Edirne

Aunque desde luego un juicio estético-turístico acerca de una ciudad no debería tomar la forma de un tópico para libro de autoayuda o de Paulo Coelho (que no es lo mismo, pero es igual), de hecho de Edirne se puede decir, para resumir mucho en unas pocas palabras, que las grandes esencias se guardan en frascos pequeños.

Émilie y yo hemos terminado pasando dos días en Edirne por pura casualidad. Nuestra intención original era ir a Trebisonda, ciudad de la que nos habían hablado mucho y bien y para la que podríamos haber armado un plan turístico genial porque dos buenas amigas de Estambul son de la región del Mar Negro y conocen Trebisonda como la palma de su mano. Sin embargo, nos encontramos de repente en una situación en la que viajar a Trebisonda se hacía ora imposible ora complicado: no podíamos salir, como hubiera sido lo ideal, entre cuatro y cinco días, sino dos o tres; no podíamos encontrar un hotel/hostal barato porque en Trebisonda no hay/estaba ya todo reservado; no podíamos volar a un precio TAN tirado que pudiese compensar un gasto “excesivo” en hotel.

Necesitábamos, pues, encontrar un lugar que: [1] no conociéramos ya; [2] fuera accesible en transporte barato, cómodo y rápido (bus); [3] mereciera la pena en términos turístico-culturetas. Y Edirne apareció como la mejor opción.

Compramos los billetes y reservamos la habitación de hotel el miércoles a mediodía, salimos ayer por la mañana y hemos llegado a casa hace un par de horas. Ir y venir, vamos. Pero ha sido intenso y merecido la pena. Detalles:

Jueves. 06:40. Suena el despertador. 07:20. Autobús de servicio gratuito que nos lleva a la estación de autobuses. 09:00. Sale el bus hacia Edirne; durante el trayecto vemos una comedia turca y nos enteramos. 11:30. Llegamos a la estación de autobuses de Edirne. 12:30. Llegamos al hotel; nuestra habitación aún no está lista. Damos un paseo por la calle principal del centro, a ambos lados hay casas bajas de madera que recuerdan a un poblado del Oeste; imaginamos la “riña” turco-griega por Tracia como un duelo “modo-western” y funciona. Las calles están vacías y la ciudad parece estar allí sólo para nosotros, con sus zonas verdes, sus bazares, su centro con sus tres mezquitas… ¡Y su buen tiempo! 13:00. Volvemos al hotel y la habitación ya está lista; dejamos el equipaje que no nos sirve en nuestra expedición y salimos en busca de consumo turístico. Como nuestro segundo día de viaje es el viernes, y tememos que las mezquitas nos sean inaccesibles al ser el día semanal de fiesta religiosa, decidimos consagrar el jueves a la visita de mezquitas. Cada cual más bella que la anterior. Si la más célebre es la de Selimiye, creación de Mimar Sinan, y sin duda es brillante en su arquitectura, encontramos más bella en su ornamentación la Eski Camii (Mezquita Antigua), decorada con inscripciones en árabe cúfico de diversos estilos pintadas en negro sobre las paredes blancas. Después vamos a comer y luego caminamos para salir del centro de la ciudad, que está rodeada por un río y comunicada con sus alrededores (campos verdes, floridos y arbolados, pastos llenos de ovejas, cabras, vacas, caballos…) a través de diversos puentes. En nuestra ruta encontramos el estadio de lucha, los restos del palacio, y el complejo de edificios construido por orden de Beyazit II. Por desgracia, llegamos media hora después del cierre y los interiores ya no son accesibles. Por la noche cenamos en un restaurante cercano al hotel y dormimos temprano.

Viernes. 08:30. Suena el despertador one more time. Desayunamos un café y una tartita para llenarnos de azúcares y poder continuar con nuestras excursiones (a Edirne le hace falta un puesto de bicicletas de alquiler). Primera parada: el monumento en conmemoración  del Tratado de Lausana. El monumento está en un pueblito situado a 2 km de Edirne; se puede llegar andando por un paseo arbolado con una carretera de dos carriles, pero también hay un minibús público que hace la ruta (frecuencia y paradas, ni idea) y que cogemos (más bien nos recoge) a la vuelta. El monumento está al lado del Rectorado de la Universidad de Trakya, que ocupa el edificio histórico que fue la estación de tren de Edirne. Junto al edificio y antes de llegar al monumento, un tramo de vía y un tren de época han  sido conservados; trepar por el tren y poder meterse en la locomotora es una actividad clasificable como turismo de aventura. Junto al monumento (de una apariencia llamativamente soviética aunque fuera realizado en 1996), hay un busto de Ismet Inönü y un pequeño museo (en el que no hemos conseguido entrar), pero en realidad la excursión merece la pena por lo agradable del paseo e independientemente de lo que se puede encontrar al llegar. 12:00. Estamos de vuelta en el centro de Edirne y visitamos la única torre que queda en pie de la antigua fortaleza romano-bizantina y los restos visibles de lo que fue Adrianópolis (el asentamiento romano que precedió a Edirne); sin pagar entrada, sin guardias, con un mismo cartel que en turco parecía decir cosas distintas pero en inglés siempre repetía lo mismo… Una joya de la conservación del patrimonio histórico. Después de la comida, volvemos al complejo de Beyazit II y esta vez lo vemos ENTERO. La antigua Escuela de Medicina ahora es un museo donde se recrean los espacios de la escuela y se explica su funcionamiento; cabe destacar que, junto a investigaciones médicas convencionales y en contacto casi constante con la medicina occidental, parecían darle una gran importancia a la musicoterapia, especialmente empleada con los enfermos del sanatorio mental. Además de la Escuela, hay una mezquita y otro conjunto de edificios (que sospecho que forman parte de una escuela de Teología) que, aunque están actualmente en restauración, hemos conseguido ver en su práctica totalidad gracias al “descuido” (intencional o no) de los guardias y los obreros. Después hemos vuelto al centro de la ciudad y hemos pasado nuestras últimas tres horas bebiendo té a la sombra y disfrutando del ambiente de la ciudad, que, siendo ya viernes por la tarde, estaba mucho más animado.

Dos días, por tanto, de turismo intenso e interesante, con salidas al campo sin necesidad de subirse a un coche, un tiempo excelente y la sensación de haber hecho una buena elección.

Las fotos de Émilie más las mías deben sumar más o menos 200, así que hacer limpieza y selección es imprescindible. Cuando eso esté hecho prometo compartir algunas aquí.

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