Carta abierta a #AcampadaSol

Compañeros y compañeras,
Os escribo con el entusiasmo de quien os sigue desde la distancia, puesto que me encuentro en Estambul actualmente y no tengo posibilidad de dejar mis obligaciones aquí para compartir con vosotros estos momentos de emoción. Os escribo también, por tanto, con el temor de carecer tal vez de la legitimidad necesaria para escribiros estas líneas. Lo hago porque lo siento necesario, porque cada minuto que pasa me debato entre la frustración y el éxtasis de ser testigo de algo que pocas veces se tiene ocasión de ver; éxtasis por ver que por fin nos ponemos en marcha, frustración por ver que lo hacemos despacio y con torpeza.
Es necesario dejar a un lado, sin embargo, la pesada carga de las emociones, y analizar estos eventos con la cabeza fría. Sobre todo porque, desde el momento en que se ha ocupado la plaza, desde el momento en que el movimiento se ha convertido realmente en una amenaza, hemos abandonado el ámbito del espectáculo y hemos entrado en el escabroso y serio terreno del poder. Es necesario, por tanto, pensar que no están en juego solamente nuestras convicciones: tenemos una responsabilidad. La responsabilidad de ser consecuentes con nuestras acciones, la responsabilidad de responder, en los términos que hemos dicho que lo haríamos, a la crisis, tan difícil como prometedora, de nuestra civilización. Nada funciona en nuestra sociedad y todo ha de ser cambiado. Nuestro sistema social al completo, tal y como lo hemos conocido, está muerto pero aún es dominante, y es necesario un esfuerzo colectivo y prolongado para subvertirlo. Sin haberlo visto jamás, podemos afirmar que ese esfuerzo se parece al realizado estos días. Pero me temo que no está siendo un esfuerzo eficiente.
Miles de personas dedican todos los días su tiempo y su esfuerzo en hacer posible la experiencia de la “revolución española”, pero los resultados, comparados con las expectativas, no son suficientes: cuando un sistema no nos da nada, la construcción de la alternativa tiene que darlo todo (no ahora, ni de golpe, ni perfecto, pero todo). Es necesario hacer un esfuerzo político de actuación en lo concreto. Un esfuerzo por “bajar” de las nubes de la abstracción y enfrentarnos a nuestro adversario en el terreno en el que es débil: el de la realidad.

Digamos, por poner un ejemplo, que lo que queremos es tener servicios públicos de calidad. ¡Por supuesto que los queremos! Pero eso no puede ser sino el punto de partida de nuestra reflexión y de nuestra reivindicación política, puesto que “servicios públicos de calidad”, así en general, ya los tenemos. Es más: como tales, son un invento del sistema al cual nos enfrentamos. El problema es cómo esa idea general se aplica “en lo concreto”: cómo el “servicio público de calidad”, que se transforma en “Universidad de calidad”, que se transforma de repente en “Bolonia”, que significa a su vez el aplicar nuevos criterios, totalmente demenciales, de organización académica y administrativa que están basados en la prosperidad de un régimen económico que ya se ha desmoronado. Se ve lo que quiero decir, ¿verdad? Pues con todo igual.

Es necesario realizar un análisis concreto de la situación concreta. Determinar cuáles son los problemas a los que nos enfrentamos, las causas de los mismos, y actuar en consecuencia, estableciendo un orden de prioridades si es necesario. La crisis económica con sus múltiples efectos, el deterioro y desmantelamiento de nuestros servicios públicos, nuestra dependencia política de la estructura burocrática de la Unión Europea, el agotamiento de nuestro sistema político… Esta podría ser una enumeración tentativa de nuestros problemas, que aún son demasiado generales.
Considerando el primero de los temas, por ejemplo, sería necesario descomponerlo a su vez en los siguientes problemas “menores”: desempleo, vivienda, hipotecas, jubilación, deuda exterior, presupuestos del Estado, etc. Pero la consideración de estos temas no puede limitarse a una proclama del tipo “estamos contra el desempleo”, puesto que semejante afirmación la podría firmar hasta Esperanza Aguirre. Hace falta ser, siempre, más concretos.
Si no, los días pasarán, el ánimo irá decayendo, será poco a poco más difícil convencer a la gente que se ha sumado al movimiento de que la actividad llega a alguna parte y, finalmente, tendremos la sensación de que todo ha sido en vano:

“Lo que tenemos ante nosotros no es la alborada del estío, sino una noche polar de una dureza y una oscuridad heladas, cualesquiera que sean los grupos que ahora triunfen. Allí en donde nada hay, en efecto, no es sólo el emperador quien pierde sus derechos sino también el proletariado. Cuando esta noche se disipe poco a poco, ¿quién de aquellos vivirá cuya primavera florece hoy aparentemente con tanta opulencia? ¿Y qué habrá sido entonces internamente de todos ellos?” (Max Weber, La política como profesión).

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