadoras endógenas del Islam y hacer evidentes las contradicciones del mito de la secularización “occidental” -cristiana-, intentando desmontar los prejuicios teológicos que tenemos cuando miramos a nuestro “otro”? Algo debería aprender de esto; ya identificaré qué.
Total: un día estupendo y completo para alguien que ha dormido entre 3 y 5 horas, ha estado caminando otras tantas, se ha bebido dos cafés, dos tés y una Cocacola y ha terminado discutiendo temas de calado filosófico-político con una cerveza en la mano. Mañana, si sigo entero, Ankara Külesi (con museo de civilizaciones anatolias) y tal vez la Universidad de Bilkent, que Mehmet está empeñado en enseñarme el lugar donde estudia.

DÍA 2.
La brevedad tiene algo de virtud. Ello es indiscutible cuando es casi la una de la madrugada y mañana tienes previsto madrugar. Hago repaso sintético, por tanto, de la jornada:
Después de levantarnos tardecito y desayunar con calma, Renata y yo salimos de casa. Evidentemente se nos ha hecho tarde y no hemos podido cumplir el plan previsto, que pasaba por ir a Bilkent (la Universidad de Mehmet) y verle allí al terminar sus clases. En vez de eso, hemos preferido ir directos a nuestro otro destino del día: el casco antiguo de Ankara. Allí hemos visto el Ankara külesi (núcleo del asentamiento originario, con muralla (utilizada por todo pueblo que ha pisado Anatolia desde los hititas hasta los otomanos) incluida, niños imprudentes volando cometas en sitios a los que uno no se subiría en su sano juicio y señoras turcas con traje tradi vendiéndote bolsos hechos a mano y pretendiendo que les compres uno a cada una (se han portado bien porque les ha hecho gracia que hablemos turco).
Después, mezquita del siglo XIII (impresionante), que nos la ha abierto un tipo que estaba por allí y que sabía de dónde coger las llaves. El tipo, sorprendidísimo de que supiéramos turco, ha hecho de guía improvisado, contándonos que todo lo que hay en el interior es original aunque restaurado, que el valor de las piezas de madera tallada es incalculable y demás. Lo más interesante de este estilo de mezquitas, que se repite en las otras que hemos visto de (relativamente) el mismo período (turco selyúcida y no otomano) es, a mi parecer, [1] la falta de cúpula y el uso de techos planos o terminados en punta, [2] la reutilización de capiteles de piedra (romanos y/o bizantinos) para decorar las columnas de las mezquitas, que son de madera, [3] el poco uso del arco. La superficie abarcada es por supuesto siempre pequeña, nada que ver con el desmadre de las grandes mezquitas otomanas.
En ese tiempo, Mehmet y un amigo suyo han llegado al Ankara külesi. Hemos querido ir con ellos al Museo de Civilizaciones Anatolias, pero tenían no sé qué tontuna que hacer para acercar el coche al lugar donde estábamos (Mehmet se ha empeñado hoy en que su amigo tenía que llevarnos en coche a los sitios, cuando con dolmus, bus, metro y un taxi ocasional funcionamos bien) y además Mehmet no se había traido su Müze Kartisi, trasto muy útil para estudiantes en Turquía y turcos de cualquier condición que te permite entrar gratis o con descuento en todos (o casi) los museos públicos del país; se ha negado a que yo pague su entrada al museo y se ha quedado sin verlo.C’est la vie con este niño… Ahora, Renata y yo nos hemos visto el museo y, efectivamente, es impresionante: el edificio en sí tiene su interés porque es un antiguo bazar, pero además la colección es estupenda, especialmente en relación con arte hitita.
Después de eso, como Mehmet y su amigo se han perdido por ahí con el coche, Renata y yo hemos seguido nuestro paseo. Simit de Ankara (sí, resulta que lo de los simit tiene tipología incluida y que hay tres: el de Ankara, el de Estambul y el de Izmir -de este último, ni idea-), tecito y gözleme como parte del turismo gastronómico; otra mezquita y un barrio restaurado, curioso caso de política urbanística del AKP del que se pueden contar algunas cosas… En este momento Mehmet y su amigo han reaparecido con el coche. Hemos visitado la casa de Mehmet Akif Ersoy (creador de la Istiklal Marsi), luego hemos ido a comer y finalmente, para terminar con la jornada, hemos visitado un parque enooooorme (y aún no está terminado, así que será más grande todavía) que es otro ejemplo curioso de política urbanística del AKP.
De vuelta en casa (a eso de las 20:30), conversación, té, galletitas y videos de YouTube. Así es como nos han dado las doce y media y hemos pensado que era hora de dormir.

