Tras las elecciones

Si hace poco me entretenía intentando prever los resultados de las elecciones locales y autonómicas, ahora que ya no es necesario hacer conjeturas, sino que podemos simplemente echar un vistazo a los datos, es posible realizar un comentario rápido y, como si de echar la lotería se tratase, ver si lo augurado en aquella entrada se ha cumplido o no.

1) El PSOE sale debilitado. Eso ya lo dijimos. La crisis (y su gestión chapucera y derechona) le está pasando factura; lo raro sería que no fuera así.

2) Como si del principio de Arquímedes se tratara, el PP sube al mismo tiempo que el PSOE se la pega. Esto también “lo predije”. Resulta especialmente sorprendente que Camps se mantenga en Valencia y que el PP también se imponga en Castilla-La Mancha, que hasta ahora había parecido intrínsecamente sociata.

3) Polarización del espectro electoral. Esto, que lo presenté como una hipótesis, también se confirma, aunque es difícil de ver debido a la especificidad del caso español. Por una parte, tenemos la mala noticia de la entrada de partidos de extrema derecha en determinados ayuntamientos (junto con la “victoria” del PP, la polarización por la derecha está servida). Por otra, un sensible incremento en votos de IU (véase por ejemplo el caso de la Comunidad de Madrid, donde el PP consigue más escaños que en 2007 pero donde IU también crece sensiblemente), que podría haber sido mayor si el partido fuera más fuerte y controlase mejor su funcionamiento local (hay IUs locales, y Móstoles puede ser un buen ejemplo, que dan tan mal rollo como el PP), y el éxito de Bildu en el País Vasco (que convierte a la coalición en segunda fuerza política después del PNV); estos dos hechos son la prueba de la polarización electoral por la izquierda (si asumimos además que en el contexto español la izquierda más izquierda es la izquierda abertzale, entonces estamos que nos salimos).

Finalmente, y a pesar de lo que he leído por ahí, que ha sido cosa de derechas y de izquierdas, me atrevería a negar que las movilizaciones de la semana pasada hayan tenido algún efecto sobre el voto (o al menos reduciría esa influencia a su mínima expresión): la participación se ha mantenido en niveles similares a los de 2007 y los cambios perceptibles en los resultados electorales pudieron ser previstos (por mí y seguramente por otros) cuando aún nadie sospechaba que la gente se echaría el 15 de Mayo a la calle para no dejarla.

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