DIAS 3 Y 4.
Escribo el final de este diario a toro pasado, ya de vuelta en Estambul y preparando poco a poco el equipaje.
El jueves hizo en Ankara un tiempo malísimo. Llovió a mares todo el día. Por eso mismo, y porque es imposible recorrer el centro con coche aunque te empeñes, Mehmet se pasó horas metido en el coche con su amigo intentando encontrar el lugar donde nosotros estábamos. Mientras, Renata y yo visitamos en Museo Etnográfico (que no es ninguna maravilla en su contenido, aunque arquitectónicamente es interesante) y también el edificio contiguo, que es una galería de pintura y del cual sólo pudimos ver el vestíbulo porque está en restauración. Luego fuimos a una mezquita enorme y recién restaurada, que es lugar de peregrinación porque a su lado se encuentra la tumba de un célebre sufi.
Después de eso (y de comer), conseguimos por fin encontrar a Mehmet y a su amigo y fuimos a un parque gigantesco, situado en una colina más alta que el resto de la ciudad. Las vistas eran fantásticas, y tuvimos la suerte de que el sol salió tres minutos entre diluvio y diluvio. Después fuimos a la mezquita más moderna de Ankara, que tiene una historia interesante, porque originalmente iba a ser construida de acuerdo con los planos que al final se usaron para esta mezquita de Islamabad. Una bomba colocada por extremistas musulmanes que preferían un estilo más clásico dio al traste con semejantes planes, de manera que, rompiendo con la tradición arquitectónica de las mezquitas de Ankara, construyeron un mezquitón estilo Sultanahmet con sus cúpulas y tal. Su modernez reside en los “complementos”: supermercado y aparcamiento bajo la mezquita, salón de bodas en un edificio cercano. Según Mehmet eso facilita la financiación.
Por la noche fuimos (Renata, su novio -Kaveh- y un amigo -Pablo-) a cenar a un restaurante iraní. La comida (una carne asada, acompañada de arroz y verduras) fue deliciosa, y sirva como prueba de ello que en Irán no se usa cuchillo, sino sólo tenedor y cuchara, siendo ésta la que, llegado el caso, cumple las funciones del cuchillo. La carne estaba, por tanto, suficientemente hecha y tierna como para que el borde de una cuchara pudiera cortarla. Después tomamos unas cervecitas (primero en un bar recomendado por Pablo, luego ya en casa), y, entre unas cosas y otras, nos fuimos a dormir a las cuatro.
Al día siguiente (o sea, ayer), comimos Renata y yo con Mehmet en una pizzería-terraza del centro y luego tomamos un tecito; el tiempo, tan bipolar como el día anterior, se decantó sin embargo por el predominio del sol, mientras que unas horas antes prefería sobradamente la lluvia. Los dos me acompañaron al aeropuerto. Entre vuelo y autobús al centro, me hago amigo de una mujer joven, ingeniera agrícola, que trabaja para el Ministerio de Agricultura. No está de más tener amigos en todas partes.

Concluyendo…
Lo más importante de este viaje (además de disfrutar de la hospitalidad y la compañía de dos viejos amigos) es que me sirve para romper por mí mismo el prejuicio estambuleño que oculta todo lo interesante de Ankara. Es cierto que es una ciudad menos armónica en su construcción (no existe ninguna coherencia arquitectónica), con redes de transporte deficientes y, sí, funcionarios, militares y estudiantes. Ahora bien, tiene una patrimonio histórico increiblemente variado e importante que no puede ser ignorado, puesto que por desgracia de que sea visitado depende que haya ingresos para hacer posible su conservación. La ciudad tiene también una rica vida cultural e incluso un cierto cosmopolitismo; la diferencia es que, mientras que Estambul se llena de “occidentales”, los extranjeros que pueblan Ankara son más bien iraníes, kirguizes, azajos, turkmenos, mongoles… No tiene tanta clase como Estambul, con sus bares llenos de americanos, franceses, alemanes y españoles, pero uno puede sentir en Ankara de una forma más convincente el estar lejos de casa.
Las fotos, como acostumbro a hacer, podrán verse aquí.

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Una respuesta a Unos días en Ankara

  1. Reyhan dijo:

    Jajajajam genial tu crónica de la visita. Me alegra que te lo pasases bien, comprendieses mejor Ankara, y, casi sobre todo, de que no hayas dejado de comentar el episodio de lo del coche que fue de lo más memorable de la visita xD. La próxima vez espero que vengas con más días y así te llevo también a un bareto para guiris con música en directo incluída; y en general a los baretos de moda de Ankara – 312, Manhattan, Nefes, If, etc. – que fue a lo que no nos dio tiempo.

    Por cierto que estoy en Madrid y hay que quedar, pero me he dejado a Inci Kut en casa T_T.

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